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30 novembre 2002

La crisis argentina de la miseria.

Basura y hambre son los emblemas neoliberales.

 

Hugo Presman opina sobre la crisis de la miseria en argentina, que es la crisis del sistema de la llamada globalización neoliberal.

Por Hugo Presman*

El tango nos mintió. Dijo que veinte años no es nada. En un poco más, en casi tres décadas, la sociedad más integrada de América Latina se convirtió en un país demolido, donde los sobrevivientes son rodeados por la pobreza y la indigencia. El trabajo fue reemplazado por la especulación, la producción por las importación, las fábricas por las mesas de dinero. Las escuelas son comedores que intentar educar a estómagos vacíos, a chicos a los que la falta de alimentación adecuada les quitó neuronas y futuro, la justicia se encarga de penalizar a la pobreza, la policía tiene la doble personalidad de encarnar en una sola institución el delito y la intención de combatirlo. El servicio penitenciario se asocia a los detenidos para constituir sociedades para delinquir. El Estado distribuye en favor de los poderosos, entregando a las víctimas las míseras sobras de las injusticias que convalida.

Algunos sectores del periodismo ejercen la denuncia y la justicia mediática, los empresarios sobrevivientes son tan miopes y rapaces que no se dan cuenta que las sucesivas racionalizaciones de sus empresas terminan con los asalariados y por lo tanto con el mercado. La derecha es criminal y la izquierda infantil. El centro cree que la televisión es la forma excluyente de hacer política, los gobernadores confunden política con asistencialismo clientelístico. Los gurúes presentan el interés de sus clientes como el interés nacional, la militancia fue reemplazada por los operadores, los partidos amarrados al modelo fueron vaciados de la misma forma que fue devastado el país.

Como respuesta defensiva en un país fragmentado surgieron el trueque, los comedores solidarios, las asambleas barriales, las empresas autogestionadas, los piqueteros, las redes solidarias.

Sectores de clase media despertaron de la fiesta de los sectores concentrados de la economía donde recibían, en la cocina, los trozos menos apetecibles del banquete. Durante años comieron pollo y hacían provechito como si comieran caviar. Cerraron los ojos a la destrucción y trapisondas de la época, y como ’medio pelo’ gritaban a favor de que le fueran serruchando la rama sobre la que se apoyaban. Los piqueteros, los desocupados eran los intrusos indeseables que molestaban para saborear en plenitud el salmón escandinavo, las pastas italianas, las naranjas israelíes, la crema chantilly australiana, las mollejas norteamericanas, el ajo y el perejil de cualquier punto del planeta. Los asalariados quedaron aprisionados en las cuotas de bienes de distintos valor - electrodomésticos, autos, terrenos, inmuebles, viajes - que como anteojeras seductoras compraban el silencio ante la destrucción generalizada. Los medios mostraban la fiesta mientras la desocupación, el cierre de empresas, la deserción escolar, las carencias de salud, la abolición virtual de la jubilación, los pueblos fantasmas, eran ocultados para no aguar los festejos. Se predicaba el Primer Mundo y miles y miles de argentinos paseaban su inmolación futura por Miami, Punta del Este o Cancún. "Caras" era el boletín oficial de los festejos, las privatizaciones la viga maestra de la modernidad y el Estado ausente la muestra palpable que el mercado lo resolvía todo, desde la salud y la educación a la distribución de los ingresos. Si alguien se impacientaba, se lo consolaba con la teoría del derrame. Los acreedores y usufructuarios de mercados cautivos exultaban alegría, eran generosos en sus lisonjas y los tilingos y el medio pelo se alegraban de la satisfacción de los triunfadores. "Pobres habrá siempre" decía el presunto viñatero de Anillaco en la versión de los Evangelios según San Menem. La Alianza decidió cumplir con la única promesa que conducía a su inmolación : se encadenó a la convertibilidad y fue catapultada del poder con su implosión. Su figura más lúcida confundió un conservador con un moderado. Adolfo Rodríguez Saá pasó como una ráfaga, acompañado de algunos impresentables, con un discurso disonante con el monólogo único. Duhalde intentó encontrar la salida entre sus claudicaciones, su aparato mezcla de clientelismo y mafia, y con algunos de sus asesores extraídos del curanderismo.

Basura

Cuando los ahorros fueron expropiados y los bancos, los templos del capitalismo financiero se mostraron como vulgares delincuentes, los pequeños y medianos inversores descubrieron la calle y la protesta. Sobre un país en depresión profunda, vaciado y desindustrializado, la devaluación y la inflación llevó al grueso de la población a la pobreza y a la indigencia. De aquella sociedad que vivía en un modelo en varios aspectos deficitarios como el de sustitución de importaciones, se pasó al neoliberal abonado por el terrorismo de estado y los golpes de mercado. En 1974 la diferencia entre el 10% más rico y el 10 % más pobre era de 8 veces. Hoy es de 34. Isabel Martínez, la dictadura genocida, Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde lo hicieron posible. Sin lugar a dudas los ’meritos mayores’ se lo llevan los períodos 1976-1983 y 1989-1999.

