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6 de noviembre de 2011

G-20 en Cannes, una mala película que ya se vio seis veces

por Emilio Marín*

 

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Los presidentes y funcionarios del Grupo de los 20, dominado por grandes potencias, se reunieron en Cannes. Fueron y volvieron con las manos vacías de soluciones para la gran crisis que afecta al capitalismo global.

Nicolas Sarkozy hizo de anfitrión para una reunión del G-20, la sexta de la serie inaugurada por George Bush en 2008. Las deliberaciones fueron en el Palacio de los Festivales y Congresos, donde se realiza anualmente el relativo al cine, con sus premios, estrenos y estrellas del espectáculo. Por la falta total de soluciones a la crisis económica mundial y la reiteración de discursos aprendidos de memoria, como los libretos cinematográficos, no fue una casualidad que ese fuera el lugar de reunión. Fue una mala película, quizás la peor que se haya presentado en Cannes. Sarkozy, Barack Obama, Angela Merkel, David Cameron y otros, responsables de ese bodrio.

Mucha gente estaba advertida de que esa función no sería benéfica. Los movimientos de indignados, que venían de movilizar a casi un millón de personas en todo el mundo el 15 de octubre, llamaron a repudiar la cumbre. Pudieron hacerlo el 1 de noviembre, pero con un inconveniente: la policía de Sarkozy sólo los dejó expresarse en Niza, a 34 kilómetros de la reunión.

El otro límite se derivaba de aquél: hubo 12.000 manifestantes, pero el número de policías y gendarmes era superior. Sólo en Cannes el gobierno francés puso 12.000 policías. Raro, no se escuchó a ninguno de los presidentes y presidentas participantes de la Cumbre decir una palabra sobre ese abuso policial. Cannes era una ciudad cerrada al público, según los enviados especiales, que en ese desierto se peleaban por conseguir un taxi y regresar a sus hoteles.

Semejante olimpo de los dioses, alambrado y vaciado de público, era una postal sobre la (im) popularidad de la mayoría de los participantes. No de todos, porque alguna, como la mandataria argentina, llegaba munida de un 54 por ciento de los votos. Pero la mayoría de sus colegas, sobre todo los del núcleo duro de poder (el antiguo G-7 de EE UU, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá), nadan en una corriente descontrolada de crisis que amaga con estrellarlos contra las piedras. Los miles de policías pusieron sordina a los insultos de los desocupados, pero no los puede convertir en políticos respetados.

Hay varios ejemplos de ello, comenzando por el jefe de la patota, Obama, al que los índices de desempleo del 9 por ciento, con 46 millones de pobres, lo están hundiendo en la consideración pública de cara a las elecciones de 2012. Sarkozy es otro político decadente, a causa de los ajustes que ha venido introduciendo en las condiciones de trabajo y jubilación de su país. Su reelección pinta como muy complicada.

Por eso una de las pocas cosas de valor de Cannes debe haber sido el comentario jocoso del presidente norteamericano a su colega francés: « Nicolas, vamos a tener que aprender lecciones si queremos ganar », en referencia a la reelección de CFK. Era una nota de color, pero adquirió casi el valor de un documento oficial.

Verdugos del mundo.

Pocas reuniones internacionales como la de estos días mostraron tan bajo o casi nulo sentido resolutivo, para encarar soluciones a la crisis capitalista. La primera cita, de noviembre de 2008, escuchó propuestas de controlar los movimientos financieros internacionales para impedir que los derivativos y timbas volvieran a detonar dramas como el que había tumbado al Lehman Brothers.

Desde entonces transcurrieron tres años y media docena de cumbres, sin que se lograra controlar ni siquiera a los paraísos fiscales, no digamos las consultoras de riesgo y menos aún a los propios bancos, los asesinos seriales de esta historia.

En Cannes discutieron sin ponerse de acuerdo sobre la necesidad de controlar esos capitales financieros y hasta de imponerles algún tributo a la manera de la vieja Tasa Tobin, nunca aplicada. Pero no hubo acuerdo: Francia y Alemania la verían con agrado, pero EE UU y el Reino Unido le bajaron el pulgar. Y los países como Argentina, « centrearon » con una posición supuestamente « izquierdista »: la apoyarían sólo si previamente se desmantelan las « guaridas fiscales ». ¿Resultado? Culminó el sexto encuentro del G-20 y ni noticias de un mínimo control a esos movimientos financieros.

