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10 juin 2012

Los discutibles análisis del señor Wallerstein

par Alejandro Teitelbaum*

 

El sistema imperante actual no es simplemente una etapa indiferenciada de un « sistema-mundo moderno » que existiría desde hace 500 años, como acostumbra decir Immanuel Wallerstein. Por el contrario, es la expresión contemporánea, cualitativamente diferente, del capitalismo. Es una falacia la idea de Wallerstein (La lucha mundial de clases : la geografía de la protesta. La Jornada, México 01/06/2003) de que Bush fue un accidente « militarista macho » y que el gran capital (por lo menos aquel representado por gente como Bill Gates y Soros) quiere un sistema capitalista estable que Bush no les brindó, que puede ejercer su hegemonía con eficiencia económica y sería capaz de crear un orden mundial garante de un « sistema-mundo » que funcionaría con fluidez, aunque sólo fuera para permitir una desproporcionada tajada de acumulación de capital.

No hay un capitalismo enfermo de la mundialización neoliberal y de guerrerismo y otro capitalismo « posible » o utópico, estable y eficiente, que funcionaría con fluidez, libre de las crisis, del militarismo y la guerra y de brotes neofascistas.

Vale la pena citar la opinión sobre Wallerstein del reputado historiador y catedrático barcelonés Josep Fontana.

« Los libros de Wallerstein son útiles como guía bibliográfica, pero este acopio es, como siempre en el estructuralismo, pasivo, sin ninguna aportación personal : el contacto con la realidad está siempre mediatizado por el trabajo de otro investigadores cuyos resultados se encajan en el esquema teórico prefabricado. Por muchas razones el lugar de Wallerstein no debería estar en un capítulo sobre marxismo ni que sea un marxismo degradado, sino cercano a la social hístory o el eclecticismo académico de la escuela de Annales » (J. Fontana : Historia. Análisis del pasado y proyecto social, Ed. Crítica, Barcelona).
La escuela de Annales a que se refiere Fontana es la actividad de un grupo de intelectuales franceses realizada en torno a la revista Annales fundada por los historiadores Marc Bloch y Lucien Favre en 1929 y donde desempeñó un papel determinante Fernand Braudel entre los decenios del 50 y del 70. En 1979 Braudel publicó su obra « Civilización material, economía y capitalismo » en parte influenciada por las teorías de Wallerstein.

Leyendo a Wallerstein no se puede menos que confirmar la exactitud de la opinión de Fontana.

Wallerstein escribe que los movimientos « antisistémicos », sean estos socialistas o nacionalistas, adoptaron en el último tercio del siglo XIX una estrategia en dos etapas : primero llegar al poder estatal, después transformar el mundo. Y durante los « 30 gloriosos » el primer objetivo, es decir la toma del poder estatal, (por parte de los movimientos « antisistémicos ¿la socialdemocracia sería antisistémica ?) se alcanzó en la gran mayoría de los países. No se puede pedir algo más ambiguo, impreciso y en el fondo ajeno a la realidad de los hechos.

Después de calificar como « revolución » las revueltas de 1968, aunque Wallerstein admite que se extinguieron como un « fuego de paja », dice que lo que marcha mejor es la « nueva izquierda » : los movimientos feministas, los movimientos identitarios etno minoritarios, los verdes, los movimientos por la libertad de elección sexual de los cuales emerge lentamente otro movimiento que trata de conjugar sus esfuerzos contra el verdadero enemigo : el neoliberalismo que hace estragos en el mundo político ; que trata de trabajar conjuntamente sin estructura centralizada, ni en los niveles locales o nacionales, ni en el nivel mundial. Se podría dar a esto, dice, el nombre de espíritu de Porto Alegre. Es decir, destaca como una virtud la principal debilidad de estos movimientos : su falta de cohesión.

Después explica que no hay mayor diferencia entre el capitalismo de hace 400 años y el actual que el llama “economía mundo”. (Wallerstein, El Capitalismo histórico, Postfacio de la 2a. Edición, La mundializacion no es nueva).

En otra publicación escribe que cuando el capitalista quiere reducir el precio del trabajo en los costos de la producción deslocaliza su empresa y agrega « como lo hacía hace ya 500 años ». Es verdad, Colón llevó Repsol a América Latina. Y Juan Díaz de Solís la Telefónica española a Buenos Aires.

Wallerstein pronostica que en el plano global se producirá un alza efectiva del salario real de los trabajadores, en detrimento de la tasa de beneficio, tendencia en el largo plazo que culmina ahora después de 500 años de desarrollo (Wallerstein, Los dilemas actuales de los capitalistas, 1999).

