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20 novembre 2004

Vuelta de Obligado, victoria argentina contra el colonialismo francés e ingles
20 de noviembre de 1845.

 

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Hacia mitad del siglo XIX, Estados Unidos, Francia e Inglaterra se encontraban en plena expansión comercial y territorial en distintas regiones del planeta.

Estados Unidos intervino en México anexando parte de su territorio incluido Texas. Tanto Francia como Inglaterra tenían ambiciones de expansión comercial en esa región de México, objetivos que fueron dejados de lado para no entrar en una confrontación militar con la naciente potencia del norte de América. Ambas naciones confluyeron entonces en una alianza para intervenir militarmente en el sur del mismo continente a fin de imponer sus intereses comerciales. El algodón que no podría cultivar Inglaterra en Texas, intentaría ser recuperado en los campos de la Confederación Argentina.

Para ese entonces, Juan Manuel de Rosas era el Gobernador de la provincia de Buenos Aires y el depositario de las relaciones exteriores de la Confederación. En su segunda gobernación, Rosas había empezado a independizar comercialmente a la región promulgando la ley de aduanas, expropiando el Banco Nacional, prohibiendo la exportación de metales e imponiendo fuertes aranceles a la navegación de buques extranjeros en los ríos interiores para proteger las nacientes industrias locales. En 1840 logró vencer el bloqueo de los franceses en una primera intervención armada y, la experiencia de esa lucha, la sabría aprovechar para vencer a la segunda intervención conjunta de Inglaterra y Francia.

Unida toda la Confederación, expulsados los aliados internos que trabajaban para las potencias agresoras y valiéndose de las contradicciones de ambos imperios la victoria estaría asegurada, sumando a ello la oposición de una fuerte resistencia militar a la invasión haciendo que ésta resultara totalmente improductiva para los interventores.

El 20 de noviembre de 1845, un convoy comercial de noventa navíos mercantes custodiado por buques de guerra ingleses y franceses, intentarían remontar el Río Paraná en demostración de no existir soberanía argentina sobre el río, llevando mercaderías a las provincias del litoral y al Paraguay. La intención además era ocupar los ríos interiores con sus escuadras, obligar a la "libre navegación" del Plata y sus afluentes y convertir a Montevideo en una factoría comercial para ambas potencias.

La escuadra inglesa contaba con el vapor "Gorgon" (insignia) con seis cañones, el vapor "Firebrand" con seis cañones, la corbeta "Cadmus" con dieciocho cañones, los bergantines "Philomel" con diez cañones, "Delphin" con tres cañones y "Fanny" con uno. La escuadra francesa con el vapor "Fulton" con dos cañones de 80 cm., la fragata "San Martín" (insignia) tomada a Brown * con dieciocho cañones, la corbeta "Expeditive" con dieciséis cañones, el bergantín "Pandour" con diez, la goleta "Procida" con tres. Además de los once buques de combate, iban barcas carboneras artilladas. El armamento era el más moderno. Los ingleses, contaban con cañones "Peysar", los primeros rayados que se empleaban en la guerra. Cohetes a la Congreve de mortífero efecto contra las trincheras. Los buques franceses dotados del modernísimo cañón "Ebus Paixhans" que dispara balas de 80 libras. El calibre de los noventa y nueve cañones o de la mayoría es de 80 cm.

Con patriotismo, inteligencia y astucia, Rosas preparó la defensa cerrando el Paraná con baterías escalonadas a lo largo de sus costas para librar batalla contra sus agresores. La principal defensa se encontraba en la Vuelta de Obligado al norte de la ciudad de San Pedro. Allí, el General Lucio V. Mansilla hizo tender de costa a costa sobre 24 lanchones tres gruesas cadenas para impedir el paso de las embarcaciones y ocupó con dos mil hombres las trincheras y baterías emplazadas en el lugar con treinta cañoncitos de 20 cm. Muchos de ellos inutilizados después de la primera descarga, veinticuatro lanchones atravesando el río, unidos por una triple cadena. La desproporción es inmensa.

Cuando los extranjeros avanzaron, Mansilla ordenó la defensa y proclamó a la tropa : "¡Allá los tenéis ! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que recorre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente ! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea !".

Las 650 bajas de los argentinos resultaron muchas por el heroísmo en la defensa de la posición y por la desproporción en el armamento, pero el hecho, demostraría a los interventores que no podrían vencer, pues la guerra de resistencia sería franca e implacable.

Las noticias de las pérdidas comerciales sufridas por el convoy y los relatos de la hidalguía y bravura de los argentinos llegaron a Londres. Los tenedores de bonos de deuda argentina reclamaban el fin de la intervención para poder cobrar. Ante esta situación, los gobiernos extranjeros ordenaron el retiro inmediato e incondicional de sus escuadras en el Plata desagraviando al pabellón argentino con 21 cañonazos.

La victoria Argentina demostró que los triunfos no dependen de quien tenga más soldados y mayor poder de fuego, sino, de quien tenga la mas inteligente y ordenada estrategia, sin divisiones en el frente interno y llevando una excelente política exterior que explote las contradicciones del adversario.

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