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4 octobre 2013

Estrategias para confrontar la « Cultura Estratégica » del Comando Sur

par Adrienne Pine *

 

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El siguiente ensayo fue presentado por Adrienne Pine en la Conferencia Internacional realizada en Buenos Aires el 1º de junio de 2011

El caso de la llamada « cultura estratégica » utilizada por el departamento de defensa de los Estados Unidos de Norteamérica debe ser investigada a fondo como parte íntegra de la estrategia bélica imperialista estadounidense, dentro de un marco etno-histórico. Pero además el caso específico de la lucha que se ha llevado a cabo en contra del centro de estudios de cultura estratégica ubicada en la Universidad Internacional de Florida, da constancia de cómo se pueden unir la investigación y la acción directa en la lucha contra la militarización de América Latina y el Caribe.

En octubre del 2010 me encontré en Toronto para la conferencia de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, disfrutando una buena botella de mescal con el destacado historiador, ex-Ministro de Cultura de Honduras Rodolfo Pastor Fasquelle. En aquel momento Pastor Fasquelle residía en el exilio en la ciudad de México, después de haber recibido amenazas de muerte, debido a su afiliación con el derrocado presidente hondureño Manuel Zelaya Rosales. Me describió detalladamente y con grave preocupación el taller al cual acababa de asistir en el Centro de Investigaciones Aplicadas de la Universidad Internacional de Florida antes de llegar a Canadá. El taller tenía el nombre de Cultura estratégica de Honduras y fue financiado por el Comando Sur del ejército estadounidense (SOUTHCOM por sus siglas en ingles). Estando allí, se asustó de la baja calidad de investigación y del ambiente pro-golpista que encontró. Entregándome varios documentos del taller, me pidió que investigara más a fondo el programa.

En su sitio web, se puede averiguar que la alianza FIU-Comando Sur « Cultura Estratégica » es un programa de estudios dentro de la Universidad Internacional de Florida, financiado por el Comando Sur, con el propósito de llevar a cabo talleres y escribir reportes sobre la « Cultura Estratégica » de cada país de América Latina y el Caribe. Se define a la « Cultura Estratégica » como « la combinación de experiencias y factores internos y externos – geográficos, históricos, culturales, económicos, políticos y militares – que forman e influyen en la manera en que un país entiende su relación con el resto del mundo, y en la manera en que un estado se va a comportar en la comunidad internacional ». Sin embargo, al observar los documentos producidos por la alianza FIU-SOUTHCOM es evidente que una definición más precisa de la « Cultura estratégica » sería : « propaganda estratégica para la creación de una política ideológica hegemónica favorable para los intereses militares y económicos estadounidenses ».

Se podría afirmar, como se afirmó durante los debates de años recientes sobre el Sistema de Terreno Humano (HTS por sus siglas en inglés), que la investigación científica social llevada a cabo en nombre de los militares de EE.UU. daría lugar a una mejor y más humana política. En el caso de HTS, las fuerzas armadas estadounidenses contrataban a antropólogos y otros científicos sociales para acompañar a los soldados en Iraq y Afganistán con la supuesta idea de llevar a cabo una guerra con mayor sensibilidad cultural. Ese programa fue rotundamente rechazada por las y los antropólogos de la AAA, y tras varios años de lucha, el ejercito se vió obligado a cerrarlo.

Siguiendo una lógica de relaciones públicas parecida al de HTS, la declaración de alianza de la misión (que se encuentra al prinicipio de cada reporte final) que define el programa de la « Asociación Académica UIF-Comando Sur » (la letra en cursiva es mía) afirma que « La asociación implica a la UIF proporcionar los análisis de más alta calidad basados en la investigación para profundizar el conocimiento explicativo de lo político y estratégico, y las dimensiones culturales de comportamiento del Estado y la política exterior. » Además, observa, « Al final de cada taller, la UIF publica un informe de conclusiones, que se presenta en el Comando Sur. »

