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11 de mayo de 2011

¿Hacia el agua tecnológica? :
El proyecto planetario de las multinacionales

por Riccardo Petrella *

 

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Del concepto de gestión integrada de los recursos de agua al de escasez, de ahí, a la afirmación de que la salvación está en « el agua tecnológica », los tenedores de la mercantilización de este bien común esencial libran desde hace treinta años una batalla ideológica. Con éxito, ya que desde ahora, sus tesis hacen las veces de doxa para todos los poderes vigentes. Sin embargo, no resisten las pruebas de los hechos.

Se nos quiere hacer creer que el agua no es más de lo que es. El quiebre comenzó en 1992. Por primera vez, los poderes económicos y políticos de los « países del Norte » afirmaron — y es admitido por la comunidad internacional — que el agua debía ser considerada esencialmente como un « bien económico » según los principios de la economía capitalista de mercado [1]

Sobre esta base, el Banco Mundial — uno de los mentores y promotores de este cambio — elaboró e impuso a través del mundo, a partir de 1993, el modelo que debía permitir, según él, « administrar » de manera óptima los recursos hídricos del planeta. Se hace referencia a la Gestión integrada de los recursos de agua (GIRE) [2] cuyo postulado fundador es la fijación de un precio basado en la « recuperación de los costos totales » (full cost recovery principle) — incluida la remuneración del capital invertido, que asegura así a los inversores un rendimiento financiero razonable.

Bajo el impulso principalmente de la Asociación Mundial para el Agua (Global Water Partnership, GWP), los principios de la GIRE se convirtieron en la línea rectora de la mayoría de los gobiernos de los cinco continentes [3]. Numerosos sindicatos del « Norte » no se opusieron. El mundo académico, en general, se alineó. Así, la « recuperación de los costos totales » fue adoptada por todas las agencias especializadas de la ONU. Es la espina dorsal de la Directiva Marco Europea del agua (DCE) del año 2000. Según los autores, también inspiró la primera « gran » ley italiana sobre el agua, la ley « Galli » de 1994.

El argumento clave, que contribuyó a hacer creíble y justificado el quiebre — cuando no lo era —, fue la disminución creciente del agua de calidad destinada al consumo humano. Estos grupos hicieron creer que los fenómenos de agotamiento eran inevitables ya que, debido al aumento de la población mundial y al desarrollo económico permanente, cada vez se necesita más agua. Ahora bien, las principales causas de la disminución de la calidad del agua — que es real — son reparables y reversibles, ya que están vinculadas al mal uso del agua (extracciones que no respetan la tasa natural de renovación de los cuerpos hídricos, contaminaciones masivas y devastadoras de las aguas, ausencia y/o debilidad de la normas de gestión compartida y solidaria de las aguas, principalmente transnacionales etc.).

Al manipular los hechos, los grupos dominantes impusieron la idea de que la crisis mundial del agua es esencialmente una crisis de escasez, que esta escasez permanecerá, incluso aumentará en el futuro a causa del cambio climático y que, en consecuencia, la gestión del agua deberá ser una gestión eficaz de un recurso económico escaso, cada vez mas importante estratégicamente para la seguridad económica de cada país.

Esta tesis no es propiedad exclusiva de las grandes empresas multinacionales privadas del agua y de las grandes organizaciones internacionales públicas [4]. Es claramente el soporte central de la política del agua de la Comisión Europea [5].

En boga entre las clases dirigentes desde hace más de veinte años, estas elecciones ideológicas contribuyeron a forjar y a difundir otras « tesis sobre el agua » cuyo poder de influencia sobre la opinión pública está en aumento.

Tres de ellas merecen ser combatidas con fuerza y perseverancia.

Agua y valor económico

La primera se refiere a la necesidad de atribuir un valor económico al agua. Valuing water es una de las fórmulas que posee un potencial de quiebre ideológico (política, cultural, social y humana) de los más « poderosos » para el futuro de las sociedades y para la vida en el planeta.

Definir y medir el valor del agua es el caballito de batalla preferido de todos los que piensan el agua y su administración en términos de « bien económico » [6]. Dicen que debido a la ausencia de esta « monetización » del agua, los capitales privados de todo el mundo nunca estarán lo suficientemente interesados en invertir las gigantescas sumas de dinero (varias decenas de miles de millones de euros durante los treinta próximos años) [7] necesarias para luchar contra la escasez y los efectos del cambio climático sobre el agua.

Valuing water significa, principalmente, que la rentabilidad de los bienes y servicios de las actividades hídricas, determinada por las transacciones financieras sobre estos bienes y servicios en función de sus « precios mundiales » (muy a menudo sujetos a los movimientos especulativos), establecerá el valor del agua. Éste, entonces, variará en tiempo y espacio en función de la contribución de las empresas administradoras del agua a la creación de valor por parte de los tenedores y propietarios de los capitales invertidos.

