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19 de febrero de 2003

Francklin Templeton y el Groupe Suez dos tiburones en las mismas aguas.

Johannesburgo y el agua de Nueva Jersey

por Barbara Garson

 

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Leí que 87 personas habían sido arrestadas en Johannesburgo, República de Sudáfrica, por manifestarse contra la privatización de la electricidad y del agua. Sucede que mi fondo de previsión (el que comenté en mi libro "Money makes the World Go Around") tiene acciones en la compañía privada que ahora posee las aguas de Johannesburgo, y que, a diferencia de otros fondos de previsión, goza de buena salud.

A algunos de los que protestaban en Johannesburgo mi compañía del agua les había cortado el agua por falta de pago. Cuando la autoridad pública para las aguas de KwaZulu-Natal impuso las nuevas tarifas para el agua, a muchas familias les cortaron igualmente el suministro y empezaron a coger agua del río. El resultado fue una epidemia de cólera con miles de enfermos y cientos de muertos.

Una de las razones por las que los directivos de las aguas de KwaZulu-Natal impusieron estas tarifas a coste total y decidieron cobrarlas o cortarle el suministro a la gente, era conseguir que su sistema de aguas resultara tan atractivo como el de Johannesburgo para los posibles compradores. Después de todo, una compañía privada como la mía no puede suministrar agua ni ninguna otra cosa a no ser que pueda cobrar el costo total del servicio más un saludable pellizco para mí. Sintiéndome una inversora cada vez más incómoda, decidí manifestarme ante el Consultado de Sudáfrica el día que en juzgaban a esos 87.

Combatir al capital global es una cosa pero combatir en agosto en Manhattan otra diferente. Fue una manifestación pequeña - veinticinco personas incluyendo a dos periodistas - y tan inofensiva que los cuatro policías que enviaron nos dejaron pronto. Sin embargo, aprendí dos cosas que realmente me sorprendieron., la primera al planear la acción, la otra dentro del consulado de Sudáfrica,

En una reunión del DAN alguien de Nueva Jersey preguntó si la compañía de aguas involucrada era por casualidad Suez-Lyonnaise. ¡Resulta que Suez (ha perdido parte del nombre) posee el sistema de aguas del Condado de Bergen! La gente de allí está furiosa porque Suez está vendiendo las tierras pertenecientes al sistema de aguas a los urbanizadores.

No tenía ni idea de que la privatización del agua en los EE.UU. hubiera llegado tan lejos. Las aguas del Condado de Bergen habían sido privatizadas a principios de los noventa. En 2000, la empresa de origen francés Suez, la mayor compañía de aguas del mundo, compró la compañía estadounidense United Water Co, mucho más pequeña, y adquirió el Condado de Bergen con la operación. Aunque sus operaciones más importantes se encuentran en el tercer mundo, Suez suministra agua a 8.5 millones de personas en EE.UU. y Canadá, gestionando los sistemas de aguas en 17 de los estados. Es por ello que algunas de nuestras pancartas decían "DETENGAN LA PRIVATIZACIÓN DEL AGUA EN SUDÁFRICA Y NUEVA JERSEY".

Hasta que oí lo del condado de Bergen, el aspecto de la privatización del agua que más me había preocupado era la distribución de un recurso tan valioso. Cuando se privatiza un sistema de aguas las compañías como Suez pujan por conseguir (o consiguen mediante sobornos) la exclusiva para vender agua en un área. Supongo que vagamente entendía que también compraban las tuberías, las plantas de filtrado y las correspondientes propiedades inmuebles.
Pero no había entendido en toda su extensión que un comprador privado con ello conseguía la propiedad de todo el agua y todas las tierras del acuífero y de los reservorios. En algunos casos, como Cochabamba en Bolivia, los propietarios privados empezaron a impedir que la gente sacara agua de los pozos de sus propias tierras porque la operación les había concedido el derecho exclusivo de distribución de aguas en la región.

La mayoría de los contratos de privatización transfieren igualmente otros activos regulados por las autoridades públicas. En el condado de Bergen ello incluía tierras que habían sido declaradas de especial interés público y bajo protección años atrás. A lo largo de los años un considerable número de propiedades habían sido retiradas de la circulación silenciosamente por organismos públicos y nadie en el pasado hubiera podido imaginar que alguna vez se pondrían en venta.