Sin embargo, un breve análisis de los participantes invitados y -más importante- la calidad académica de los informes, muestra que este argumento es profundamente defectuoso. En primer lugar, en los talleres de « Cultura Estratégica » los países participantes han incluido un mínimo de conocidos académicos e intelectuales. En cambio, los líderes empresariales, generales del ejército, los expertos del think tank, los representantes de la policía nacional, y los académicos no-acreditados han dominado. Al investigar los integrantes del taller sobre Honduras, me di cuenta que entre una decena de participantes Pastor Fasquelle era el único capaz de hacer « análisis de más alta calidad ». Entre lo demás habían académicos graduados no afiliados, académicos sin ninguna publicación sobre Honduras, todas y todos entusiastamente golpistas. Había un representante del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), organización que financió el golpe de estado. Había representantes de think tanks washingtonianos ultra-derechistas, cubanos de Miami anti-castristas y marinos estadounidenses. Y también estuvo ahí como « experto » el Coronel José Amílcar Hernández Flórez, militar hondureño que participó en el golpe de estado del 2009 y quien se había graduado en un mínimo de 3 veces en la infame Escuela de las Américas.

En segundo lugar, los antropólogos bien intencionados, los historiadores y otros participantes realmente calificados en lo científico social para llevar a cabo la calidad de la investigación reclamada por el programa han encontrado sus análisis excluidos en los informes finales de cada país de « Cultura estratégica » los que se utilizan para informar y formar la política del Comando Sur, como ha dado constancia la antropóloga Carol Conzelman, participante en el taller “Cultura estratégica” sobre Bolivia.

En lugar de « los análisis de la más alta calidad basados en la « investigación », dentro de los informes se encuentran argumentos como el siguiente : « en términos de su economía, la Argentina es relativamente primitiva, un país periférico. » Como éste hay muchos otros ejemplos. El hecho de que en Bolivia « la mayoría indígena ha sido deliberada y sistemáticamente excluida » se considera un « concepto sujeto a controversia. » La « Cultura estratégica haitiana », se dice que es fuertemente influenciada por el Voodoo ; el « carácter » chileno dicen que es el producto del « mestizaje entre los guerreros salvajes y aborígenes » ; y en Colombia, se informó que el alto índice de felicidad es « el producto de muchos años de estar constantemente expuestos a … el miedo. » Los ejemplos aquí presentados no son aberraciones, sino que representan fielmente el carácter global de los informes finales de la UIF-Comando Sur sobre la « cultura Estratégica » de los países, que crean una narrativa para legitimar intervención militar, capacitación y ayuda de EE.UU. Los análisis escritos por varios intelectuales latinoamericanos, como Atilio Borón, Laura González y Silvio Rendón, investigando los reportes finales de diferentes países, comprueban más detalladamente las siniestras intenciones del programa.

La alianza UIF-Comando Sur « Cultura Estratégica » representa una evolución del uso por las FFAA de la academia, que en proyectos anteriores servía como una herramienta para la recopilación de inteligencia para legitimar sus proyectos militares en América Latina y el Caribe. Por ejemplo, el « Proyecto Camelot  », patrocinado por el Pentágono con sede en la ahora extinta Oficina de Investigación de Operaciones Especiales de la Universidad Americana, contrató a científicos sociales en los años 1964 a 1965 para evaluar las causas subyacentes de la rebelión social a fin de evitar el derrocamiento de gobiernos amigos de los EE.UU. Pretendía lograr ese fin a través de medios que incluían, según el Ejército de los EE.UU. « equipar y entrenar a las fuerzas indígenas para una misión de seguridad interna, la acción cívica, la guerra psicológica u otras acciones de contrainsurgencia. « Tales acciones » – continuaba el documento del Ejército : « [depende] de una comprensión cabal de la estructura social indígena. » La primera prueba del « Proyecto Camelot » fue en Chile. (Ver : Thy Will Be Done Gerard Colby with Charlotte Dennett ; capítulo 30, nota de pie 51 – Washington Star 1965, p.1)

El « Proyecto Camelot » terminó en desgracia. Se vio obligado a cerrar en 1965 en respuesta a la indignación generalizada después que Johan Galtung, uno de los científicos sociales invitados a participar, informó a los científicos sociales de Chile y EE.UU. del propósito del proyecto de contrainsurgencia explícito. Las principales preocupaciones de la mayoría de los opositores del proyecto fueron :

Las denuncias de que los científicos sociales que trabajaban para el Proyecto Camelot se comprometieran en investigaciones clandestinas.