El interés por esta fórmula está vinculado al hecho de que si la gestión óptima integrada pasa por un precio del agua que refleja los costos reales, se hace indispensable aplicar al ciclo económico del agua y a cada una de las funciones del ciclo, el cálculo de la « cadena de valor » típica de la economía capitalista de mercado.

Esto permitiría, según los grupos dominantes, medir correctamente cada función en la creación de valor para el capital y decidir si, cuándo y sobre qué bases, es conveniente segmentar o especializar la gestión de las diferentes funciones, una tendencia actualmente manifiesta.

Esto no significa la dispersión de las empresas. Al contrario, segmentación y especialización no deben impedir la integración de las funciones en el marco de la formación de grandes grupos industriales y « multi-utilities » multinacionales activas en los mercados bursátiles.

Emblemático es el caso de los grandes grupos franceses Veolia y Suez cuyo sector del agua, por un lado, es uno de los « métiers » (junto con el transporte, los desechos, la energía, las consultoras de ingeniería etc, que son tan o más importantes que el agua) y por el otro, posee en su seno la existencia de diferentes empresas activas respectivamente en la protección del medioambiente, la captación, la potabilización, la distribución del agua potable, el saneamiento, el reciclaje de aguas residuales, la desalinización del agua, los servicios tecnológicos, la gestión informática de los servicios hídricos, la gestión de las pérdidas, etc.

El mito de la empresa indiscutible

De la segunda tesis (tan mistificadora como la primera) se desprende que: las empresas privadas poseen el saber, el conocimiento, las competencias, y… el dinero. Corresponde a los poderes públicos potenciar y dar libertad de acción a las empresas privadas a través de medidas legislativas, administrativas y financieras apropiadas, en el marco de una asociación de sectores públicos y privados (PPP), y de un gobierno de múltiples actores (« stakeholders »). Un estado « fuerte », convencido de su rol de facilitador de la iniciativa privada, al servicio de la libertad de los consumidores y de los inversionistas.

Nunca antes la cultura antiestatista, oligárquica y antisocial había sido tan explícita y brutal en el ámbito del agua. Y nunca, en caso de aceptación de esta tesis por parte de los poderes públicos, la abdicación de los poderes públicos y su sumisión a los intereses de los grupos privados habían sido tan profundos.

Aunque pueda parecer imposible, la idea de que el estado y las autoridades locales ya no poseen los recursos financieros necesarios para hacer frente a las necesidades en cuanto a inversiones en infraestructura, los bienes y servicios indispensables para el derecho a la vida de todo ser humano y al vivir en sociedad, actualmente es compartido por la gran mayoría de las clases dirigentes políticas. ¡Incluso la gente está convencida de ello!

El agua « tecnológica », salvadora de la humanidad

La tercera tesis es la más « nueva », vanguardista y, en ese sentido, la más cargada de incógnitas y peligros: « el agua tecnológica », salvadora de la humanidad.

Para responder al imperativo de la oferta creciente de un agua destinada al consumo humano, los grupos dominantes cuentan con tres medios tecnológicos, ya en funcionamiento pero que están destinados, según ellos, a garantizar la seguridad y el desarrollo económico en el futuro.

Se trata:

de una mayor productividad del agua, de saber producir además bienes y servicios, y continuar creando el valor para el capital, con menos agua. Aplicada a la agricultura, por ejemplo, esta formula se traduce en « more crops per water drop »: gracias a la tecnología, diremos, menos necesidad de agua de lluvia para regar los campos agrícolas;

el tratamiento de aguas residuales y su reciclaje para uso doméstico, en la agricultura etc. Desde hace poco, Singapur utiliza agua reciclada. Cada vez más ciudades buscan garantizar su suministro hídrico a través del tratamiento/reciclaje, incluso parcial, para las actividades industriales, o los usos colectivos (lucha contra incendios, limpieza de calles, riego de parques y jardines públicos, etc).

la desalinización del agua de mar. Tras su reciente crisis de escasez, Barcelona se dotó de la segunda más grande estación de desalinización europea. Israel y la mayoría de los estados de la península arábica, así como España y Estados Unidos, son los principales productores u usuarios de agua desalinizada en el mundo. China acaba de abrir cuatro estaciones de desalinización para ciudades de mas de 250 000 habitantes, y parecería que decidió optar por una gran y masiva expansión de la producción de agua desalinizada durante décadas futuras para calmar la sed de decenas de millones de ciudadanos.

Nadie se negaría a este desarrollo, al contario, habría que alentarlo. Los interrogantes y las preocupaciones surgen en caso de que este desarrollo sea llevado a cabo – por razones sostenidas por las dos primeras tesis y todo lo que las precede – bajo el auspicio y el dominio de los capitales privados, por empresas privadas, según los mecanismos de mercado.