En la época en que mi fondo de pensiones compró acciones de Suez, compró también algunas de los privatizados ferrocarriles británicos. El analista que investigó el negocio, un joven entusiasta de los ferrocarriles de cabello rizado, llegó a la siguiente junta de accionistas con una caja llena de sorpresas maravillosas que había encontrado dentro. Parece que los ferrocarriles británicos son el primer propietario de tierras de Gran Bretaña (seguidos por la Reina Isabel).

Nuestro fondo ahora poseía montones de terrenos de gran valor urbanizable alrededor de cada una de las estaciones de ferrocarril. Incluso, aunque se volviera a nacionalizar los ferrocarriles - como finalmente sucedió con la red ferroviaria debido a todos los choques de trenes que siguieron a la privatización - conservaríamos el dinero resultante de vender dichas propiedades. Los "inversores" que compraron trozos de los ferrocarriles británicos podían haber sido unos expertos en identificar activos ocultos que pudieran vender a cambio de efectivo en poco tiempo, pero tenían poca idea, como se vio luego, de cómo ganar dinero ofreciendo o ampliando el servicio de trenes.

A medida que las estancadas compañías del primer mundo se desesperan cada vez más con cumplir las expectativas de ganancias de Wall Street, sus estrategias "inversoras" tienen que ver cada vez menos con gestionar y desarrollar empresas y cada vez más con obtener liquidez inmediata y saquear activos. Tras la desregulación de los precios de la energía en California, Enron y otras compañías aflojaron unos cuarenta millardos de dólares de los bolsillos californianos sin construir o aportar nada que no se hubiera podido obtener antes por mucho menos dinero.

En algún momento algunos gerentes de la administración debieron de creer honestamente que vender sus utilidades públicas a compañías privadas traería inversiones financieras y gestión eficaz. Pero ahora esas esperanzas se han visto desengañadas, tanto en los países ricos como en los pobres.

Ello me trae otra vez a la sorpresa que me encontré dentro del Consulado de Sudáfrica. A pesar de las experiencias en el resto del mundo, el gobierno del CNA (Congreso Nacional Africano) sinceramente cree que la privatización es la mejor manera de desarrollar su país. Esa fue ciertamente la impresión que obtuve cuando salí después de que nuestra delegación presentara nuestra petición a Ivan Vosloo, Cónsul en el Consulado General de Sudáfrica.

En primer lugar, déjenme decir que nuestra petición y nuestra delegación fueron muy corteses y respetuosos. Algunos de nosotros, yo misma incluida, habíamos sido arrestados en sentadas frente al antiguo consulado del Sudáfrica del apartheid. Esta vez estábamos allá, no con el ánimo de "Ciérrenlo ya", sino por la preocupación por el funcionamiento del país. Los firmantes de la petición, la Red de Acción Directa de Nueva York, el colectivo del Westside del Partido Verde de Nueva York, y el Comité de Noticias y Cartas de Nueva York solicitaban al gobierno de Sudáfrica que retirara los cargos contra esas 87 personas y cesara en la entrega de los servicios públicos a las compañías privadas.

Fue en parte por cortesía que nuestra petición continuaba:

Reconocemos que gobiernos extranjeros poderosos, corporaciones internacionales, e instituciones como el FMI presionan a las naciones para que privaticen sus valiosos recursos propios y facturen a los usuarios el coste total del servicio. Sus argumentos y amenazas pudieron haber sido difíciles de resistir cuando el CNA llegó al poder. De hecho, Suez Lyonnaise es más famosa por sus sobornos que por sus presiones. En Francia, el alcalde de Grenoble fue a la cárcel por aceptar un soborno para entregar el contrato de las aguas municipales a Suez Lyonnaise. Desafortunadamente, los ciudadanos tuvieron que emplear dos años más en batallas legales para romper el infausto contrato.

Pero nuestra petición señalaba cortésmente hacia presiones externas en lugar de sobornos como explicación de la política de privatización de Sudáfrica. Al fin y al cabo tiene sentido el que al llegar al poder, Nelson Mandela evitara hacer cualquier cosa que pudiera acarrearle a la nueva Sudáfrica la etiqueta de "estado rebelde" (N. de la T. "rogue state", en terminología de los sucesivos gobiernos estadounidenses). Incluso cuando ello supusiera claudicar en algo tan ridículo como la privatización del agua.

