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7 avril 2010

Haití :
el costo de cargar maletas

par José Steinsleger *

 

Los cataclismos trastornan la vida de los pueblos. El Diluvio anegó las civilizaciones de la Mesopotamia bíblica, la corriente de El Niño influyó en el declive de los antiguos mayas ; el terremoto de 1985 cimbró el orden político en México ; pequeños estados insulares empiezan a ser tragados por el Pacífico ; California se desprenderá del continente mañana, o en los próximos 500 años ; la tala de la Amazonia (pulmón del planeta) deja áreas gigantescas de color ocre.

El terremoto de Haití fue más devastador, aunque menos intenso que el de Chile. ¿Porque Haití es más pobre ? En 2005, un huracán destruyó Nueva Orleáns, ciudad ubicada en un estado (Louisiana) que tiene cuatro veces menos de habitantes, un PIB similar y un per cápita cinco veces mayor al de Chile. Levantada por esclavos africanos, la cuna del jazz se reconstruye con salarios del primer mundo. En cambio, el país « modelo » de América Latina reconstruirá sus ciudades con salarios del cuarto mundo.

¿Pero qué será de Haití ? El primer cataclismo de La Hispaniola (así llamada por Cristóbal Colón) acabó con su población nativa. Poco más extensa que Zacatecas (76 mil 480 kilómetros cuadrados), la isla antillana estuvo habitada por 350 mil arawacs, caribes y taínos, pueblos borrados del mapa por Bartolomé y Diego Colón, hermano e hijo del almirante.

El segundo cataclismo duró cerca de 300 años, y consistió en la importación de millones de esclavos africanos. El tercero fue la guerra por la independencia en la que 100 mil esclavos murieron en combate (1791-1804), el cuarto fue el ensañamiento de la blanquitud con la república independiente, y el terremoto de enero pasado expulsó a los haitianos a los confines de la civilización.

La independencia de Haití ha sido deliberadamente ignorada por negra, antiesclavista, anticolonialista, antintervencionista, anticlasista, por derrotar en el terreno militar a los tres grandes imperios de la época, y por emplazar al pensamiento eurocéntrico, haciendo crujir las marquesinas filosóficas de la civilización occidental.

La primera y última rebelión victoriosa de esclavos en la historia de la humanidad guardó profundas diferencias con el resto de los procesos independentistas de América hispana. Los haitianos defendieron a tal grado su noción de libertad, que las juntas emancipadoras del continente optaron por soslayar sus alcances políticos y densidades conceptuales.

El escritor cubano Alejo Carpentier observó que entre los enciclopedistas franceses la idea de independencia tenía un valor meramente filosófico : « Se dice independencia frente al concepto de Dios, frente al concepto de monarquía, y la libertad individual del hombre. Pero nunca hablaron de independencia política o emancipación total, como en Haití ». Los sabios de la época no quisieron estudiar a Haití. Para ellos, los negros eran una especie de dudosos atributos humanos.

Ahí tenemos a John Locke (1632-1704) escribiendo a la luz del candil sus ensayos sobre el entendimiento humano, mientras endulza el té cosechado por los esclavos de Inglaterra en India, con el azúcar de los esclavos de Europa en las Antillas. Y ahí tenemos a Charles-Louis de Secondat (barón de Montesquieu y Señor de la Bréde), quien posiblemente fumaba algo especial cuando en El espíritu de las leyes (1748), atusándose el bigote, explicó sus curiosas teorías sobre el azúcar, que :

« … sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro ».

El empirista Locke y la "democracia moderna". Su discípulo Montesquieu y la « división de poderes ». El epicúreo Rousseau y su « buen salvaje ». El cínico Voltaire y sus « críticas » al poder. El deista Diderot y la legitimación del colonialismo en su Enciclopedia. El humildísimo Napoleón y su famoso Código Civil que los estados modernos de América hispana clonaron en el siglo 19.

Concedido. Los ideólogos del llamado Siglo de las Luces murieron sin enterarse de la revolución francesa y de las rebeliones de los esclavos en Haití. ¿Y Carlos Marx ? ¿Alguno de sus biógrafos nos explicó por qué habiendo sido un atento lector de La riqueza de las naciones (Adam Smith, 1776), Marx investigó la cuestión colonial en Irlanda e India, y pasó por alto la feroz guerra independentista en la colonia que generaba 75 por ciento de la producción mundial de azúcar, generando a Francia más beneficios que las 13 colonias de Inglaterra en América del Norte ?

Como fuere, el escritor y político dominicano Juan Bosch acertó al advertir que « … cualquier estudioso de Marx puede encontrar en la revolución de Haití todas sus ideas convertidas en hechos ».

La revolución haitiana (1790-1804) fue « la más compleja de los tiempos modernos » (Bosch), y en íntima conexión con la revolución francesa tuvo lugar en cinco dimensiones entrecruzadas y superpuestas :

1) Guerra de clases entre grandes propietarios blancos y mulatos dueños de un tercio de la riqueza y de la cuarta parte de los esclavos. Ambos sectores impulsaban la autonomía y algunas medidas revolucionarias, reconociéndose aliados de Francia, y no su propiedad.

2) Guerra social de amos contra negros que trabajaban bajo el régimen de esclavitud, modo de producción que los economistas modernos llaman, eufemísticamente, « economía de plantación ».

3) Guerra racial de negros contra blancos y mulatos, luego que la revolución francesa no había dedicado una sola palabra a la esclavitud, dejando el conflicto en manos de las autoridades coloniales.

4) Guerra antintervencionista de blancos, mulatos y negros contra Inglaterra y España, potencias que invadieron la isla con el propósito de conjurar la difusión de las ideas revolucionarias en sus colonias del Caribe.

5) Lucha nacional, anticolonial y antimperialista de haitianos contra franceses hasta alcanzar la independencia total.

En Francia, la influyente Sociedad Amigos de los Negros agrupaba en realidad a los amigos de los mulatos. Muchos mulatos se habían educado en la metrópoli, donde no eran víctimas de la discriminación que padecían en su propia tierra. Los mulatos tenían un nivel económico similar al de los blancos, pero con estatus social diferente. Y hasta el decreto revolucionario del 24 de septiembre de 1791, no podían ejercer las profesiones liberales ni presentar candidatos en la colonia.

Simultáneamente, los cielos de Haití se pintaban de negro. En las fiestas y banquetes de las autoridades, comerciantes, navieros, militares, aventureros, banqueros, diplomáticos, los esclavos con peluquín y disfrazados de meseros elegantes, oían con atención. A espaldas de los comensales (uno por silla), los negros oían que el pueblo francés debatía, que la Corte era incapaz, que los campesinos saqueaban las bodegas, que los pobres escupían al paso de los ricos, y que un tal Robespierre exigía el derecho de ciudadanía para los negros y mulatos.

Totalmente alborotados, los sirvientes retornaban a los barracones, donde las esclavas también aportaban información. Era común, en las haciendas, que las aburridas esposas de los colonos aliviasen el tedio confesando sus más íntimos secretos a las negras que, no menos aburridas, las abanicaban.

Primera parte : La Jornada . México, 31 de marzo de 2010.

Segunda parte : La Jornada . México, 7 de abril de 2010.

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