El proyecto representaba una desviación de la investigación en ciencias sociales para reprimir rebeliones legítimas y / o movimientos revolucionarios.

El ejército de EE.UU. aprendió lecciones importantes de los apuros del Proyecto Camelot y, más recientemente, el Sistema de Territorio Humano (HTS). El principal de ellos es que los antropólogos compartimos ampliamente la directiva ética de que no debemos tolerar ni participar en investigaciones secretas que amenacen las vidas de los sujetos humanos de nuestras investigaciones. Como tal, la alianza UIF-Comando Sur no implica la investigación secreta, de hecho, los documentos presentados pueden consultarse en su página web. Los estudios de « Cultura estratégica » de la UIF-Comando Sur tampoco dependen de investigación etnográfica, o sea ya no es un trabajo de recopilar inteligencia sino de propaganda.

El ejército de EE.UU. también ha aprendido a tener más cuidado en la representación de su misión para el público como uno de « promoción de la democracia », y no como ataques justificados sobre la libre determinación de los pueblos que rechazan los gobiernos autoritarios alineados con los Estados Unidos. Sin embargo, el Comando Sur sigue fundamentalmente sin cambiar. Su enfoque continúa siendo la desestabilización de gobiernos hostiles (en la actualidad, principalmente los que están alineados con el ALBA, la Alianza Bolivariana para las Américas) y fomentar las campañas de contrainsurgencia en contra de campesinos, indígenas, sindicatos y otros movimientos de bases amplias por oponerse a las políticas de los países amigos de los Estados Unidos. Esto queda evidente mediante varias pruebas, entre ellas :

  • el número cada vez mayor de bases de EE.UU. en América Latina a pesar de los movimientos de protesta exigiendo cada vez mayor soberanía ;
  • el deterioro de la seguridad en toda América Latina, que se ha aumentado con el creciente número de golpes de estado en contra de gobiernos populares elegidos democráticamente en América Latina y el Caribe en los que el Comando Sur ha estado involucrado, ya sea directamente (como en el caso de Haití) o mediante el entrenamiento y financiamiento de los ejércitos y/o policías usurpadores ;
  • las actitudes imperialistas y las estrategias militares expuestas por los cables publicados por Wikileaks.

Después de hacer una breve análisis del proyecto, sus integrantes, los informes publicados sobre varios países y también de sus antecedentes como el Proyecto Camelot y el HTS, escribí una nota en mi blog denunciándolo. Pero quedó claro que se tenía que hacer más para detener el proyecto y para informar a la gente que se ve afectada por la militarización de la academia y la (seudo-)academización del ejército, una amplia categoría que incluye tanto a los antropólogos como a la gente que vive en todos los países estudiados. Los antecedentes aquí mencionados (Camelot y HTS) fueron cerrados por la fuerte oposición de académicos en solidaridad con los pueblos afectados y nos sirven como ejemplos de lucha.

Con la antropóloga ecuatoriana Laura González, ideamos un plan de acción. Escribí una carta explicando el carácter de los estudios de cultura estratégica que se hacen para el Comando Sur en la UIF, y solicitando a las y los antropólogos del hemisferio que se solidarizaran, divulgando la noticia, escribiendo correos electrónicos (se incluía un ejemplar) a los encargados del programa en el Comando Sur y en la UIF, y haciendo sus propias investigaciones de los estudios de « Cultura estratégica » que se habían publicado. Bajo la supervisión de González, unos jóvenes voluntarios del Observatorio de la Escuela de las Américas (SOAW por sus siglas en inglés) hicieron una amplia búsqueda de escuelas y departamentos de antropología en diferentes países de América Latina, creando una base de datos con cientos de nombres. González se encargó de la traducción al español y al portugués y SOAW y la coalición No Bases de América Latina se solidarizaron escribiendo comunicados de prensa en inglés y en español. Escribí además un artículo que se publicó en el sitio « Upside Down World » para difundir más ampliamente la noticia, lo cual se volivó a publicar en numerosos sitios.

