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19 août 2010

¿Llega a su fin el paradigma del crecimiento ?

par Carlos Santiago

 

La contradicción pública surgida luego del brulote de Búsqueda en contra el decano de la Facultad de Humanidades, Álvaro Rico, mostró los aspectos de intolerancia existentes en la realidad intelectual uruguaya que, además de darle pasto a las fieras de nuestro pequeño mundillo político, no dejó muchos elementos enriquecedores.

Y ello porque en nuestra opinión no se aclararon que algunas de las investigaciones que se iniciarán en la referida Facultad, duramente criticadas por Paolillo, son justamente los temas que están en el interés académico de los sociólogos de universidades más prestigiosas del mundo.

El propio diario El País en su página editorial, de militancia constante contra todo camino progresista, cuestiona que Rico impulse como un tema esencial de análisis de investigación académica, las salidas al capitalismo, creyendo que para los investigadores de Humanidades la conclusión más clara será volver a las tesis ya perimidas del marxismo leninismo. Solamente una visión profundamente intolerante y negativa sobre nuestra realidad académica, puede hacer que un editorialista de ese órgano de prensa llegue a esa conclusión, cuando hoy este tema es uno de los puntos de los análisis más inquietantes. ¿Pretenden que nuestra Universidad estatal no profundice sobre estas cuestiones y el país, como casi siempre ocurrió, en lugar de recorrer caminos propios, copie los ajenos ?

Las esperanzas que abrigaron algunos en el pasado sobre el cambio cualitativo del mundo, confiados en « reformas revolucionarias » que comenzarían al interior del sistema bajo la presión de las luchas de los sindicatos, y que según aquella ingenua creencia, terminaría por transferir a los trabajadores (la clase obrera, como gustábamos denominarla en aquel lenguaje « clasista »), ya no existen más. Se han derrumbado en el enorme océano del mercado de la globalización. Pero algunos sostienen que este mecanismo, de continuo recalentamiento de la economía, de lucha por ampliar el consumo, la que encabezan también los sindicatos, es inviable.

Hoy se abren multiplicidad de caminos. El derrumbe de las bolsas de valores, que cerraron el telón de la desastrosa presidencia de George W. Bush, simbolizaron el fin de una era marcada por la dominación unilateral de Estados Unidos y sus aliados europeos, a lo que sumó el triunfo de Barak Obama. El poder mundial se desplazó y las relaciones internacionales entraron en ebullición.

Se anuncia un mundo nuevo, multipolar, de imprevisibles consecuencias. El ascenso de China, un gigante gobernando por un Partido Comunista y en donde la explotación de los trabajadores llega a niveles desconocidos en occidente, el poder de los movimientos de izquierda en América Latina que en varios países han llegado a los gobiernos, las crisis endémicas en la Comunidad Económica Europea, etc., son hechos que trastornan la geopolítica planetaria en todos los planos : financiero, comercial, político y militar

Hay quienes sostienen que la trampa neoliberal se ha desarmado y los Estados - Nación regresan con fuerza. ¿Es que se acerca el fin del paradigma de la economía de continua acumulación ? Entonces, ¿porqué no preguntarse que salidas existen para encaminarse con éxito en esta nueva realidad mundial ?

Hay pensadores de la enjundia y profundidad del desaparecido André Gorz, que han elaborado una visión aguda y prospectiva, estampada en negro sobre blanco en uno de sus últimos trabajos conocidos [1], en que refleja una realidad incontrastable : la producción en el sistema capitalista necesita cada vez menos trabajadores activos, afirmación qué perfectamente podemos trasladar a lo que ocurre en nuestra producción agropecuaria, en que la mano de obra permanente, el viejo campesino, es sustituida de manera creciente por empresas que realizan tareas zafrales con mínimas cantidades de personal.

« La producción – dice Gorz – requiere cada vez menos trabajo, distribuye cada vez menos poder de compra y necesita cada vez de menos trabajadores activos ». Este es un primer síntoma negativo para la salud del actual sistema, hoy envuelto en otras de sus crisis periódicas, a la espera de la etapa recesiva. El trabajo aparece en el sistema cómo cada vez más discontinuo, disperso entre prestatarios de servicios externos o zafrales sin comunicación entre sí (en nuestro país tenemos más ejemplos insipientes al respecto), relacionados por un contrato comercial en lugar de un contrato de trabajo. (Las tercerizaciones, los contratos de servicio y de obra, etc.)

