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13 juillet 2013

Mujeres en vías de empoderamiento en Argentina

par José Steinsleger *

 

De lo mero-mero principal : en Argentina se está dando (uso del gerundio en tanto proceso) una revolución radical, irreversible y profunda en el llamado mundo de las mujeres. Y lo esperado : cualesquiera sea su nacionalidad, clase o ideología, muchos hombres miran al costado, o relativizan el fenómeno con inaudibles y concesivos : qué bien, qué interesante, « uf… ».

Aclaración : el opinólogo admite que no es feminista, y que la noción de género lo incomoda. Pero como noblesse obligue, el periodista reconoce que, a pesar de los ingentes esfuerzos de su especie (digamos desde el neolítico), nunca entendió bien a las mujeres. Cosa que a ellas, sin duda, les tendrá sin cuidado. ¿O alguien no para la olla mientras ellos hacen, teorizan, rehacen y se cuentan los cuentos que ellas deben repetir sin chistar ?

Que algo, geológica y antropológicamente sustantivo, y por momentos inconcebible, empieza a moverse en Argentina. Veamos si no el caso del primer niño que en días pasados fue legalmente registrado con el apellido materno, anteponiéndose al paterno por vía administrativa y sin que medie una orden judicial que invoque la Ley de Nombres del Código Civil.

Así podrá entenderse, con más precisión, el informe reciente de la Organización Panamericana de la Salud sobre legislaciones contra la violencia de género, donde se dice que América Latina tiene mejores leyes que en otras regiones. Y que Argentina figura a la vanguardia porque su legislación « …incluye elementos poco tomados en cuenta como la violencia institucional, simbólica y mediática  ».

Una lectura pueril podría concluir que tales avances responden a que en Argentina gobierna una mujer. Sólo que hay mujeres y mujeres. Y la mujer de la que hablamos tiene voz propia, decide, se impone con la fuerza del discurso, y con medidas que ejecutan las jefas del Banco Central, de la Procuraduría Federal del Tesoro, del Ministerio de Industrias, de la Defensa del Consumidor, del Ministerio de Desarrollo Social, de la Procuraduría General, de la bancada mayoritaria de los diputados y, hasta hace poco (aunque durante seis años), del Ministerio de Defensa y de la Subsecretaría de Seguridad.

¿Será que la confianza de Cristina Fernández de Kirchner en tantas mujeres que en su gobierno ocupan puestos estratégicos, obedece a que finalmente llegó el turno de las mujeres en Argentina ? Negativo. Al margen de teorías feministas, parecería que en esa confianza subyace el reconocimiento a la mitad más uno de la sociedad que, históricamente, apuntaló las luchas sociales y emancipadoras del pueblo argentino.

Visitemos el Salón Mujeres Argentinas del Bicentenario, lugar abierto al público y ubicado dentro de la Casa Rosada que Cristina suele utilizar para mensajes presidenciales. En la iconografía dedicada a homenajear a mujeres destacadas en distintas disciplinas (y aunque siempre faltará alguna) están todas : peronistas y antiperonistas, socialistas y radicales, oligarcas, indígenas, proletarias, artistas, luchadoras sociales.

Mujeres, en fin, que dejaron huella en Argentina. Y en las afueras, allí donde la estatua del gran almirante que nos descubrió permaneció un siglo, se erigirá en su lugar un monumento de 10 metros de altura para evocar a una gran guerrera de la independencia : la ignota Juana Azurduy de Padilla (1780-1862), nacida en Sucre, Bolivia, cuando este país era parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Colón se va, y la embajada de Italia en el país frunce el ceño.

Conociendo el paño, siento que ningún político argentino se hubiera atrevido a tanto. Pero así es ella. Cuando la visitan gobernantes de otros países, los discursos de Cristina se transmiten en el patio central de la casa, donde gigantescas imágenes del Che, Evita, Allende y Perón, guían sus palabras.

Los adalides de la libertad de expresión, la odian. Previsible y contenidamente, los medios la tratan de autócrata, populista, corrupta, demagoga. Pero en las calles le dan cuerda a las tropas de la gente bien : ¡Yegua ! ¡Subversiva ! ¡Puta ! ¡Montonera ! Nada nuevo. Cuando en su agonía Eva Perón se retorcía de dolor, las calles de Buenos Aires amanecían con grafitis que rezaban ¡Viva el cáncer !

