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3 mars 2014

Nuevas victorias en Crimea profundizan el riesgo de Putin.
El termómetro judío en Odesa

par Rafael Poch de Feliu*

 

Nuevas victorias en Crimea profundizan el riesgo de Putin

En la famosa escalera de Odesa, la « Potiómkinskaya lésnitsa » inmortalizada por Sergei Eisenstein, entrevisto a unos muchachos pro Maidán, provistos de cascos, escudos y porras. Hoy ha sido su día : manifestación de 5000 personas. La víspera sus adversarios reunieron el doble en el Kulikovo Pole de esta ciudad, que lleva el nombre de la célebre victoria rusa contra los tártaros del siglo XIV. Ayer era «  !Putin, Putin ! » y « El fascismo no pasará ». Hoy, «  !Ucrania, Ucrania¡ » y « Fuera Putin ». En medio, el grueso de la ciudadanía que no parece dispuesta a dejarse arrastrar hacia el tumulto.

Vista desde arriba, la prodigiosa escalera que desciende hacia el puerto no parece que sea tan inmensamente larga (127 escalones) merced a los amplios descansillos que impiden la visión. Esta crisis contiene la misma ilusión óptica. Aparentemente parece que el poderoso oso ruso se sale con la suya asediando a la débil Ucrania y comiéndoselo todo en Crimea, donde continua tomando el control de más y más infraestructuras y unidades, y donde hasta el jefe de la marina ucraniana, Denis Berezovski, nombrado anteayer por el gobierno de Kíev, juraba « lealtad al pueblo de Crimea », junto a Sergei Aksionov, el jefe de la nueva autonomía rebelde, que es un títere de Moscú. La realidad es muy diferente. Como la escalera cuando se mira desde abajo : la cuesta, que une el bulevard con el puerto de Odesa, es tremenda. Como el riesgo que está corriendo Rusia.

No se trata de todo lo que ayer dijo John Kerry ; la amenaza de sanciones contra Rusia, de expulsarla del G-8, ni del reproche de que la invasión de territorio ajeno, « no es la manera en que las naciones modernas resuelven los problemas ». Todo eso, que no tiene la menor credibilidad viniendo de quienes –por mencionar solo los últimos años- se pasaron por la entrepierna la « integridad territorial » de Afganistán, Irak, Libia y Siria, es, sin duda, importante. Síntomas de guerra fría. Sin embargo no es nada, o es muy poco, al lado de lo que Rusia, que es un gigante con los pies de barro, se está jugando aquí.

El menor desliz, el menor patinazo con resultado de violencia (ahora mismo hay algunas unidades militares ucranianas rodeadas por tropas rusas en Crimea) cubriría a Rusia de lodo ante los ucranianos. Si este pulso en su zona de influencia más vital no le sale bien y se salda con un incremento de la particular conciencia nacional de los ucranianos más rusófilos del Este y Sur del país, la consecuencia no solo será tener a la OTAN más allá de la línea del Dnieper, es decir definitivamente aposentada en tierra ancestral rusa, sino que como perdedor de Ucrania, Vladimir Putin se arriesga a vivir un 1905 en Rusia.

Aquel año la flota zarista fue hundida por los japoneses en Tsushima, en el contexto del pulso que ambos imperios libraban por los despojos de China. Todo el mundo daba por supuesta la victoria del Zar, pero fue mucho peor que lo nuestro en Santiago de Cuba : el adversario era una potencia no europea, seres « inferiores » (Nicolas II los llamaba « macacos »). Aquella humillación sentó las bases de la primera revolución rusa (hubo tres). Después de las fichas que ha movido -fichas varoniles e imperiales frente a las sofisticadas fichas de sus adversarios del Imperio Euroatlántico- si Putin pierde Ucrania todo su sistema moscovita se hundirá como un castillo de naipes tal como le ocurrió al Zar Nicolás. Primero humillación, luego Revolución.

