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17 de mayo de 2020

Mercado o Confucio para la sociedad

por Bruno Guigue *

 

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Sin más vueltas, un día de estos, vamos a tener que preguntarnos por qué los países de Asia, en general, están haciendo frente a la pandemia de manera más efectiva que los países occidentales.

Las razones son políticas, por supuesto, los estados socialistas como China y Vietnam son, de lejos, los mejores. Por qué? Simplemente porque han tomado la medida del fenómeno antes que los demás, y porque el Estado se negó a arbitrar entre salvar vidas y salvar puntos de crecimiento.

Mientras tanto, los países capitalistas abogan por la inmunidad colectiva, es decir, la eutanasia de los débiles y los viejos, como confesó el vicegobernador de Texas, un verdadero genio político y abanderado del maltusianismo neoliberal y digno heredero espiritual de Jacques Attali [liberal francés] adalid de la eutanasia de los ancianos y de una sociedad sin jubilación. Al menos, está claro.

Pero la política no explica todo, al menos en Asia, y esto se demuestra en el debate sobre el uso de máscaras. Lo fascinante, de hecho, es su dimensión antropológica. Porque este utensilio, como sabemos, no tiene un interés inmediato para la persona que lo porta. No se utiliza para protegerse, sino para proteger a los demás. Es por eso que se ha utilizado durante mucho tiempo en países con tradición confuciana.

En China, en Vietnam, y en los países de Asia marcados por este concepto ético de 2500 años de edad, la comunidad tiene prioridad sobre el individuo. O más bien, el individuo existe solo como un producto social. Como dice el filósofo chino Zhao Tingyang, la « coexistencia precede a la existencia ». En otras palabras, el ser no es sustancia sino relación.

Ya puedo escuchar los gritos de horror de los frenéticos individualistas y libertarios de todas las tendencias, pero solo porque creen en las quimeras no significa y que la realidad se va a plegar a sus deseos. Porque si el individuo cree que es libre, en realidad solo existe como un tramado de sus relaciones sociales, la calidad de su existencia individual depende de la calidad de sus relaciones sociales y de nada más.

Marx lo había sacado a la luz notablemente, pero no vamos a pedir que leer al autor de Capital a los bobos [bobo = derivado de la expresión francesa de 1885 bourgeois bohème] parisinos [u otros] que creen que están llevando a cabo un acto revolucionario desafiando la prohibición de salir a bailar. Es perder el aliento.

El último aspecto, y quizás el más importante, es la dimensión ritual de usar una máscara, como una ilustración de lo que las sociedades asiáticas son capaces y de lo que nosotros somos, incapaces.

Un rito, en la ética confuciana, no es un gesto puramente formal que se realiza mediante una especie de sumisión ciega a reglas obsoletas. Los « ritos, dice Confucio, son los que ordena lo que hacemos ». La ritualización de la vida social tiene la virtud de disciplinar el comportamiento con respecto al bien común, educa, guía y civiliza. Tampoco es una coincidencia si los ritos están ordenados por esta concepción fundamental de la sociedad china como una ampliación de la familia, el núcleo y el paradigma de todas las relaciones interhumanas, y si desde esta concepción el culto a ancestros es la fuente viva, la que une, con un hilo invisible, sucesivas generaciones.

Que ya se trate de culto a los antepasados, de liturgias funerarias, de celebraciones familiares, sociales o patrióticas, la forma de los ritos se inculca en las personas para que puedan cumplir con sus obligaciones. El ritualismo se basa en esta idea muy profunda de que el buen comportamiento solo puede provenir de prácticas repetidas. Al igual que el debido respeto a los ancianos, de los cuales es la consecuencia lógica ya que se trata de proteger a nuestros mayores, usar una máscara es uno de esos rituales sociales que señalan una comunidad responsable. Las empresas asiáticas han tomado esta decisión durante mucho tiempo. Depende de nosotros hacer lo nuestro, preguntándonos si queremos una sociedad que sacrifique a los ancianos o una sociedad que los honre.

Entonces el tema es Attali [el Mercado] o Confucio.

Bruno Guigue *

Oumma. París, 2 de mayo de 2020.

*Bruno Guigue es un ex alto funcionario, investigador en filosofía política y analista político francés egresado de l’Ecole Normal Superieur de la rue d’Ulm y de l’Ecole National d’Administration promoción Jean Monnet 1990, hoy profesor de filosofía, autor de varios libros, entre ellos « Aux origines du conflit israélo-arabe, l’invisible remords de l’Occident » (L’Harmattan , 2002). @bruguigue.

Traducido del francés para El Correo de la Diaspora por : Carlos Debiasi

El Correo de la Diaspora. París, 17 de mayo de 2020

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