Los trabajadores quedan informados : pronto sacarán la lotería capitalista.

La idea de un sistema mundo viejo de 500 años promovida por Wallerstein, es una visión abstracta y general que parece coincidir con el tema de la mundialización capitalista, pero no tiene en cuenta las diversas particularidades, tanto históricas como actuales, del sistema.
Escribe Wallerstein : « No creo que el mercado mundial ‘engendre’ versiones del capitalismo ; tampoco creo que existan múltiples ‘versiones del capitalismo’. Lo que sí creo es que solamente hay una clase de capitalismo, la única que ha existido históricamente. Es esta entidad, única en su género y eminentemente empírica, la que me interesa describir y analizar » (Comentarios sobre las pruebas críticas de Stern”, Revista Mexicana de Sociología, núm. 3, julio-septiembre 1989, México, p. 341).

Este sistema mundo moderno nació – según Wallerstein – a comienzos del siglo XVI cuando Europa resolvió la crisis del feudalismo creando el sistema económico capitalista en el mundo.

Maurice Dobb parecería referirse a Wallerstein. cuando en el prólogo de « La transición del feudalismo al capitalismo » (debate entre Dobb, Sweezy y otros investigadores –serios- del tema) escribió en 1954 : « Pero lo que interesa en último término es la propia realidad histórica y los detalles del debate deben mostrar con prístina evidencia que no se trata en absoluto de acumular datos en un lecho, como el de Procusto, de fórmulas hechas a medida ».

En síntesis Wallerstein. parece ignorar la dialéctica de los procesos históricos, de lo particular y lo general y el papel del grado de desarrollo de las fuerzas productivas en dichos procesos. Así es como puede afirmar que en el siglo XVI Europa parió el capitalismo mundial tal como lo conocemos ahora.

Los analistas de Wallerstein dicen que es « circulacionista » o sea que, en sus interpretaciones de los procesos históricos, privilegia el papel del mercado sobre la esfera de la producción. El mercado desempeñó un papel importante en la sociedad esclavista y en la sociedad feudal y constituyó una condición necesaria para el desarrollo del capitalismo. Pero su contribución para tal desarrollo no fue suficiente y debieron producirse avances técnicos que posibilitaron nuevos métodos de producción y la emergencia de dos nuevas clases, la capitalista y la proletaria y la explotación de la segunda por la primera en el proceso de la producción. La explotación capitalista en la esfera de la producción sigue constituyendo el núcleo que caracteriza al sistema capitalista actual, sin ignorar por ello la transferencia de las riquezas producidas por los trabajadores hacia los dueños del capital financiero por distintos medios, sin pasar por la esfera productiva : especulación, intereses usurarios por deudas reales o supuestas, apropiación de los ahorros de las clases modestas, inflación, etc.

El análisis fundamentalmente equivocado del sistema capitalista actual que hace el señor Wallerstein lo lleva a decir en su nota publicada en La Jornada del 3 de junio y en El Correo de la Diaspora Latinoamericaine del 9 de junio que « el pastel total se encoge », lo que es inexacto pues la tasa del PBI en casi todos los países del mundo es positiva. Lo que ocurre en realidad es que se encoge la parte del pastel destinada a los trabajadores de todos los niveles, pues la transferencia de riquezas de éstos hacia el gran capital se acelera mediante la exacerbación de la explotación y el creciente despojo directo realizado por el capital financiero.

Decir que el « pastel total se encoge » es una falsa explicación de la crisis actual que sirve para que los gobiernos digan que el momento « exige sacrificios de todos », aunque en los hechos los únicos sacrificados sean « los de abajo ».

Dicho de otra manera, el señor Wallerstein ignora en sus análisis la contradicción fundamental del sistema capitalista, caracterizado por la propiedad privada de los instrumentos y medios de producción : que entre la producción social y el consumo social se interpone la apropiación privada de las riquezas producidas. Lo que, entre otras cosas, da lugar a las crisis periódicas, que ahora se repiten casi sin solución de continuidad.

* Alejandro Teitelbaum. Abogado, Universidad de Buenos Aires
Diplomado en relaciones económicas internacionales en la Universidad de Paris I. Autor, entre otras publicaciones, de «  La armadura del capitalismo. El poder de las sociedades transnacionales en el mundo contemporáneo
 »
, Editorial Icaria, España, 2010.

El Correo. París, 10 de junio de 2012.

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