Si este debería ser el caso, es evidente que el agua se convertiría definitivamente en nuestras sociedades, en un producto industrial o económico, una mercadería.

El agua desalinizada en el marco de una lógica mercantilista, industrial y económica privada ya no será, ni podrá ser considerada como un don de la vida, un bien natural universal, el ejemplo de la « gratuidad de la vida » (es decir que la responsabilidad global del agua, incluida la responsabilidad económica queden en manos de la autoridad local), un bien común accesible y que pertenece a la humanidad y a todas las especies vivas, un derecho humano.

El agua tecnológica, como he propuesto llamarla, será un bien esencial e insustituible para la vida, made by Veolia, American Water o Blue Techno Corporation. Ya no será un « regalo del cielo » (como dicen los musulmanes o los cristianos), ni un regalo de la Pacha Mama (como creen las poblaciones amerindias), sino el producto comercial de NEWater, Suez, Agua de Barcelona — incluso de Coca-Cola, Nestlé y Pepsi-Cola (productores de la llamada « Purified Water » comercializada bajo los nombres de Dasani, Aquafina y Pure Life respectivamente).

El agua será « mercancía », vendida y comprada, al igual que el petróleo o el trigo. Los mercados del agua ya son parte integrante de nuestras formas de vida. En febrero pasado, el Comisario europeo a cargo de la política regional afirmó que no veía ningún inconveniente en que el agua de la región europea sea exportada a Oriente Próximo a cambio de gas natural. Ningún agua escapará al precio de mercado, cada agua deberá crear valor para el capital invertido.

Frente a esta realidad, se mide la incidencia intelectual y la mistificación ideológica contenidas en la afirmación aún reciente del Presidente de la Federación Profesional de las Empresas del Agua (FP2E) francesa que repite la letanía desencantada que quiere creer que «el debate sobre el modo de gestión entre lo público y lo privado es un falso debate. (…) La colectividad organizadora tiene un rol de autoridad y de gobierno. (…) Lo que cuenta para el ciudadano usuario del agua, es el nivel del servicio, el precio y la transparencia »  [8]

Durante el transcurso de los últimos cincuentas años, la movilización ciudadana por el agua sufrió importantes mutaciones. Al principio, la lucha por el derecho al agua para todos y contra las devastaciones de los recursos hídricos (construcción de grandes represas, contaminaciones de ríos, contaminaciones de napas, deforestación etc), estuvo en el centro de la movilización. Luego, a partir de los años 1980 la batalla contra el desmantelamiento de los servicios públicos y sus privatizaciones así como contra el mercantilismo del agua surge para ampliar, en nombre del agua, bien común de la humanidad, los campos de la movilización y de los desafíos.

Finalmente en 2010, los ciudadanos obtuvieron el reconocimiento del acceso al agua como derecho humano, sobre todo gracias al compromiso de los gobiernos de algunos países de América Latina. Varios avances destacables, pero locales, en el plano de la defensa del carácter público de la gestión de los servicios hídricos se registraron en todas partes el mundo durante los últimos diez años. Queda un enorme trabajo por hacer con respecto a la realización concreta del derecho al agua para todos y la revalorización del agua como bien público.

Actualmente, a la luz de lo que nos precede, la movilización ciudadana debe inclinarse sobre el « corazón ideológico » de la civilización capitalista técnico-mercantilista y económica llevada a su máxima expresión durante los últimos treinta y cuarenta años.

Esta movilización, cuya esencia radica en oponerse a la pretensión del capital privado mundial de ser propietario de la vida y, en consecuencia del agua, debe hacerse antes que cualquier otro plan ideológico (cultural, político, científico) y en tres niveles de espacios sociales:

el local, lo que en Europa significa la ciudad. De ahí la importancia de los estados generales del agua en Bruselas (EGEB) y su alcance europeo, vinculado a su renta de localización en la capital de Europa;

el nacional/transnacional. La política del agua de los estados ya no puede disociarse del contexto transnacional y continental. Y no solamente por la transnacionalidad de las cuencas hidrográficas de la que todo estado depende en distintos grados, sino también por la fuerte interdependencia creciente, transnacional, entre los países y sus condiciones económicas, políticas y sociales;

el mundial, ya que como lo demuestran todos los problemas de naturaleza planetaria que hoy determina directamente la vida cotidiana de siete mil millones de habitantes del planeta, no hay solución « sostenible » y justa, bajo cualquier aspecto, si no se refiere a sus alcances mundiales.

* Riccardo Petrella es profesor emérito de la Universidad Católica de Louvain y Presidente del Instituto Europeo de Investigación sobre la Política del Agua (IERPE, en Bruselas).

