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16 juin 2020

Totalitarismo invertido

Hoy de toda actualidad.

par Sheldon Wolin

 

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« Totalitarismo invertido ». Cómo el régimen de Bush condujo la transformación de los Estados Unidos de América en un estado fascista. Este es un artículo escrito en 2003 y cuya relevancia se puede apreciar hoy.

La guerra contra Iraq ha monopolizado la atención pública hasta el punto de ocultar el cambio de régimen en curso en este país. Es posible que hayamos invadido Iraq para establecer la democracia y derribar un régimen totalitario, pero en este proceso nuestro propio sistema puede haberse acercado al último y debilitar aún más al primero. El cambio fue sugerido por la repentina popularidad de dos términos políticos que rara vez se aplicaban al sistema político estadounidense. « Imperio » y « superpotencia » sugieren que surgió un nuevo sistema de poder concentrado y expansivo que reemplazó a los viejos términos. « Imperio » y « superpotencia » simbolizan precisamente la proyección del poder de los Estados Unidos de América hacia el extranjero, pero por esta razón, es que se enmascaran las consecuencias internas. Considere lo extraño que parecería si estuviéramos hablando de « Constitución del Imperio americano » o de « Democracia de superpotencia ». La razón por la que esto suena mal es que « constitución » significa límites al poder, mientras que « democracia » generalmente se refiere a la participación activa de los ciudadanos en su gobierno y la capacidad de respuesta del gobierno a sus ciudadanos. Por su parte, « imperio » y « superpotencia » representan el cruce de límites y la destrucción de la ciudadanía.

El creciente poder del estado y el poder decreciente de las instituciones que pretenden controlarlo han estado en movimiento durante un cierto tiempo. El sistema de partidos es un ejemplo notable. Los Republicanos se han convertido, fenómeno único en la historia de los Estados Unidos, en un ferviente partido doctrinal, celoso, despiadado y antidemocrático beneficiando de una casi mayoría. A medida que los Republicanos se volvieron más intolerantes ideológicamente, los Demócratas ignoraron la etiqueta liberal y sus electores orientados hacia la reforma para abrazar el centrismo y subrayar el fin de la ideología. Al dejar de ser un verdadero partido de oposición, los Demócratas han facilitado el camino hacia el poder de un partido más que dispuesto a usarlo para promover el imperio en el extranjero y el poder de los negocios en el país. Hay que tener en cuenta que un partido despiadado, dirigido ideológicamente y dotado de una base considerable fue un elemento crucial en todos los regímenes del siglo XX en busca del poder total.

Las instituciones representativas ya no representan a los electores. En cambio, ellas han sido ignoradas, rutinariamente corrompidas por un sistema institucionalizado de subordinación, que los vuelve sensibles a los poderosos grupos de interés cuyos grupos de presión son grandes empresas y los más ricos estadounidenses. Los tribunales, a su vez, cuando no están cada vez más al servicio del poder de grandes grupos, son sistemáticamente deferentes ante las solicitudes de seguridad nacional. Las elecciones se han convertido en eventos no supervisados que generalmente atraen en el mejor de los casos solo a la mitad de un electorado cuya información sobre política exterior e interna es filtrada por los medios dominados por las corporaciones. Los ciudadanos se mantienen nerviosos por los informes de los medios sobre crímenes rampantes y redes terroristas, amenazas apenas veladas del Fiscal General y sus propios temores sobre el desempleo. Lo importante aquí no es solo la expansión del poder gubernamental, sino el inevitable descrédito de los límites constitucionales y los procesos institucionales que desalientan a los ciudadanos y los dejan políticamente apáticos,

Sin duda, estos comentarios serán rechazados por algunos, considerándolos como alarmistas, pero quiero ir más allá y nombrar el sistema político emergente de « Totalitarismo invertido ». Por invertido, quiero decir que si el sistema actual y sus agentes comparten con el nazismo la aspiración de un poder ilimitado y un expansionismo agresivo, sus métodos y sus acciones parecen ser lo contrario. Por ejemplo, en Weimar, Alemania, antes de que los nazis tomaran el poder, las « calles » estaban dominadas por pandillas fuertes con una orientación totalitaria, y todo lo que era democrático estaba restringido al gobierno. En los Estados Unidos, sin embargo, son las calles donde la democracia está más viva, mientras que el peligro real reside en un gobierno cada vez más desenfrenado.

Otro ejemplo de la inversión : bajo el dominio nazi, nunca hubo ninguna duda sobre la subordinación del « big business » al régimen político. En los Estados Unidos, sin embargo, ha sido evidente durante décadas que el poder corporativo se ha vuelto tan frecuente en el establecimiento político, particularmente dentro del Partido Republicano, y tan dominante en su influencia en la política, que sugiere un cambio de roles frente a los nazis. Al mismo tiempo, es el poder de los negocios, como representante de la dinámica del capitalismo y del poder cada vez mayor que se pone a disposición mediante la integración de la ciencia y la tecnología en la estructura del capitalismo, lo que produce el impulso totalitario que bajo los nazis fue proporcionado por nociones ideológicas como el Lebensraum .

