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1er mars 2017

Medios y comunicación : Todólogos

 

Eliana Verón denuncia prácticas de comunicadores que amplifican determinados prejuicios sociales desde una mirada mediática acusatoria y clasista acerca de los jóvenes.

Por Eliana Verón *

« Los pibes mismos no saben que esto está mal, que no se puede mostrar
su imagen y decir que son delincuentes. Como los medios lo hacen
sistemáticamente, ni siquiera se cuestiona que esto no se puede hacer. »
Lucina Buzio
Asoc. Civil de Familiares de Detenidos en Cárceles Federales
(Acifad)
 [1]


En los últimos meses vimos cómo variados informes periodísticos incrementaron, discursivamente, un vínculo intrínseco entre delincuencia y jóvenes, a partir de hechos concretos de « inseguridad ». Este tipo de reportes no son nuevos. Hoy cobra relevancia analítica por la irresponsabilidad, o bajo la certeza de la impunidad que da un micrófono, de ciertos comunicadores que incurren en esta práctica de avasallar derechos constitucionales de nuestros pibes. El caso paradigmático de este verano fue la periodista Sandra Borghi.

El 13 de enero pasado el programa Nosotros a la Mañana, de Canal 13, emitió un informe con el título « La banda del acusado de matar a Brian ». Se exhibieron los perfiles de Facebook de varios adolescentes con el rostro pixelado. Hasta allí, hubo un mínimo de resguardo en el derecho. Sandra, encargada de presentar la investigación contra la delincuencia juvenil, reiteró por más de media hora que todos esos pibes formaban parte de la pandilla. Además, Borghi ofició de guía visual advirtiendo a su audiencia que los chicos « tienen colgadas cadenas de oro, las manos en la posición de armas y un dato : cuanto más oro tienen colgando, más poder tienen dentro de la bandita ». Se expusieron en pantalla los nombres y apellidos de estos chicos que deberían haber sido resguardados. Pero eso es sólo para empezar.

Familiares de los jóvenes linchados mediáticamente por la « todóloga » (persona que creer saber y dominar varias especialidades, según la Real Academia) vieron el informe azorados, ya que los pibes estigmatizados por Borghi, ni siquiera se conocían entre sí. Gracias a una acción rápida y conjunta formularon una denuncia en varios organismos y lograron –a través de la Defensoría del Público– la rectificación del reporte y su eliminación de las plataformas virtuales del programa. Luego de que las aristas del caso tomaran cocimiento público, Sandra y sus colegas compinches hicieron un liviano mea culpa de su mala praxis comunicacional. Se excusaron en el simple error que se les escapó, a pesar de su « rigor » periodístico.

Es harto conocido que los medios de comunicación, y por sobre todo la televisión, contribuyen a construir « historias instantáneas » en las que prima la rápida secuencia de imágenes, imposibilitando el pensamiento crítico o analítico de lo que se está percibiendo. Pero no es menos cierto que su poder de daño es inmensamente más perdurable que las disculpas posteriores. Amplifican determinados prejuicios sociales que se repiten de manera constante desde una mirada mediática acusatoria y clasista acerca de los jóvenes. Los portadores de « no derechos » a ser, estar ni mucho menos a expresarse, son demonizados desde esta perspectiva dominante que refuerza la matriz histórica de la exclusión social.

Ningún discurso puede analizarse sin tener en cuenta la unidad, el sentido y la naturaleza ideológica en el que se enuncia o pronuncia. No existe como una producción aislada, sino que está vinculado a muchos otros dispositivos retóricos que forman parte de la cultura popular o dominante. Existen muchas « Sandras » con micrófono abierto y vociferan así. De todólogos de la vida. Se especializan en propagar aquellos temas ordenados por las lógicas del impacto y simplifican una problemática profusa desde un punitivismo demagógico y moralizante que atraviesa la práctica informativa.

El destrato que muchos periodistas ejercen hacia los adolescentes de sectores vulnerables no puede más que mencionarse como un modo de violencia mediática. Al negarles sus derechos y catalogarlos mediante operaciones semánticas que estigmatizan sus aspectos, gustos, vestimenta, color de piel o hábitat, no sólo construyen estereotipos negativos sino que también los deshumanizan. La omnipresencia de ese discurso cargado de adjetivaciones e imprecisiones analíticas afirma sin sustento, acusa sin fundamentos y sentencia a los pibes a un futuro sin derechos.

* Eliana Verón. Periodista. Agencia Paco Urondo.

Página 12. La ventana. Buenos Aires, 1° de Marzo de 2017.

Notes

[1Entrevista de la Agencia Paco Urondo

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