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6 août 2004

Problema de Fondo M.I.
Argentina debe retomar la ofensiva contre el autismo del FMI

par David Cufré

 

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Los conceptos son lapidarios. "Errores de magnitud injustificable", "no preparados para hacer frente a una crisis de magnitud", "asesores rara vez oportunos" son sólo parte de las referencias del documento de Lavagna al FMI.

Con consejos así, más vale andar a ciegas

El Gobierno divulgó ayer un documento demoledor sobre los errores del FMI en sus recomendaciones a la Argentina después de la devaluación. Uno de los tantos párrafos en que se cuestiona el desempeño del organismo dice textualmente : "Quizás la conclusión central que puede extraerse de nuestra experiencia más reciente es que el cuerpo técnico del Fondo no parece estar totalmente preparado para hacer frente a una situación en la cual una crisis de gran magnitud ha ya estallado". Es un ataque directo contra el staff del organismo, que el Ministerio de Economía lanzó un día después de que el director gerente del Fondo, Rodrigo Rato, dejó en suspenso la continuidad del acuerdo con Argentina. En 28 páginas que aparecieron publicadas en el sitio en Internet del Ministerio de Economía [1], el Gobierno dejó en claro hasta qué punto está dispuesto a pulsear con Washington, que presiona cada vez con más intensidad por mayores pagos a los acreedores.

Se trata de una negociación que crece en temperatura a medida que se acerca el momento del lanzamiento del canje de deuda, previsto para dentro de dos meses. El Gobierno considera que ya hizo la máxima concesión posible a los bonistas al incorporar en la oferta de reestructuración los intereses generados tras el default, y afirma que no cederá más. Las declaraciones de anteayer de Rato señalando que "no hay fecha" para que el directorio del Fondo defina si aprueba o no la tercera revisión del acuerdo sonaron amenazantes, pues mientras ese trámite siga pendiente el acuerdo está virtualmente caído.

El Gobierno estaba preparado para redoblar la apuesta y ayer lanzó su bomba. El documento titulado "Argentina, el FMI y la crisis de la deuda" es un repaso sin concesiones de cada uno de los fallidos del Fondo tras la devaluación. Por el lenguaje, por la contundencia y por lo confrontativo, es un texto que no registra antecedentes en la relación con el organismo. "El asesoramiento recibido inmediatamente después de la crisis fue rara vez oportuno y acertado", denuncia. "La participación del FMI en todo este proceso debería llevar a la reflexión y a una profunda autocrítica, dados los manifiestos errores en el pronóstico de las variables macroeconómicas, las fallas en el asesoramiento de políticas en general y, en definitiva, en un equivocado diagnóstico de la situación económica del país", agrega.

La sospecha inmediata entre operadores de la city es que un informe con acusaciones de tal calibre está denunciando un quiebre en el vínculo entre Argentina y el FMI. Las especulaciones que siguieron fueron de todos los colores, desde que el Gobierno cancelará la oferta a los acreedores para reiniciar la negociación más adelante (¿el año que viene ?), hasta que avanzará aunque no tenga el paraguas del Fondo. La estrategia se irá aclarando a medida que pasen los días, pero es evidente que la discusión entró en otra escala.
"Las notables fallas de pronóstico por parte del staff del FMI estuvieron en sintonía con la falta de apoyo o la oposición abierta a la gran mayoría de las medidas de política económica decididas por las autoridades" argentinas, reprocha el texto. El informe está estructurado en siete capítulos. Desde la introducción queda claro cuál es el objetivo central : "Una propuesta de reestructuración de la deuda producto de presiones y poder de negociación desigual no será compatible con la sostenibilidad de mediano y largo plazo", define.

Todo el tiempo el informe juega con la descripción de situaciones que siguieron a la devaluación, los consejos o exigencias equivocadas que planteó el Fondo y una comparación con la situación actual. "En retrospectiva, ahora se sabe que la posición del gobierno argentino era la acertada", sostiene. "Se señala este punto -completa- porque se considera que es preocupante que, sin contar con fundamentos sólidos ni con una adecuada comprensión de la realidad nacional, el organismo haya impulsado, sobre la base de un diagnóstico errado, la implementación de medidas que pudieron haber ocasionado costos elevados a la sociedad." Si el Gobierno tuvo razón antes, también la tendría ahora, es la conclusión tácita. Si el FMI se equivocó entonces, tampoco acertaría en este momento.

Y el punto central es qué hacer frente al default. El primer capítulo es una rápida enumeración de las crisis de deuda de América latina desde principios de los ’80 hasta hoy. Junto con ello, se revisan cuáles fueron las "soluciones" recomendadas por el FMI y el Tesoro de Estados Unidos. "Entre 1982 y 1985 (el Fondo) consideraba equivocadamente que el problema era temporario y circunscripto a determinados deudores. Lo único que logró ese enfoque fue prolongar la agonía de las economías endeudadas", afirma. Así, el repaso desacredita al FMI por más de dos décadas.