Autor de :
- « El manifiesto del agua: argumentosa favor de un convenio mundial del agua »
- « Una Narración De La Historia : Compartir Bienes : Vivir En Común »
- « El Derecho A Soñar »

Les Carnets de l’eau. París, 6 de abril de 2011.

Traducción del francés para El Correo de : Vanesa gatti

Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported. Basada en una obra en www.elcorreo.eu.org.

El Correo. París, 11 de mayo de 2011.

Notas

[1Tercer principio de la declaración final de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el agua en Dublin (PDF), en preparación para la Primera Cumbre Mundial sobre Medioambiente y Desarrollo en Río de Janeiro.

[2En inglés IWRM (Integrated Water Ressources management). Puede hablarse de una imposición del modelo, ya que entre otras medidas, la adopción de la GIRE fue utilizada como condición por los países peticionantes de créditos del Banco Mundial en el ámbito de gestión del agua.

[3Para una mejor difusión y aplicación de nuevas concepciones, sus promotores – el Grupo del Banco Mundial a la cabeza – procedieron en 1995-1996 a la creación del Consejo Mundial del Agua, organismo privado bajo el control de las multinacionales del agua francesa e inglesa, y, en el marco del Consejo, del Foro Mundial del agua así como del GWP. Mientras que el Foro Mundial del agua recibió la tarea de convertirse en el lugar « mundial » de los debates para la definición de una política mundial del agua según los principales inspiradores de la GIRE, al GWP se le asignó el objetivo de promover concretamente en cada país la adopción de la GIRE, en especial las asociaciones público-privadas. Para este fin se crearon los Technical Advisory Committees (TAC) en el plan nacional y regional. Ver, a título de ejemplo, el « TAC Background Paper » n° 3 (PDF), Miguel Solanes and Fernando Gonzales Villarreal, The Dublin Princiles for Water as Reflected in a Comparative Assessment of Institutional and Legal Arrangements for Integrate Water Resources Management, Global Water partnership/Swedish International Development Agency, Stockholm, 1999.

[4Si leemos decenas y decenas de informes anuales y ad hoc producidos por las principales agencias de Naciones Unidas activas en el área del agua (Unesco, FAO, OMS, UN-Habitat, PNUE…) a partir de los años 1990 (se trata de un patrimonio de conocimientos y de análisis extraordinarios, en la casi totalidad, de muy alta calidad y poco o mal utilizado por los dirigentes — yo lo denominé « la biblioteca mundial del agua »), la tesis sobre la centralidad de la escasez del agua es omnipresente y fundadora de las elecciones propuestas rápidamente por « la máquina ONU ». Respecto a este tema ver el « Memorándum para un Protocolo Mundial del Agua » (disponible también en inglés) en el sitio del Instituto Europeo de Investigación sobre la política del agua (IERPE).

[5La escasez se convirtió, desde hace cuatro o cinco años, después de la calidad del agua, en el leitmotiv de la visión política de la Comisión Europea en materia de agua. El hecho de dar mayor visibilidad a la escasez como principal desafío de la política del agua europea, fue formalizado en 2007 por la Comunicación de la Comisión del 18 de julio de 2007: « Enfrentar los problemas de escasez del agua y de la sequía en la Unión Europea». La Comisión acaba de publicar, el 21 de marzo de 2011, el tercer informe sobre el avance en la lucha contra la escasez del agua y las sequías en Europa ; los dos anteriores informes se publicaron en diciembre de 2008 y en mayo de 2010.

[6Uno de los temas principales de la conferencia « Future of European Waters. How should policies be adapted » (« El futuro de las aguas europeas. Cómo adaptar las políticas »), organizada en Budapest los días 24 y 25 de marzo de 2011 por la presidencia húngara de la Unión Europea, fue « Valuing Water. The new paradigm for a ressource efficient Europe » (« Valorizar el agua. El nuevo paradigma de una Europa que administra los recursos eficazmente »). La responsabilidad de introducir el tema recae sobre D. Hacket, miembro de la Office for Water (OFWAT) – la Autoridad del agua de Gran Bretaña, cuya tarea consiste en salvaguardar el carácter competitivo del mercado de los servicios hídricos del país, íntegramente privatizados en 1989.

[7The 2030 Water Resources Group, Charting our Water Future , 2009. The 2030 Water Resources Group está compuesta por las empresas The Barilla Group, Coca-Cola, International Finance Corporation, McKinsey & Company, Nestlé, New Holland Agriculture, SAB Miller, Standard Chartered Bank, Syngenta.

[8Entrevista realizada en la AFP, el 26 de marzo de 2011, por Marc Reneaume, Responsable de Relaciones Institucionales de Veolia Eau, y Presidente de la Federación Profesional de Empresas del Agua.

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