Al enviar los primeras correos y publicar los comunicados de prensa y el artículo (lo cual se coordinó dentro de un intérvalo de tiempo determinado para obtener mayor impacto), la respuesta fue instantánea. Llegaron cartas de todos lados de América Latina, Estados Unidos y Canadá agradeciéndonos por la información y pidiendo más detalles. Varios colegas escribieron artículos sobre el programa, analizando los informes de « cultura estratégica » de distintos países. Decenas de correos indignados escritos por individuos y grupos académicos (tanto profesores como estudiantes) y otros activistas llegaron a las oficinas del Centro de Investigaciones Aplicadas de la UIF, al Comando Sur y a la administración de la UIF. También empezaron a escribirnos participantes de los talleres, algunos indignados por la campaña pero otros, quienes como Pastor y Conzelman, habían salido de los talleres preocupadas y preocupados por el peligro que representa el programa para los pueblos de América Latina y el Caribe. Así ellos nos ayudaron a comprender mejor el proceso de producción de inteligencia ficticia para fortalecer la estrategia militar imperialista estadounidense en el hemisferio.

En noviembre del 2010, un mes después de que empezó la campaña, aproveché del congreso anual de la Asociación Americana de Antropólogos (AAA) en Nueva Orleans para proponer una moción a las y los miembros presentes en la reunión de trabajo. Puesto que no llegó a quórum, la moción no era vinculante, pero fue aprobada con una amplia mayoría de los presentes. El texto era lo siguiente :

  • Mientras que la AAA ha condenado “U.S. Military’s Human Terrain System”, Sistema de Territorio Humano (HTS) y
  • considerando que la militarización de la academia pone en peligro la integridad académica y la independencia, y
  • mientras que la ocupación por parte de los militares del Comando Sur EE.UU. (SOUTHCOM) de naciones soberanas en América Latina y el Caribe ha dado lugar a graves daños a nuestros colegas e interlocutores en aquellos países, y les ha negado el derecho a la libre determinación ;
  • La AAA condena la alianza de la Universidad Internacional de Florida-Comando Sur creada para la elaboración de informes sobre « Cultura estratégica » , para América Latina y el Caribe.

Siguiendo los estatutos de la asociación, la moción pasó a la « Red de Respuesta Rápida » (« Rapid Response Network ») de la junta directiva como recomendación para que ésta decidiera cual acción tomar. La junta me pidió que escribiera una carta explicando más a fondo mis preocupaciones sobre el programa UIF-Comando Sur, y siguieron varias semanas de extensivo debate interno (al cual tuve acceso) por correo electrónico. A pesar de que la Red de Respuesta Rápida está compuesta por un grupo diverso, incluyendo a varios antropólogos que mantienen una política que favorece a las FFAA estadounidenses, me sorprendió la reacción positiva a los argumentos que había expuesto.

Una cuestión central para la Red de Respuesta Rápida giraba en torno a la cuestión de la ética profesional. En la carta que les escribí, argumenté que : « En sí, la mala ciencia no es una violación ética, sin embargo, la mala ciencia llevada a cabo a propósito y con la intención específica de proporcionar legitimación académica de las estrategias militares de contrainsurgencia y la desestabilización que dará lugar a la violencia y la muerte a incontables personas es una violación grave de la ética de las ciencias sociales. » Parece claro que los estudios de UIF-Comando Sur representan un peligro hacia los pueblos latinoamericanos y caribeños, y por lo tanto, participar en ellos se puede definir como falta de ética. Sin embargo, los antropólogos solemos dar mucha importancia a la responsabilidad individual de tomar decisiones éticas y morales. Si existiera otra interpretación creíble que una decisión individual de trabajar para los estudios de « Cultura estratégica » podría ser ética, evitarían imponer un dictamen general en contra de dicho programa.