Pero Ivan Vosloo no buscaba excusas. Nos recordó que el gobierno de Sudáfrica no tiene préstamos del FMI o del BM que les obligue a privatizar y que si lo están haciendo así es para desarrollar al país. Su constitución, nos dijo, garantizaba el agua y sus contratos con las compañías privadas incluían provisiones sociales para añadir nuevas conexiones.. Además tenían también una política de exigir que se suministrara agua gratis a la gente más pobre.

Sonaba bien, sólo que resulta que yo sé que el agua gratis es el proverbial "agujero en el pozal". Pero más importante aún, el gobierno sudafricano, en ausencia de presión alguna del FMI como nos recordó Vosloo, ha adoptado una política de recuperación total del costo en los suministros de agua y electricidad. Eso supone que el sistema de KwaZulu-Natal del Norte tiene que autofinanciarse. De forma que si se exige que se entreguen gratis determinadas cantidades de agua, otros deberán pagar precios más caros, en una región que es pobre.

Bajo las políticas de autofinanciación, no deben haber subsidios de las arcas generales, ni siquiera trasvases de los distritos más ricos a los más pobres. A resultas de ello, la gente de Soweto paga tarifas significativamente más altas por cada kilovatio / hora que la gente de la comunidad de Sandton, más pudiente. Cuesta más llevar la electricidad a los barrios sumidos en la miseria.

Quizá porque yo tenía cierta idea sobre el agua, el señor Vosloo se pasó a las telecomunicaciones, donde las compañías privadas están conectando rápidamente, bajo la supervisión del gobierno, partes remotas del país, como nos contaba. Se me ocurrió de pasada que sus datos sobre los teléfonos podrían estar tan abiertos a la interpretación como los datos sobre el agua. Sin embargo, aún estoy dispuesta a creer que un servicio privado a veces puede hacerlo tan bien como uno público, en especial cuando se trata de proveer nuevos servicios opcionales como teléfonos móviles, en oposición a una necesidad absoluta como es el agua potable. Para mí es una cuestión práctica que habrá que examinar caso por caso.

No le sucede así a Vosloo, que pasaba del agua a la electricidad, y de allí a los teléfonos, y que finalmente nos informó que en ningún sitio, "en ningún momento de la historia del mundo (señaló más allá de sus hombros, puede que hasta la antigua Mesopotamia) había sido la empresa pública tan beneficiosa como la privada. Anne Jackard de nuestra delegación se alzó para dar algunos ejemplos, pero se dio cuenta de que no tenía ningún sentido.

Yo me considero a mí misma como socialista. Sin embargo, reconozco que el capitalismo relativamente no regulado ha aumentado la riqueza total de algunos países en alguna épocas. El proceso puede haber sido doloroso para mucha de la gente que vivió esos momentos, y sin embargo, en algunos lugares y en determinados momentos produjo algo que se podía medir en términos de desarrollo.

Qué lástima y qué horror que el CNA se haya adherido al capitalismo extremo justamente en un lugar - un país del tercer mundo con un sector público envidiablemente rico, y justamente en un momento - un período de estancamiento y de desesperación en el primer mundo, en que puede ser saqueado en toda regla. Abandoné el Consulado de Sudáfrica temiendo que estas ideas neoliberales, tan sinceramente defendidas, podrían suponer un costo aún mayor a Sudáfrica que las ideas del Presidente Mbeke sobre el SIDA.

www.zmag.org


[P.D. Mientras hablábamos con Vosloo, una mujer de la plantilla cruzó el pasillo echando pestes sobre nosotros, los blancos, por "venir a armar jaleo acá, a un gobierno que ha de enfrentarse a los problemas que constituyen el legado del apartheid." A nadie le gusta que le riñan, y ciertamente no me gustó que me lanzaran a la cara la palabra "blanco" a modo de insulto.
Sin embargo, puedo entender sus sentimientos. Desgraciadamente también puedo predecir que será imposible para el pueblo de Sudáfrica ver otras alternativas si "el legado del apartheid", al igual que el "envolvimiento capitalista" o "la amenaza terrorista" se convierten en lemas que cortan de cuajo cualquier debate. Cuando las cosas llegan a ese estado, los sucesos del mundo real como las epidemias de cólera ya no producen ninguna impresión.]

Barbara Garson es autora de "Money makes the World Go Around: One investor Tracks her Cash Through the Global Economy, Penguin, NY 2002." En dicho libro, la inversora Garson coloca parte de los adelantos del libro en un fondo de pensiones: el "Franklin Templeton’s Mutual Shares Fund." Fue así como se convirtió en propietario parcial de la compañía de aguas de origen francés Suez Lyonnaise.

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