Cualidad y contribución ético-política con perfume de mujer : no responder a los insultos, ni a los espots televisivos que la difaman, o alguna portada del periodismo independiente que la mostró masturbándose y alcanzando el clímax frente a las masas. Con intuición femenina Cristina sabe que, a la postre, la historia prueba que la violencia termina revirtiéndose sobre los violentos.

Así, bailando cumbia para celebrar los 203 años de la emancipación, con pasitos a la izquierda y pasitos a la derecha, CFK ha ido neutralizando y sacando de quicio a los machos de la antipatria. En particular, los de su propia fuerza, el Partido Justicialista que aún vive de la transa y la corruptela institucional.

Cristina tiene en qué inspirarse. Néstor Kirchner, en primer lugar. Y, por sobre todo, el alter ego de los hombres y mujeres que, durante 60 años, soñaron en Argentina con serlo de verdad : Evita.

La muchacha Tauro aventaja en lo moral y emocional a más de un recio varón, pero tiene suficiente confianza en su sexo para dejar que el jefe seas tú, si eso te gusta. Si tú no te haces cargo, es posible que tome las riendas y sea ella quien se encargue de dirigir las cosas, aunque preferiría que fuera al revés. Lo que busca es un hombre de cuerpo entero, porque sabe que ella es una auténtica mujer, y está orgullosa de serlo.

Eso dicen los astros de las taurinas. Pero de nuestro lado, no podemos dar fe si de adolescente, Evita mataba las horas analizando su signo en las revistas del corazón. Sólo sabemos que a los 15 años, al terminar la escuela primaria en Junín, polvoriento pueblo de la pampa bonaerense, echó sus tiliches en una maleta de cartón, compró un boleto de tren, y se apareció en Buenos Aires con mariposas en la panza (1935).

Los dioses de la fortuna se portaron bien. Nueve años después la depositaron en los brazos del general Perón, y en los nueve que le restaron de vida se convirtió en la primera mujer de la historia que impulsó, desde la práctica política, la propuesta medular de Simone de Beauvoir : « no se nace mujer ; llega uno a serlo » (El segundo sexo, 1949).

¿Qué si Perón la ayudó ? Bien... Pero Simone escribió la obra capital del feminismo moderno a pedido de Sartre, a quien le urgía aterrizar sus grandes vuelos y abstracciones filosóficas. En cambio, sin grandes lecturas, Evita ya se formulaba para sus adentros la pregunta que a Olimpia de Gougés (1748-93) había llevado a la guillotina : « Hombre… ¿eres capaz de ser justo ? Una mujer te hace la pregunta ». [Autora de « Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana » (1791)].

En los estudios de radiodifusión y de cine (donde Eva protagonizaba papeles de quinta), los exitosos se mofaban de su escasa formación. Sin embargo, cuando Libertad Lamarque ventiló su condición de hija ilegítima, la fulminó. Reprochando a la diva sus papeles de mujer casada, sufrida y resignada, inquirió : « Che… ¿y ya pagaste el toldo que en Chile salvó tu vida el día que te arrojaste por la ventana del hotel porque tu esposo te ponía los cuernos ? »

La situación cambió con la revolución nacionalista de 1943, que acabó con el mito de la Argentina del trigo y las mieses. Al año siguiente, Perón creó la División de Trabajo y Asistencia de la Mujer y, en octubre de 1945, Evita se casó con el líder. Perón ganó los comicios presidenciales de 1946, ella se convirtió en primera dama y, por ende, en titular de la rancia y aristocrática Sociedad de Beneficencia, fundada en 1823.

Desde un cargo aparentemente inocuo (benefactora principal de la Nación), Evita empezó a ver por debajo del agua. ¿Qué rol le tocaba desempeñar a ella en ese antro de las señoras con apellidos ilustres que eran concesionarias estéticas del gran poder patriarcal ?

Consciente de su escasa cultura, Evita escribió en su lecho de muerte : ¿Qué podía hacer yo, humilde mujer del pueblo, allí donde otras mujeres más preparadas que yo, habían fracasado ? ( La razón de mi vida, 1952). El allí de las mujeres más preparadas la angustiaba. Mas no el de las damas de la sociedad que empezaban a odiarla con ganas.