Después de debatirlo por varias semanas, la Red de Respuesta Rápida solicitó una respuesta del departamento de antropología de la UIF, a pesar de que ése no tiene una afiliación formal con el Centro de Investigaciones Aplicadas donde se llevan a cabo los talleres sobre « cultura estratégica » Les llegaron por correo electrónico dos cartas altamente indignadas, defendiendo, en efecto, la militarización de la UIF, y menospreciando la campaña enfocándose en defectos personales que atribuyeron a mi persona. Una de ellas fue escrito por el profesor emérito William Vickers, quien había participado en el taller « Cultura estratégica » sobre Ecuador. Explica :

Muchos líderes cívicos en Miami y en el Sur de Florida perciben al Comando Sur como una presencia valorable dentro de la comunidad, así como en otras ciudades Americanos aprecian a las sedes corporativas, bases militares, y universidades en sus áreas. El Comando Sur da empleos, apoya a organizaciones benéficas y proyectos cívicos, y generalmente es visto como un bien económico y « buen ciudadano » dentro del condado de Miami-Dade y de la región del Sur de Florida.

Así toma la posición absurda de que el Comando Sur, por dar algunos aportes a la economía local enfocándose en los grandes huecos dejados por la política neoliberal, se puede comparar con un ciudadano humano, un concepto fundamental a la democracia (que además supone una igualdad entre humanos, dando acceso a los miembros humanos de la sociedad a un gobierno participativo que podría regular a las corporaciones y militares). Dice que por ser « buen ciudadano » y parte de la « comunidad local », no representa un problema ético colaborar con los proyectos estratégicos del Comando Sur, a pesar de su papel central en la militarización de América Latina y el Caribe (lo cual él mismo reconoce). Además, alega que « La Dra. Pine confirma, sin evidencias, que los trabajos publicados en el internet por los participantes de los talleres de los Centro de Investigaciones Aplicadas son informes de inteligencia que sirven para propósitos de contrainsurgencia en América Latina. » Lo irónico de ésta y muchas otras acusaciones de Vickers incluidas en la misma carta es que distorsiona los argumentos en contra del programa convirtiéndolos en ataques personales ; de hecho mi argumento sobre los informes ha sido que—a diferencia de Proyecto Camelot y HTS—carecen casi completamente de inteligencia, pero sin embargo, son utilizados para informar estratégicamente al Comando Sur, como dice claramente en la propaganda del Centro.

La carta firmada por todas y todos los docentes del departamento de antropología de la Universidad de Florida, intenta descalificar al argumento que los informes finales « Cultura estratégica » son mal llevados a cabo. Para comprobar que los ejemplos que presenté están gravemente equivocados, dice, por ejemplo, que en el caso de Bolivia : « Es concebible que algunas personas podrían argumentar en contra de la idea de que la gente indígena ha sido ‘sistematicamente e intencionalmente excluída’ (no es decir que nosotros tomaríamos o no esa posición). Como tal, es una ‘posición abierta a debate.’ » Siguiendo esa lógica, podríamos definir a la teoría de la tierra plana como una « posición abierta a debate. »

También los antropólogos se quejan de que la crítica en contra del programa de “Cultura estratégica” señala a un solo centro de estudios académicos afiliados con las FFAA estadounidenses, cuando de ésos existen decenas, y que por lo tanto es injusto. Argumentan :

« Muchos de nosotros hemos pasado años construyendo relaciones de confianza con comunidades política y económicamente reprimidas en América Latina y el Caribe. Tal condena pública de la UIF puede dañar seriamente esas relaciones. Es muy posible que al pasar y publicar esta moción se podría socavar el acceso para investigar las comunidades de la región a los investigadores asociados con la UIF, sin importar si tienen o no afiliación con el Centro de Investigaciones Aplicadas o el Comando Sur. También pensamos que esta moción podría dañar seriamente la habilidad de nuestro departamento de reclutar a estudiantes doctorales por las mismas razones. En fin, apuntar hacia la UIF no es justo ni apropiado. »