Gorz no es nada optimista en este proceso, dice : « Las promesas y los programas de « retorno » al pleno empleo son espejismos », cuya única función es « mantener el imaginario salarial y mercantil », es decir, mantener la idea de qué el trabajo debe ser necesariamente vendido a un empleador y los bienes de subsistencia comprados con el dinero ganado. Para el pensador, esto está demostrando que dentro del sistema no hay otra salida que no sea el sometimiento del trabajo al capital, y que « no hay vida y sociedad más allá de las necesidades del consumo de mercaderías » « No hay vida ni sociedad más allá de la sociedad de consumo y del trabajo mercantilizado, ni otro modelo que no sea el del capitalismo » – agrega.

Esta realidad que, sin duda, es la hegemónica, impide vislumbrar cualquier posibilidad de salir rápidamente del capitalismo cerrando, también, todo camino distinto, inclusive construido en un imaginario anticapitalista. Un sistema, claro, con pies de barro. Con una vida claramente limitada por la necesaria « reestructuración ecológica » que se producirá indefectiblemente en el planeta, rompiendo la lógica económica del crecimiento permanente que se mantiene desde hace 150 años. Verdadero paradigma del capitalismo en el que se avanza mecánicamente hacia un cataclismo planetario de imprevisibles consecuencias.

Mejor nos explicamos para que no le parezca al lector que hablamos de temas distintos. Sin duda que uno está vinculado con el otro. Si la tendencia actual del crecimiento se prolonga, el Producto Interno Bruto (PIB) se multiplicará por un factor de 3 o 4 de aquí al año 2050. Pero, ahí está la cosa : Según el informe del Consejo sobre el Clima de las Naciones Unidas, las emisiones de C02 deberán reducirse en alrededor de un 85% hasta esa fecha límite, siempre que antes de esa fecha no se supere un calentamiento climático a 2°C como máximo. Más allá de esa temperatura, las consecuencias serán irreversibles e incontrolables para la vida sobre el planeta tierra.

De seguir las cosas como hoy la reestructuración del sistema se hará imprescindible y con ella un cambio en las condiciones de vida, que no podrán seguir atadas al consumo. Ello supone otra economía, otros objetivos de sociedad, otro estilo de vida y, quizás, otro tipo de civilización. En ausencia de esa reestructuración, el decrecimiento corre el riesgo de ser impuesto por la vía de los hechos, a fuerza de restricciones, racionamientos y asignaciones de recursos características de una economía de guerra.

¿Cómo será el futuro ? Lo decimos porque el 2050, si bien es inalcanzable para nosotros, no lo es para muchos de nuestros jóvenes, quizás nuestros nietos. Faltan tan solo 40 años de la fecha límite manejada por los teóricos del cambio climático, entre los que se encuentran los más conservadores estudiosos que arribaron alarmados a estas conclusiones. El sistema de sociedad basada en el crecimiento continuo, no tiene futuro, de no adoptarse medidas de fondo que contengan el calentamiento climático.

Sin embargo, la base del capitalismo financiero, sus formas y mecanismos, hacen muy dificultoso el camino de la contención de las emisiones de C02. El ejemplo está incluso entre nosotros, en donde las fuentes de energía son administradas monopólicamente por un organismo del Estado (UTE), que parece no tener en claro, todavía, la necesidad que existe de no contaminar la atmósfera con emanaciones indeseables de C02. No es nada fácil entender la problemática planteada y su significado de cambio hacia el que camina, al parecer, indefectiblemente el sistema. Es que la sociedad de consumo nos acompaña desde la infancia. Es ella sus referencias nos permiten situarnos, compararnos y valorizarnos y nos moldean nuestras costumbres y formas de vida, construyendo un sistema de socialización completo que ahoga el sentido de la adquisición y corrompe, como dice Gorz, la noción del deseo.

El capitalismo provoca en esencia necesidades y objetivos para el ser humano que hacen a los objetivos de toda una vida. La lógica de las necesidades se extiende a la totalidad de las necesidades humanas, transformándolas en objetivos de consumo. Los seres humanos se transforman en productores/consumidores. En alguna manera no es aventurado señalar que se pasa toda la vida tratando de satisfacer esos objetivos de consumo, cuya no satisfacción provoca graves consecuencias en la sociedad misma, pues los excluidos sienten de lograr algunos símbolos que el consumo otorga, violentando las leyes de convivencia.

« El condenado al trabajo y los forzados al consumo son dos caras de un mismo rostro, el del homo economicus - dice Paul Aries, agregando – Se comienza por consumir objetos, luego otros seres humanos (violencia, presiones) y finalmente se consume a sí mismo en drogas, sectas y suicidios »

Si los investigadores de nuestra Facultad de Humanidades se sumergen en esta temática, irán por buen camino. El otro tema elegido para la diatriba contra Rico, el papel del PCU durante la dictadura, es insignificante ante la magnitud de la problemática planteada.

Bitácora . Uruguay, 19 de agosto de 2010.

Notes

[1Manifiesto Utopía. (Editorial Parangón/vs)

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