Pero vista desde arriba esta escalera es otra cosa ; ayer los pro Putin, hoy los anti Putin, mientras se consolidan posiciones en Crimea, con el gobierno de Kiev y su mezcla de favoritos de Washington y neonazis, ofreciendo la imagen de una nave desarbolada : los militares no le obedecen (¡gracias a Dios¡) y el patético nuevo ministro de exteriores, Sergei Deshitsia, pidiendo ayuda a la OTAN. Por su parte el flamante nuevo secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Andrey Parubi, llama a la, « movilización de reservistas, pero solo los necesarios ». Paruby es un facha, pero al lado de su vicesecretario, el nazi Dmitri Yarosh (« Pravy Sektor ») podría pasar hasta por liberal. Gente como ellos fueron la fuerza de choque del Maidán, que, hay que decirlo, contiene también impulsos populares y nacionales absolutamente impecables. En esta peligrosa ruleta rusa de Ucrania, perderá el que primero de un paso en falso, pero en este sorteo, pese a las apariencias, Rusia tiene muchos más números.

Moscú : Me río de los Óscar

Por primera vez en años, el primer canal de la televisión rusa no transmitió ayer la ceremonia de entrega de los Óscar de Hollywood : « no hay tiempo a causa del interés del público por los acontecimientos en Ucrania », señalaba anoche un comunicado del canal. Poco antes, Putin le explicaba a la canciller Merkel, cuya errática política exterior coordinada con Polonia sobre un script de Washington, forma parte de la crisis, por qué la actuación de Rusia es « adecuada » a la gravedad de la situación.

Rafael Poch para La Vanguardia

La Vanguardia. Desde Odesa, 3 de febrero de 2014.

***

El termómetro judío en Odesa

La comunidad hebrea de esta prodigiosa ciudad está dividida en el actual conflicto, pero sus portavoces se inclinan hacia Kíev

En el Imperio zarista los gobernadores solían ser aristócratas y militares. Muchas veces echaban mano del genio judío para asesorarse. El llamado « judío listo adjunto al gobernador » (en ruso : « Umny evrei pri gubernatore »), es una institución que fue inmortalizada por la literatura rusa. Bien conectado a la realidad y con un prodigioso instinto de supervivencia, ese asesor resolvía muchos de los siempre enredados desaguisados de la política rusa, en los que el gobernador era el que se ponía la medalla si salía airoso. Pero si la política rusa del XIX y XX, tanto en el zarismo como en el bolchevismo, no se entiende sin su componente judío, ¿qué decir de esta magnífica ciudad de Odesa, el territorio más libre y más judío del Imperio ?

La ciudad, que es una joya arquitectónica –sus magníficos plátanos de sombra, su trazado cuadriculado y su puerto podrían recordar a Barcelona- fue y sigue siendo un territorio abierto y tolerante. Esta era una ciudad diferente, cuya última refundación, a finales del XVIII, fue obra de un español al servicio de Catalina II, el conde José de Ribas (la principal arteria de Odesa lleva por él, el estrambótico nombre de « Deribasóvskaya »). A diferencia de Varsovia, la otra gran metrópoli judía del Este de Europa, los judíos ni siquiera tenían aquí geto : vivían donde querían. Ese ambiente de libertad hizo que confluyeran hacia Odesa miles de judíos de todo el Imperio (Polonia pertenecía entonces a Rusia), donde eran ciudadanos de segunda y campesinos muy pobres con estrictas zonas de residencia asignadas, llegando a ser más del 30% de la población. Obviamente, en este medio ambiente la cultura judía –y la cultura en general- floreció con una tremenda fuerza.