Evita supo que así como en el caso de los trabajadores, las luchas feministas argentinas se resolvían invariablemente en reconocimientos simbólicos, en proyectos que dormían en los cajones parlamentarios, o en el delirium tremens de los políticos que en el Congreso debatían acerca de las debilidades mentales o físicas de las mujeres (sic), y su falta de musculatura (sic, Eva Perón y la organización política de las mujeres, Carolina Berry, Memorial de Sao Paulo, 2009).

Por ejemplo, en el popular barrio de Mataderos, una calle de Buenos Aires se llama Carolina Muzzilli (1889-1917). Líder de las lavanderas socialistas que falleció de tuberculosis. Carolina impulsó ideas más radicales que las de la Unión Gremial Argentina (1902), la Unión Feminista Nacional (1918) de Alicia Moreau de Justo (1885-1986), el Partido Feminista (1920) de Julieta Landeri (1873-1932). Y ni se diga las que Victoria Ocampo (1890-1979) defendía en la Unión de Mujeres Argentinas (1936).

En 1910, año del centenario y del primer Congreso Feminista Internacional, Carolina declaró a la revista PBT : « Yo llamo feminismo de diletantes al que sólo se interesa por el brillo de las mujeres intelectuales…es hora de que ese feminismo deportivo deje paso al verdadero que debe encuadrarse en la lucha de clases ».

El pensamiento de Eva, guardaba otras lecturas. En « Mi mensaje » (libro de 79 páginas que nunca fue publicado, y apareció recién 1987), escribió : « No puede haber, como dice la doctrina de Perón, más que una sola clase : los que trabajan… Yo no hago cuestión de clases… pero el dilema nuestro es muy claro : la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo, tratará siempre de vencernos. Con ellos no nos entenderemos nunca, porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos darles jamás : nuestra libertad… Cuando todos sean trabajadores, cuando todos vivan del propio trabajo, y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos, más hermanos y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso de la humanidad.  »

Dos grandes escritores sin parentesco, María Elena Walsh (1930-2011) y Rodolfo Walsh(1927-77), dedicaron a Eva Perón los textos más intensos de la literatura argentina. Pareja de celebridades de la cultura nacional (Leda Valladares, folklorista ; María Herminia Avellaneda, cineasta ; Sara Facio, fotógrafa), María Elena no era peronista. Y Rodolfo fue periodista y murió combatiendo en las filas de Montoneros, tras iniciarse en las del nacionalismo antiperonista.

Del relato « Esa mujer », de Rodolfo :

« El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.

« – Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel.

« – ¿Qué querían hacer ? (NR, con el cadáver de Eva Perón.)

« – Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido... »

Del poema « Eva », de María Elena  :

[« Cuando los buitres te dejen tranquila y huyas de las estampas y el ultraje empezaremos a saber quién fuiste… Cuando juntas las reas y las monjas y las violadas en los teleteatros y las que callan pero no consienten arrebataremos la liberación para no naufragar en espejitos ni bañarnos para los ejecutivos… Tener agallas como vos tuviste… Tener agallas para gritar basta aunque nos amordacen con cañones ».|

La madre le estimuló sensibilidad social, y el coraje frente a la adversidad. Y el día que murió el líder popular y ex presidente Hipólito Irigoyen (1852-1933), Evita llegó a la escuela con un moño negro. Como actriz fue mediocre. Pero desechaba por instinto el arquetipo de mujeres hermosas, nobles, puras o sacrificadas (Julieta, Ofelia, Cordelia, Desdémona), sintiéndose cómoda con el de mujeres fuertes como Madame Lynch, Isabel I, Lady Hamilton, [Eleanor Duse->https://es.wikipedia.org/wiki/Eleonora_Duse]. Y es casi seguro que asistió varias veces al cine, para observar el personaje de Scarlett O’Hara que Vivien Leigh protagonizó en Lo que el viento se llevó.

Eva carecía de formación política. Sin embargo, al calor de las reformas impulsadas por la revolución de 1943, integró el grupo que fundó la Asociación Radial Argentina, primer sindicato de trabajadores de la radio. De tal suerte que entre su activismo para respaldar la candidatura de Perón, y el rol posterior como primera dama de la nación, la fueron enfrentando a enemigos de tomo y lomo. En particular : la oligárquica Sociedad de Beneficencia, cuyas acciones eran supervisadas por la Iglesia católica.