Cuando llega al presente, explica que la caída del paradigma de los paquetes de rescate a los países quebrados obliga a Argentina a practicar un fuerte ajuste sobre la deuda en default. Y más, cuando al mismo tiempo los organismos de crédito siguen siendo acreedores privilegiados. "Como resultado de este conjunto de condicionantes, para que la reestructuración de la deuda sea sustentable, necesariamente debe conllevar una reducción de una magnitud que tampoco tiene precedentes."

El informe se reserva algunos párrafos para atacar los argumentos de los economistas del sector privado que defienden las posturas del Fondo. En particular, cuestiona la teoría de que un arreglo con los acreedores más "amigable", comprometiendo mayores pagos, le daría al país la posibilidad de volver más rápidamente a los mercados de capitales internacionales. "Esa hipótesis es, como mínimo, dudosa. Cuanto más atractiva es una propuesta para los acreedores, más probabilidades hay de que el deudor enfrente en el futuro problemas de financiamiento que comprometan su capacidad de pago", explica. "Si debido a una reestructuración ’generosa’ -añade-, la carga de la deuda en el futuro resultara elevada, es poco probable que los mercados opten por premiar la ’buena fe’." Luego dice, en base a la experiencia de la Alianza, que "resulta evidente que no da resultado jugar a apaciguar a los acreedores". En otra advertencia a los tenedores de deuda, el Gobierno subraya que "una propuesta de reestructuración (que surja) de negociaciones entre partes que tienen un respaldo desigual será más un reflejo del poder relativo de la negociación de cada una que de la sostenibilidad a mediano y largo plazo".

En el capítulo dedicado a enumerar "los errores del FMI en el diagnóstico de la crisis, en el pronóstico macroeconómico y en las políticas recomendadas" se entregan 12 ejemplos. "No se justifica la magnitud del error del FMI", acusa cuando hace referencia a que en 2002 estimó una caída del PIB de entre 16 y 20% y en realidad fue del 10,9. También cuestiona que en casos de países considerados "estratégicos", como Brasil y Turquía, el organismo volvió al paradigma de los paquetes de rescate, mientras que a la Argentina se la condena "en una crisis sin precedentes". El informe es tan claro como inapelable. Es una jugada osada en una negociación que recién está entrando en etapa de definiciones.

Página 12, 6 de agosto del 2004.

***

RETOMAR LA OFENSIVA

Por Alfredo Zaiat
Página 12, 6 de agosto del 2004

El contundente documento del Ministerio de Economía sobre la estrategia del Fondo Monetario Internacional viene a poner un poco de sentido común. Roberto Lavagna se jugó a que con el Plan Buenos Aires de reestructuración de deuda, que reconoce los intereses caídos y casi triplica la tasa de los nuevos bonos respecto de la de Dubai, recibiría la bendición del poderoso Grupo de los Siete. Desde la presentación de esa mejora sustancial de la oferta a los acreedores no recibió ni siquiera un guiño de ese selecto grupo de países. Más bien fueron cachetazos uno tras otro que, como ya se sabe, reciben el tratamiento condescendiente del establishment y de ciertos comunicadores que siguen insistiendo con la ingenuidad de "pertenecer al mundo o que hay que dejar de dar la espalda al mundo". El discurso había quedado otra vez dominado por esa lógica de sumisión, dando vuelta la taba de la responsabilidad. Parecía que la Argentina, luego de comprometerse a un superávit fiscal aún mayor que al ya extraordinario del 2,4 por ciento del PIB, era el factor "irresponsable" en la negociación con los acreedores defolteados. Nada más lejos de la verdad histórica.

A medida que avanza la relación con el FMI se van conociendo las mañas de cada uno de los protagonistas.

Por ese motivo, el discurso de seguir el proceso de salida del default minimizando las diferencias con la burocracia de Washington ya no tuvo efecto. Del otro lado del mostrador probaron que los argentinos gritan pero luego pagan religiosamente. Entonces arremetieron postergando la tercera revisión, no sólo pidiendo aumentos de tarifas y más pagos a los acreedores, sino presionando para alterar la base de sustentación de la actual recuperación económica. Esto es : interrumpir las intervenciones cambiarias del Banco Central para dejar que el dólar baje a niveles de 2,30 pesos. De esa forma, con el mismo superávit fiscal se podría comprar más dólares para girar a los bonistas defolteados.

Inicialmente, la respuesta a Anne Krueger, la ideóloga de hacer penar a la Argentina, fue subir la apuesta : en momentos de merma de liquidación de divisas por los exportadores, Alfonso Prat Gay siguió comprando dólares en cantidad (septiembre, mes que se define su continuidad al frente del BC, está muy cerca para plantear disidencias) para acomodarlo cerca de los 3,10. Y el documento que difundió ayer Lavagna viene a recuperar el terreno perdido en estos meses de ingenua política defensiva esperando la venia del FMI. A esta altura, y con los millones que hay en juego, no es oportuno pecar de inocente.

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