Odesa es la ciudad de Sholem Aleijem, el mayor dramaturgo en lengua yidish, de Jaim Najman Bialik, uno de los padres de la poesía hebrea moderna, de historiadores, literatos y filósofos como Simón Dubnov, Itziok Leibush y Ajad Haam. La ciudad de Isaac Babel, autor de « Caballería roja » liquidado por Stalin. Mucho de todo eso fue arrasado por el holocausto. De los 3 millones de judíos de la Ucrania de 1939, hoy quedan 500.000, casi un 1% de la población. De los 8 millones de ucranianos muertos en la Segunda Guerra Mundial, alrededor de 1,5 millones fueron judíos. Solo en la región de Odesa, ocupada por los rumanos durante la guerra, fueron masacrados más de 200.000. ¿Qué queda hoy de todo aquello ? Sin duda jirones, pero la vida continuó.

En la URSS el judío de Odesa siguió siendo una institución dentro de aquel particular cosmopolitismo soviético en el que convivió casi todo el pluralismo civilizatorio del mundo- incluidos mal que bien los judíos, expulsados de España y antes de otras naciones europeas y exterminados en Alemania y en Rusia/URSS solo discriminados y maltratados. Pocas obras más populares que el clásico « Las doce sillas » de Ilf y Petrov, con su protagonista Ostav Bender, el pillo personaje de la picaresca soviética de los años veinte. ¿Y conoce alguien entre Minsk y Bakú, Tallin y Vladivostok, a un humorista hoy más popular que el judío de Odesa Mijail Zhvanetski ?

Hoy Ucrania contiene la tercera comunidad judía de Europa y la quinta del mundo. En Odesa eso es algo más que un recuerdo. En 1991 vi en el puerto de Odesa un numeroso grupo de gente que iba a embarcar. « Son judíos », me dijeron. Se iban a Israel o a Alemania o Estados Unidos. Hoy muchos de aquellos que se fueron en 1991 regresan por falta de adaptación, por decepción o miedo ante las inseguridades e incertidumbres de Israel ; « varios miles cada año, pero con el doble pasaporte (israelí o alemán, además de ucraniano) en el bolsillo », explican en medios de la comunidad. Muchos jóvenes israelitas, que ni siquiera hablan ruso, están viniendo para estudiar aquí Medicina, « es mucho más barato », explican….

¿Cómo se respiran desde la comunidad los datos de la crisis actual desde ese agudo sentido, casi genético, del peligro ? Inquietud, sin duda, pero de signo diverso. Lo primero que salta a la vista es que no hay unidad ; uno encuentra judíos tanto en los mítines favorables a Rusia, como entre los comunistas (el PC ucraniano no es « pro moscovita », sino algo mucho más matizado) y los partidarios del Maidán. Muchos, simplemente se declaran « neutrales », como hacen tantos ciudadanos de Odesa que, por un lado simpatizan con aspectos del Maidán (su componente justiciero y antioligárquico) pero por el otro desconfían de las actitudes violentas tanto del extremismo ucraniano fascistoide como del oso ruso.

En Ucrania hay judíos muy activos en la política y entre los magnates. En Odesa uno de los candidatos a hacerse con la alcaldía, si es que llegamos a unas elecciones normales, es Eduard Gurvitz, un judío del partido « Udar », animado por el ex boxeador Vitali Klichkó –por cierto también con raíces judías. Pero en medio de esta diversidad destaca un dato : oficialmente la comunidad, sus portavoces, más bien apoyan al nuevo gobierno de Kíev. Si los representantes oficiales de la comunidad son un sensible termómetro de muchas cosas, éste es un dato a tener en cuenta en la actual crisis : hay prevención, pero en general en la élite judía de Ucrania se apoya al nuevo régimen de Kíev.

Rafael Poch para La Vanguardia

* Rafael Poch, Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956) ha sido veinte años corresponsal de La Vanguardia en Moscú y Pekín. Antes estudió historia contemporánea en Barcelona y Berlín Oeste, fue corresponsal en España deDie Tageszeitung, redactor de la agencia alemana de prensa DPA en Hamburgo y corresponsal itinerante en Europa del Este (1983 a 1987). Actual corresponsal de La Vanguardia en Berlín.

La Vanguardia. Desde Odesa, 3 de febrero de 2014.

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