Simultáneamente, con la nueva ley de sufragio femenino y de los derechos políticos de la mujer (1947), la primera dama empezó a ejercer un poder no formal y convalidado desde abajo por millones de mujeres pobres. Poder que la izquierda y la derecha de las señoras cultas criticaban como meras concesiones del mandamás, y que a Eva hacían lo que el viento a Juárez. La Sociedad de Beneficencia fue disuelta en 1948 y pasó a llamarse Fundación Eva Perón (FEP), y al año siguiente, junto con la nueva Constitución Justicialista que estableció plena igualdad de la mujer y el hombre, Evita fundó el Partido Peronista Femenino.

Esas imágenes de Eva Perón repartiendo máquinas de coser o vestiditos de princesa para las niñas, fueron y son las de la hipocresía intelectual que caracteriza a los escritores liberales de ayer y hoy. Pues omiten que, si en efecto, la FEP distribuía aquellas máquinas legendarias, era para que las mujeres pobres trabajaran en casa con el fin de ganarse unos pesos y proveer la indumentaria de sus hijos.

¡Si tan sólo fuera eso ! ¿Y los grandes policlínicos y el millar de escuelas que aún funcionan en la provincia de Buenos Aires, junto con los hogares para ancianos, madres solteras y para jóvenes que, como Evita, llegaban a la capital desde sus pueblos a la capital con una mano atrás y otra adelante ?

En una época en que la sociedad asociaba la actividad política de la mujer poco menos que a la prostitución, el proyecto político de la FEP apuntó al empoderamiento progresivo de las mujeres. Al lado de las unidades básicas barriales (suerte de clubes de Tobi en las que sólo participaban los peronistas hombres), Evita creó las dirigidas a mujeres e hijos menores, vetando su ingreso a los hombres. Les decía : « Y por sobre todo, compañeras, no se dejen influir y ni siquiera aconsejar por las esposas de los funcionarios u hombres del partido ».

La curia se trepó a la lámpara. En poco menos de dos años, Evita expandió una red de 4 mil mujeres, sólo comparable a la de Acción Católica, y con una capacidad de movilización superior a la de los trabajadores organizados. Con recursos exiguos, las unidades básicas femeninas funcionaron en edificios y locales, o simplemente en cuartos, parques y garajes. Allí no se hacían reparos de clase, pero la mayoría eran de extracción popular y clases medias bajas.

La FEP alfabetizó a cientos de millares de mujeres, encontrando apoyo escolar para sus hijos, y pudiendo seguir clases de corte y confección, dactilografía, mecanografía, cocina y nutrición, rudimentos de inglés, francés y… declamación. Evita otorgaba mucho interés a las clases de declamación. « Porque, compañeras –les decía–, ahora que tenemos derechos, hay que aprender a hablar y saber defenderlos frente a los hombres ».

A los historiadores de intereses y fobias inconfesables, que sin prueba alguna continúan calificando a Evita de « populista », « caudillista », « chovinista », « redentora » y « pro nazi », no les interesa recordar el día que la ministra de Trabajo y Seguridad Social Golda Meir visitó Buenos Aires, y se abrazó con la lideresa argentina por su labor realizada en favor del flamante « Estado de Israel » (abril 1951).

En cambio, intelectuales honestos, como el historiador Leonard Senkman, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, escriben : « …en la última década del siglo veinte todavía era posible encontrar en algún kibutz de Israel cobijas con el sello de la Fundación Eva Perón (FEP) enviadas en 1948, cuando Argentina se convirtió en el primer país que reconoció la soberanía del Estado judío » ( « El peronismo y los judíos », danielblinder@hombregris 2001.com.ar).

En noviembre de 1951, Perón fue relecto con 62 por ciento de los votos, de los cuales 64 por ciento eran femeninos. Pero en julio de 1952, la muerte de Eva marcó el principio del fin de la FEP. Con todo, la semilla daba ya sus frutos. Al año siguiente, una mujer fue nombrada vicepresidenta de la Cámara de Diputados, primera en ocupar un cargo tan alto en el mundo.

Tras el golpe oligárquico de 1955, la representación política de las mujeres argentinas empezó a declinar, y sólo hacia finales de siglo, con la « ley de cupo », el número de diputadas electas fue mayor al alcanzado en aquel trágico año en el que la « democracia » y la « libertad » del imperialismo cerró todo un ciclo de luchas populares.