Corrido el escenario, quedó la resaca. Quedó la basura como tema de discusión. Un ejército de ex asalariados desocupados, obreros e integrantes de clase media en veloz descenso ocupan la capital y otros centros urbanos. Y entre los que sobreviven con lo que otros tiran y un empresario bien posicionado en las encuestas se da una discusión digna del modelo que la provoca. Macri que se enriqueció a costa del estado, que recibió concesiones por la cual no paga el canon, que fue imputado de contrabando, que fue propietario de la basura discute con los excluidos el destino de la misma. El modelo metaboliza la injusticia y los propietarios de la iniquidad son tan rapaces que se quieren quedar con la totalidad de los detritus sociales. En la fiesta se importaba como quintaesencia de la modernidad caca francesa. En la debacle se polemiza, después del vaciamiento y la entrega del patrimonio social, por la propiedad de la basura.

Hambre

En la fiesta el tema era la bulimia y la anorexia de los que pudiendo comer, preferían optar por la silueta que fija los parámetros de la belleza.

En la resaca, el tema es el hambre. Los que compraron el discurso primermundista, los que se enamoraron de los shopping, los barrios cerrados y de las cuatro por cuatro para andar por las calles urbanas, los que se sentían cerca de Nueva York, se despertaron con escenas que sólo habían visto en Biafra o Somalía. Los medios descubrieron el hambre que minimizaron, los ganadores se sienten amenazados por las consecuencias de las políticas que aplaudieron hasta el paroxismo. Si la Argentina es el quinto productor mundial de alimentos y el primer productor per capita, la existencia del hambre sólo se explica por la distribución regresiva del ingreso hecha por los militares y los falsos herederos de los dos movimientos populares del siglo XX.

Miguel Angel Broda, el principal gurú de la City, dice ahora que "la Argentina cometió un autoatentado". ¡Que obra maestra del horror cometieron los autores beneficiarios y cómplices del neoliberalismo ! En América Latina es pobre el 50% de la población. Las principales víctimas son los chicos. El 60 % de los niños latinoamericanos es pobre. Argentina supera la media latinoamericana con un 70%. ¿Como que 25 años no es nada ? En un cuarto de siglo, el neoliberalismo redujo al hambre y a la miseria a la sociedad más integrada e industrializada de América Latina. La de mayor nivel social. La de mayor movimiento obrero. La de mayor sindicalización, aunque con rasgos progresivos de burocratización e irrepresentación creciente. La transformaron al nivel que la basura sirva precariamente para saciar el hambre.

El neoliberalismo reduce el presente a la mera actualidad. Es un presente que amputa los proyectos, no dejando espacio para ningún futuro. La vida queda reducida a la mera sobrevivencia y al pasado se lo cercena , se lo recorta, se lo manipula para justificar la devastación presente.

El grado de concentración de la basura, no precisamente la que revuelven los cartoneros, debe haber llegado a un grado irrespirable si la Suprema Corte de Justicia de Tucumán quiere penalizar a los padres de los chicos desnutridos con la imputación de abandono de persona. Hay generaciones de desnutridos en Tucumán desde el cierre de ingenios realizado por Juan Carlos Onganía. Ahí donde pasaron desde 1983, Fernando Riera, José Domato, Ramón Ortega, Domingo Bussi y Julio Miranda. Todos profundizando la miseria y apoyando calurosamente el sistema que fabrica pobres en forma incesante. Esos que sin conocer a la poetisa Alejandra Pizarnik saben la verdad de su frase : "Es tan lejos pedir y tan cerca saber que no hay". O como sostiene con precisión Orlando Barone en la revista Tres Puntos : "Hace no tanto tiempo en los actos públicos en Tucumán se cantaba La Felicidad. En verdad éste era un país tan feliz que no se daba cuenta de que estaba dando a luz niños muertos".

En medio de un escenario afiebrado, el padre Grassi se muestra eufórico por haber quedado en libertad condicional bajo la acusación de abuso deshonesto agravado. La derecha(Ramos, Hadad, Grondona, Neustatd, Portal, etc) que desocupó a los padres de los chicos de la calle que recoge la Fundación ’Felices los Niños’, demuestran una hipócrita preocupación, muy similar a la "sensibilidad" de los apropiadores de chicos bajo la dictadura que lo adoptaban falsificando su identidad después de asesinar a sus padres.

En éste contexto, Carlos Menem amenaza con dar una nueva vuelta de tuerca neoliberal ingresando al ALCA y usando a las fuerzas armadas para reprimir la protesta social, mientras amenaza con implantar el Estado de Sitio. El ex presidente, para los desmemoriados, es presidente del partido que en épocas muy lejanas levantaba la bandera de la justicia social y denostaba al liberalismo.

El subcomandante Marcos sostiene que : "El neoliberalismo es la internacional de la desesperanza". Salvador Allende en su discurso postrero sostuvo que " La historia es nuestra y la escriben los pueblos". Entre la basura, el hambre, la miseria, la solidaridad va tejiendo embrionariamente el entramado que entierre el neoliberalismo. El discurso único no puede zurcir los agujeros negros que produce su aplicación. Parece eterno el viraje, pero como dice José María Pasquini Durán : "Cambiar el mundo no es una tarea para impacientes o conformistas". En las calles se cocina a fuego lento la rebeldía. Esa rebeldía que como dice el guerrillero intelectual de la Selva Lacandona ’es un dolor del que no vale la pena curarse nunca’.

* Hugo Presman es periodista.

Argenpresse.info, fecha publicación : 28/11/2002.

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