Es más, hubo discusiones al interior de quienes eran propensos a esos controles. Los representantes de Francia quisieron avanzar con la idea de regular los precios de los alimentos, pero la presidenta argentina se opuso (Cargill, Nidera, Monsanto y otros, agradecidos). La postura de ella fue: regulación de alimentos, no; regulación de capitales, sí. ¿No podía ser que se introdujeran regulaciones en ambos rubros? Suena más lógico.

El 2 de noviembre Fidel Castro denunció al núcleo duro del G-20: « ahora que los habitantes del planeta suman 7 mil millones, los estados que representan solo a una de cada siete personas, las cuales a juzgar por las protestas masivas en Europa y Estados Unidos no están muy felices, ponen en riesgo la supervivencia de nuestra especie ».

El desarrollo y profundización de la crisis económica iniciada en 2008 ha impactado severamente en los índices sociales como educación, alimentación, salud, empleo, etc. Que se despida la ONU de los famosos « Objetivos del Milenio » en esos rubros, porque las módicas metas -que distaban de soluciones satisfactorias- no van a ser alcanzadas.

¿Cómo va a llegar a esos objetivos Grecia, con el enésimo ajuste a que lo obligan los mandamás de la zona del euro (Alemania y Francia)? Para recibir la cuota de 8.000 millones de euros de « ayuda » la obligan a ajustar aún más, despedir más gente, reducir salarios, vender empresas públicas, etc. A cambio de ello, le reducirían su deuda pública de 350.000 millones de euros a 250.000 millones. Para un país con 10 millones de habitantes, sin un gran poderío económico, es como decirle: « estabas ahogándote a 5.000 metros de profundidad en el mar, ponete contento que te subimos a 4.500 ».

Foto del Titanic.

La mayoría del bloque imperial ratificó la línea de ajustes para Grecia, que podrían repetirse en España, Portugal, Italia, Francia y Reino Unido.
En ese sentido sonó una voz en disidencia, la de la presidenta argentina, que pidió volver a un capitalismo en serio (¿el actual se ríe?). Cristina, onda keynesiana, planteó mantener la actividad económica, aumentar el consumo y la inversión pública, defendiendo el empleo. Pero como ella misma admitió, sabe que las decisiones políticas « se toman en otro lado », dentro y fuera del G-20.

Ya se mencionó el incendio que consume al premier griego Giorgios Papandreu. Las llamas chamuscaron a José Luis Rodríguez Zapatero y cambiaron al gobierno de Portugal, dos países que no pueden afrontar el vencimiento de sus deudas, sobre todo si el fondo europeo se vacía por combatir otros focos ígneos.

Si la reunión de Cannes tuvo algún mérito, muy a su pesar, fue ventilar la gravedad de la situación italiana. « Grecia es un riesgo para Europa, pero Italia es un peligro para el mundo », advirtió el economista Philippe Dessertine (Luisa Corradini, La Nación 4/11). Se trata de la séptima u octava economía del mundo, que debe cinco veces más que Grecia, y su caída haría muchísimo más estrépito y daño.

Como en un juego de dominó, la posibilidad de caída de la ficha italiana amenaza provocar la ruina de Francia y Alemania, porque bancos de estos dos países serían fulminados por una cesacion de pagos de la península.

Eric Toussaint, el especialista belga en temas de deuda externa, manifestó: « EE UU está muy preocupado por el efecto bumerang de las quiebras bancarias europeas sobre las instituciones financieras estadounidenses, por la fuerte interconexión existente entre ambos lados del Atlántico ».

Berlusconi parece tener los días contados en el poder. Puede caer antes incluso que se produzca algún terremoto financiero en la plaza de Roma y Milán. Y nadie le llevará una flor. No estaría en las siguientes cumbres para mirar la parte baja de la espalda de algunas lindas mujeres; deberá procurarse sus placeres en sus fiestas privadas.

No sólo el premier italiano está en el G-20 de prestado. Son varios los que tienen el crédito cortado, los apremian las deudas y los pueblos indignados, pero hacen como que no ven y siguen sacándose fotos « de familia », año a año. Nadie los puede hacer que dejen de bailar en la cubierta del Titanic; será el iceberg que les diga « final del juego, señores ».

La Arena. Santa Rosa, Argentina, 5 de noviembre de 2011.

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