Vale preguntarse : ¿qué predominó en las luchas de las mujeres argentinas ? ¿Componentes de « género » o de « clase » ? Ambos conceptos tienden a embrollarse. Por ejemplo, cuando la ONU consagró el Año Internacional de Mujer (México, 1975), el gobierno de la presidenta Isabel Martínez (segunda esposa de Perón) adhirió a un evento que al mismo tiempo calificaba de « marxista ». Mientras de su lado, socialistas y feministas argentinas lo repudiaban por su « …visión conservadora y moralizante de la mujer ».

Luciana Sousa, de la Agencia de Noticias Paco Urondo, sostiene que Evita resignificó el lugar de la mujer en particular, y como parte fundamental en los procesos de cambio. « Con ella surge a la vida política un nuevo actor social que amenaza el statu quo, incluso después de muerta ». De paso, afirma que los ataques misóginos a Cristina Kirchner son similares a los que Evita recibió medio siglo atrás.

Grandes íconos de la cultura antipopular la despreciaron. Para Jorge Luis Borges Evita fue « la mujer del látigo », y Ezequiel Martínez Estrada se refería ella como « la mujer de pelo en pecho ». Años después, el género masculino no bajaba a « Isabelita » de « puta », así como hoy tratan a Cristina de « yegua ».

El periodista Jorge Halperin, compilador del libro de ensayos Las muchachas peronistas (Eva, Isabel, Cristina)… ¿por qué desatan odios las mujeres en el poder (Aguilar, 2009), recuerda en la introducción que en vísperas del derrocamiento de « Isabelita » (1976), preguntó a un vendedor de periódicos : ¿Por qué cree que los militares serán mejores que Isabel ? Respuesta : cualquier cosa es mejor que esa puta. Y en días pasados, en Luján de Cuyo (Mendoza) la « virreina de la vendimia y embajadora de las bodegas Malbec », Priscila Quintero Rovati, fue destronada luego de escribir « que maten a la hdp » en la red social Facebook.

Juliana Di Tullio, jefe de la bancada de diputados kirchneristas, dice : « A ningún espacio o sector de oposición se le ocurriría denostar a un presidente varón en su condición de género masculino, pero sí lo hace con una presidente mujer ». Por su lado, el historiador Hernán Brienza, afirma : « las mujeres que ofenden a Cristina desde el género, son víctimas de su propia concepción cultural… en ella (ven) su propia frustración. En general son mujeres que saben poco y nada de política y se enfrentan a la imposibilidad de realizar un planteo político serio ».

¿Género « o » clase ? ¿Género « y » clase ? En todo caso, frente al liderazgo de Evita y los gobiernos de Isabel y Cristina, fue en los sectores femeninos de mayor poder adquisitivo donde se presentaba y continúa manifestándose el rechazo mayor a la equidad y distribución de los roles de género. Elsa Drucaroff, escritora, apunta : « La crítica furiosa (contra Cristina) es la otra cara de la admiración y de la envidia, porque ella ejerce de frente y con legitimidad, lo que las mujeres tenemos culturalmente prohibido ejercer, salvo con tretas oscuras o ilegítimas : el poder ».

Decía la revolucionaria Flora Tristán (1803-44) que el grado de desarrollo de un país se conjuga con el de la libertad de la mujer. ¿Será ? Como fuere, parece innegable que la experiencia de millares de mujeres argentinas que pasaron a ocupar niveles de responsabilidad en el Estado, el Congreso y los poderes locales podría, quizá, aportarnos algunas ideas originales. ¿O las multifacéticas y por momentos harto confusas teorías masculinas de la revolución y el socialismo, no necesitan de ellas ?

Abundan los « analistas » que atribuyen el fin de la dictadura civicomilitar (1976-83) a la guerra de Malvinas, y a la mujer que recuperó del Museo Británico las banderas de la piratería capitalista mundial. Nada cuentan, para ellos, la resistencia popular y la lucha tenaz de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

En el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-89), y a pesar de las hipócritas leyes de « obediencia debida » y « punto final », tuvo lugar el juicio a los jefes militares del periodo más tenebroso de la historia política argentina (1985). Sin embargo, tras el indulto del presidente Carlos Menem a los genocidas, la justicia y la ética de la democracia con dependencia quedaron en cuestión (1990).

Invencibles, las madres y abuelas redoblaron la lucha. Hasta que en abril de 2003, Néstor Kirchner les abrió de par en par las puertas de la presidencia, sin necesidad de citas o agenda previa. Año y medio después, la abogada Nilda Garré ocupó el cargo de ministro de Defensa.