Para refutar esto, se dirá que no existe un equivalente nacional del régimen de tortura nazi, ni campos de concentración u otros instrumentos de terror [al interior, pero sí al exterior de sus fronteras...]. Pero debemos recordar que, en su mayor parte, el terror nazi no se aplicaba a la población en general ; más bien, el objetivo era promover un cierto tipo de miedo tenebroso (rumores de tortura, etc.) que ayudara a manejar y manipular a la población. Visto positivamente, los nazis querían una sociedad movilizada dispuesta a apoyar sin cese la guerra, la expansión y el sacrificio por la nación.

Mientras que el totalitarismo nazi se esforzó en dar a las masas un sentimiento de poder y fuerza colectivos, la «  Kraft durch Freude  » (Fuerza a través de la alegría), el Totalitarismo invertido fomentó un sentimiento de debilidad, de inutilidad colectiva. Mientras que los nazis querían una sociedad constantemente movilizada que no solo apoyara al régimen sin quejarse y que votaran con entusiasmo « Sí » a los plebiscitos regulares, el Totalitarismo invertido quería una sociedad políticamente desmovilizada que apenas votara. Recuerden las palabras del presidente [Bush Jr.] inmediatamente después de los horrendos acontecimientos del 11 de septiembre : «  Unite, consume and fly  » [Unete, consume y vuela], dijo a los ciudadanos preocupados. Tras haber equiparado el terrorismo a una « guerra », ha evitado hacer lo que hacen los líderes Democráticos tradicionales en tiempos de guerra : movilizar a los ciudadanos, advertirles de inminentes sacrificios e instar a todos los ciudadanos a unirse al « esfuerzo de guerra  ». En cambio, el Totalitarismo invertido tiene sus propios medios para promover el miedo generalizado ; no solo a través de « alertas » repentinas y anuncios periódicos sobre células terroristas recientemente descubiertas o el arresto de figuras oscuras o el tratamiento convencional de extranjeros y de la Isla del Diablo que es la Bahía de Guantánamo o la fascinación repentina por métodos de interrogación que usan o limitan la tortura, pero con una atmósfera omnipresente de miedo alentada por una economía corporativa de reducción despiadada de personal, abolición o reducción de pensiones y beneficios de salud ; un sistema político corporativo que amenaza incansablemente con privatizar la Seguridad Social y los modestos servicios de salud disponibles, especialmente para los pobres. Con tales instrumentos para promover la incertidumbre y la dependencia, es casi una exageración que el Totalitarismo invertido emplee un sistema de justicia penal que sea punitivo al extremo, que disfrute de la pena de muerte y esté sistemáticamente predispuesto de estar en contra de la mayoría la más frágil.

Por lo tanto, los elementos están en su lugar : un cuerpo legislativo débil, un sistema legal que es a la vez obediente y represivo, un sistema de partidos en el que un partido, ya sea en la oposición o en la mayoría, está decidido a reconstituir el sistema existente para favorecer continuación en el poder de una clase dominante de ricos, de los bien conectados y de los empresarios, dejando a los ciudadanos más pobres sintiéndose indefensos y sin esperanza política, y, al mismo tiempo, haciendo oscilar la clase media entre el miedo al desempleo y las expectativas de recompensas fantásticas una vez que se recupere la nueva economía. Este patrón es alentado por los medios psicópatas y cada vez más concentrado ; sometiendo universidades a sus empresas benefactoras ; por una máquina de propaganda institucionalizada vía diversos grupos de reflexión bien financiados y fundaciones conservadoras ; a través de la cooperación cada vez más estrecha entre la Policía local y la Policía nacional destinada a identificar terroristas, extranjeros sospechosos y disidentes nacionales.

La apuesta es, por lo tanto, nada menos que el intento de transformar una sociedad bastante libre en una variante de los regímenes extremos del siglo pasado. En este contexto, las elecciones nacionales de 2004 [y las siguientes] representan una crisis en su sentido original, un punto de inflexión. La pregunta para los ciudadanos es : ¿en qué dirección ?

Sheldon Wolin * para The Nation

Original en inglés : Inverted Totalitarianism

The Nation. USA, 1° de mayo de 2003.

* Sheldon Wolin (1922-2015) fue escritor, filósofo político estadounidense y profesor emérito de política en la Universidad de Princeton.

Traducido del francés para El Correo de la Diaspora por : Carlos Debiasi

El Correo de la Diáspora. París, 15 de junio de 2020

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