Al fin y al cabo, el argumento más fuerte que presentan es que condenar al programa de « Cultura estratégica » de la UIF-Comando Sur podría dañar a la reputación del departamento de antropología de la UIF y a las carreras de la gente afiliada. Es una triste reflexión sobre el estado de la academia neoliberal, que importa más la seguridad laboral y el supuesto prestigio arribista que las vidas de los sujetos humanos del estudio antropológico. Se hubiera esperado que, como antropólogos, tomarían la oportunidad de unirse a la condena de un proyecto que debería preocupar a sus sujetos humanos « política y económicamente reprimidos », lo cual seguramente les otorgaría más confianza dentro de esas comunidades ; sin embargo, defienden al programa y promueven el silencio para defender erróneamente a sus propios intereses profesionales.

No fui permitida por la junta directiva responder a las cartas de las y los antropólogos de la UIF ; por lo tanto la declaración final de la AAA no fue tan fuerte como nos hubiera gustado. Sin embargo, representa un buen inicio :

La junta directiva tiene una profunda preocupación sobre la proliferación de centros académicos financiados por las FFAA y agencias de inteligencia. Con estos centros surgen la posibilidad de que el conocimiento antropológico sea utilizado en contra de los intereses de las comunidades estudiadas por antropólogos, así como la posibilidad de que nuestros conocimientos sean usados como blanqueador para legitimar ejercicios en la producción de información antipática a los intereses de nuestros sujetos. La junta directiva busca respetar la libertad académica y no quiere legislar las decisiones políticas de nuestros miembros. Pero debe de haber balance entre esto y nuestra ética profesional y nuestras responsibilidades hacia las comunidades que estudiamos. Por lo tanto aconsejamos a los miembros de la Asociación Americana de Antropólogos que ejerzan precaución con estos centros, y asignamos a la Red de Respuesta Rápida la tarea de desarollar materiales para guiar a nuestros miembros en tales situaciones.

Al final de cuentas, la posición oficial de una organización de antropólogos importa menos que el impacto de las campañas de denuncias mediáticas y políticas en contra de la militarización del hemisferio. El debate que surgió alrededor de la moción en contra del programa « Cultura estratégica » sacó a la luz para mucha gente los usos actuales de la academía para las FFAA estadounidenses y presionó fuertemente a los administradores del programa “cultura estratégica”. Así que a veces el camino en si puede ser más importante que el destino. En esta lucha solidaria intercontinental en contra de la “Cultura estratégica” que lleva menos de un año, uniendo teoría y práctica en la academia y en las bases hemos logrado un fuerte golpe en contra de la legitimidad del programa UIF-Comando Sur.

Las y los antropólogos norteamericanos debemos estar alertas a los cambios estratégicos del Comando Sur y tomar la iniciativa (después de todo, el programa se centra en torno a « Cultura estratégica ») para denunciar el mal uso de la ciencia social al servicio de políticas que matan a la gente. Pero a pesar de todo lo que se puede lograr desde los EEUU utilizando los medios tradicionales, a traves de blogs, comunicados de prensa, y campañas de correo electrónico, y dentro de organizaciones como la AAA en contra de programas académicas-militares como el de « Cultura estratégica » , la lucha contra la militarización en todos sus aspectos requiere un trabajo solidario norte-sur sostenido. Pesan aún más los análisis y el rechazo de los pueblos directamente afectados, tanto de las y los antropólogos y otros académicos latinoamericanos y caribeños como de los movimientos de base luchando por la autodeterminación de los pueblos y en contra del imperialismo estadounidense. Para detener el programa actual de UIF-Comando Sur, y para prevenir el surgimiento de otros programas descendientes del Proyecto Camelot y HTS, es necesario continuar articulando esfuerzos similares como el que he planteado que nos permita ampliar el análisis y la lucha, en un sentido más integral, desde el pueblo y con el pueblo contra los procesos de dominación imperialista.

Adrienne Pine, Buenos Aires el 1º de junio de 2011

Working Hard, Drinking Hard : On Violence and Survival in Honduras : http://www.ucpress.edu/books/pages/10769.php

MoPaSSol. Buenos Aires el 1º de junio de 2011

* Adrienne Pine, Assistant Professor of Anthropology, American University

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