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2 janvier 2003

Manifesto personal de Tito Alvarado

 

Hoy más que nunca en toda la historia de la humanidad, estamos al borde de un precipicio, hoy más que nunca es fácil renunciar a la vida, dejándonos caer sin siquiera saber que vamos a la muerte, y al mismo tiempo, hoy más
que nunca es posible

el emprendimiento colectivo de la solución :

recuperar mi papel social y
verme en los otros como en mis hermanos,
recuperar el verdadero sentido de la vida.

Hoy en el mundo impera la normalidad de la locura. Resulta que primero secorrompen algunos pocos, luego el negocio crece y ya nos corrompen laconvivencia, el aire, el agua, las palabras, la realidad. Los dioses
actuales corrompen todo lo que tocan, y en su inmisericorde poder, tocan todo lo que ven o imaginan ver.

Hago mías las causas de quienes sufren los golpes del poder, hago míos los actos de quienes dicen basta, asumo la continuidad del trabajo de aquellos que murieron antes. Un día yo también he de morir. Pero la vida es algo más que un campo minado por las declaraciones del imperio, que una calle con la
muerte asaltándonos a la vuelta de una esquina, que una telenovela con los dramas de sobre vivir sobreviviendo. Sin embargo se nos quiere convencer de que todos los caminos están cerrados, que es mejor no pensar ni ofrecer resistencia. Me niego a aceptar ese destino de escoria.

El Dios de la Casa Blanca declaró a los micrófonos del mundo : "Quien no está con nosotros, está contra nosotros". Yo, desde mi rincón de Poeta, Médico y
Loco digo, en voz baja, para que corra el rumor como una noticia explosiva : estoy contra ustedes. Ahora, vengan a buscarme. Me encontraran recitando mis
razones, organizando mi esperanza, trabajando por la vuelta de la cordura, demostrando que la sana convivencia es posible.

Aquí yo declaro mi Paz a la paz, mi guerra total a la guerra, mi odio personal al odio, mi amor a la humanidad.

Esta declaración pretende ser un acto de ruptura con el silencio cómplice.
Hago mía la declaración de los intelectuales españoles : Quien no se opone abiertamente a sus actos criminales y a sus falsas palabras, los apoya con su silencio. Y el silencio es la cobardía de los intelectuales. Cobardía que en circunstancias como las actuales se convierte en imperdonable vileza, en alta traición a la cultura y a la humanidad.

Asumo la alta responsabilidad de defender mis razones, defendiendo la diferencia, me pronuncio contra el "pensamiento único" administrado desde el poder. No quiero un destino de objetos desechables para los seres humanos.
Asumo la crítica radical y resuelta contra "las razones" del poder, que son las sinrazones de su propio interés. Declaro, en pleno ejercicio de mis facultades mentales, que ninguna multinacional actúa en mi nombre, que el imperio no actúa en mi nombre, que los gobiernos nacionales, obsecuentes con el imperio y las multinacionales, no actúan en mi nombre. El poder actúa
para si mismo, en absoluto menos precio por el resto de la humanidad.

Cuando ya nada se tiene para perder, pues lo hemos perdido todo, solo nos queda la dignidad de aspirar a cambiar todas las reglas del juego. Pues la vida no es un juego y es la vida la que hoy está en peligro, asumo hoy el desafío de que todos y cada uno de mis actos sean un acto por la vida y en consecuencia, un acto contra los señores de la guerra.

En esta hora en que el planeta comienza a dar la vuelta final de un año, también comienza la primera vuelta de uno nuevo, la tradición es desear un feliz año nuevo, pero ya sabemos que los locos del imperio han decretado una guerra contra la humanidad, el FMI y el Banco Mundial siguen con sus recetas inhumanas, los gobernadores, Sátrapas del imperio, siguen en su trabajo de la pobreza. El 2003 será un nuevo año solamente si nos encontramos
en un compromiso personal y colectivo de lucha resuelta contra el destino que el imperio nos tiene reservados.

Declaro mi amor por la vida con la alegría de sumar mis fuerzas, sumándome a la fuerza de los justos, de los sufrientes, de los que luchan por el cambio,
tan posible como necesario.

Ya amanece en Nueva Zelanda, ya anochece en Montreal, yo afirmo mi voluntad de Paz y de Cambio, en este 30 de diciembre del 2002.

Por Tito Alvarado

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