Durante cinco años, sin que le temblara el pulso, Nilda « pasó la escoba ». La doctrina de seguridad nacional impuesta por Washington fue tirada a la basura, se promovió la reforma del sistema de justicia militar y se vetó el ascenso de rango a familiares de militares involucrados en crímenes de lesa humanidad.

Luego, a finales de 2010, Nilda ocupó la Secretaría de Seguridad. Cargo que por sus alcances, resultaba más complejo que el anterior. Con todo, y así como en las Fuerzas Armadas, los programas de estudios de la temible Policía Federal (PFA) pegaron un giro radical. Los tres institutos de formación que llevaban nombres de notorios represores y asesinos fueron cambiados y, por primera vez en su historia, la PFA tuvo 10 subcomisarias mujeres, dos primeras comisarios generales, a más del ingreso de travestis, transexuales y transgénero en las fuerzas de seguridad.

En el denso y clasista ámbito judicial, las cosas también empezaron a moverse. El año pasado, la procuradora general de la nación, Alejandra Gils Carbó, instruyó a los fiscales de todo el país que los delitos sexuales cometidos por militares, marinos, gendarmes, policías y demás represores, no quedarían impunes.

Por ejemplo, el represor y obstetra Jorge Magnacco (responsable de la maternidad montada en el Hospital Naval para que las detenidas dieran a luz a sus hijos que luego eran apropiados y entregados a familiares o allegados de los militares) fue condenado a 10 años de prisión, más otros 15 por delitos similares por la retención y ocultación de una bebé a cuya madre atendió en el parto que tuvo lugar en el lúgubre campo de concentración que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada.

Igualmente, el feminicidio dejó de ser figura penal autónoma, y ahora se le considera un agravante del crimen : cadena perpetua no sólo para quien matare al ascendiente o cónyuge, sino que es extensiva a los y las « ex », fueran cónyuges, convivientes o « ex » convivientes. Norma que cierra la posibilidad de los atenuantes para el que ya tuviera antecedentes de violencia o de género. Y agrega la perpetua por crímenes de odio a la orientación sexual, y a la identidad de género o a su expresión.

Asimismo, un proyecto del Senado agrega un nuevo inciso al artículo del Código Penal : cadena perpetua al que mate a alguien con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o se ha mantenido una relación. V. gr. : el caso del hombre que para vengarse mata al hijo de su ex mujer.

Innegablemente, los problemas inherentes a la situación de la mujer mucho tienen que ver con la cultura y artimañas de la sociedad patriarcal. Más si un Estado que se dice democrático y republicano deja librado al azar o « usos y costumbres » tales problemas, poco puede avanzar con sus leyes.

Tal sería el caso de la Asignación Universal por Hijo (AUH), destinada a las madres cuando quedan a cargo de los hijos por el abandono del esposo. Pero en el censo de 2010 se descubrió que en muchos casos el hombre se declaraba frente al censista como « jefe » de un hogar en el que la mujer aportaba más dinero a la familia. Y así cobraba la AUH, que luego repartía a discreción o, de plano, se embolsaba.

La presidenta Cristinta Fernández tomó cartas en el asunto, y dispuso que la madre tuviera preferencia en el cobro de la AUH, aún cuando la tenencia de los niños fuera compartida. Ahora basta que la madre declare que desconoce el paradero del padre, o que éste no aporta al hogar.

En declaraciones al periódico Página 12, la titular de la Subsecretaría de Defensa del Consumidor, María Lucila Pimpi Colombo, calificó la medida de histórica, pues « …cambia la lógica de la actuación del Estado en protección a la familia. La lógica antigua estaba basada en una visión patriarcal, donde el único aporte considerado es el del varón… »

Y así cerramos este breve panorama de las mujeres argentinas, bajo un gobierno que dejó de celebrar oficialmente el Día de la Madre o del Padre para en su lugar festejar el Día de la Familia, con el fin de alcanzar « …un mejor conocimiento de los procesos sociales y económicos de la sociedad » (ONU, 1994).

José Steinsleger para La Jornada de México

  • Primera parte La Jornada. México, 12 de junio de 2013.
  • Segunda parte La Jornada. México, 19 de junio de 2013.
  • Tercera parte La Jornada. México, 26 de junio de 2013.
  • Cuarta parte La Jornada. México, 3 de julio de 2013.
  • Quinta y última parte La Jornada. México, 10 de julio de 2013.

El Correo. París, 13 de julio de 2013.

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