recherche

Accueil > Argentine > En Argentina hay que terminar con los chivos expiatorios.

11 décembre 2002

En Argentina hay que terminar con los chivos expiatorios.

 

Un agudo análisis del periodista Pablo E. Chacón sobre la realidad de estos días en la Argentina.

Por Pablo Chacón

’Los argentinos no tenemos una memoria de castigo porque acá se tiende a perdonar ciertos errores de la clase política. Sin embargo, la asignación de responsabilidades de la actual crisis podría preanunciar un castigo electoral’, desliza el analista de encuestas Ricardo Rouvier después de leer los resultados de un sondeo que su consultora propuso en Buenos Aires y el Gran Buenos Aires bajo la consigna ’¿Quién tiene la culpa de la actual crisis argentina ?’.

La encuesta abarcó unos 740 casos y repitió un clásico : los habitantes de este país invariablemente tendrán a mano, cualquiera sea el régimen de gobierno o el contexto, algún ’chivo expiatorio’. Es cierto, en la misma formulación de la pregunta ya está constituida una respuesta. Al quién siempre se responde diciendo este, o aquel, etcétera, pero lo que no deja de llamar la atención es la habilidad de los argentinos para encontrar culpables, obviamente excluyéndose de toda responsabilidad.

El 51,9 por ciento de los entrevistados consideró que el ex presidente peronista Carlos Saúl Menem merecía el primer puesto de esa lista negra (no hay que olvidar que es el mismo hombre que fue elegido dos veces en comicios democráticos libres y abiertos, la segunda de ellas, en 1995, con más del 50 por ciento de los votos ; y que es el mismo hombre que hoy pelea palmo a palmo, también según las encuestas, la pole position en las primarias que su partido disputará a mediados de enero, antes de las generales, hasta la fecha llamadas para el próximo 27 de abril).

Pero si hoy el ’chivo expiatorio’ son ’los políticos’, después de la última dictadura cívico-militar, en 1983, los culpables del desastre eran, por supuesto, ’los militares’. El mecanismo es el mismo : ’políticos’ y ’militares’ (o ’empresarios’, o ’sindicalistas’), sin desmerecer sus aportes al desastre, aparecen como esporas o bacterias llegadas del espacio exterior o nacidas por generación espontánea.

Otras cifras indican que el mandato interrumpido del radical Fernando De la Rúa, en diciembre del 2001, alcanza en ese ranking un 21,3 por ciento. El actual presidente (de transición), Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, es, para un 9,3 por ciento, el culpable máximo, seguido muy de cerca por el efímero titular del Ejecutivo local después de la caída de De la Rúa : Adolfo Rodríguez Sáa cosecha un 6,6 por ciento de responsabilidad (paradójicamente, el hombre se ubica segundo en la actual interna justicialista, a pocos pasos de Menem).

El ex presidente radical Raúl Ricardo Alfonsín alcanza un 4,4 por ciento de las ’preferencias’, seguido por una suerte de ¿autocrítica ?, ’el pueblo que votó a estos distintos gobiernos’ (sic), con el 4,1 por ciento, ’la última dictadura militar’, un 1,5 por ciento, y el gobierno de Isabel Perón, ’Chabela’, interrumpido por los militares en 1976, un 0,8 por ciento. El mismo vino en nuevos odres.

Pero ’¿estaría mejor, peor, igual el país con algunos de los actuales candidatos ejerciendo la presidencia ?’, también preguntó Rouvier ; y ahí las aguas se partieron. Aproximadamente un 50 por ciento de los consultados dijo que no, sosteniendo finalmente el slogan que todavía se repite como un mantra, ’que se vayan todos’ ; el otro 50 por ciento, en cambio, estaría dispuesto a renovar el crédito del elenco estable.

La sorpresa es el fugaz ex ministro de Economía de De la Rúa, Ricardo López Murphy, que emigró de la Unión Cívica Radical y creó su propio partido, Recrear Argentina, genéricamente caracterizado como de centro-derecha : es el candidato que despierta mayores expectativas, alcanzando, con todo, sólo un 22,8 por ciento de las adhesiones. El 53,4 por ciento opina que con Menem otra vez en el poder ’el país estaría peor’, y con José Manuel de la Sota, gobernador de la provincia de Córdoba y otro de los precandidatos peronistas, ’todo seguiría igual’.

Para desterrar la idea de que una vez destrabada la interna peronista, la Argentina ya tendría nuevo presidente, volvió a terciar la diputada nacional Elisa ’Lilita’ Carrió, titular del ARI (Argentinos para una República de Iguales), una de las responsables de haber hecho público el informe sobre corrupción y evasión fiscal durante la década de Menem : hoy oscila entre el segundo y el tercer puesto de las preferencias, pero apostando a polarizar la elección general con Menem, a quien está segura derrotaría (menos por su propio programa de gobierno, que nadie sabe cuál es, que por el desprecio que genera el riojano, un desprecio, como se vio, al menos relativo).

La sociedad civil argentina tiene sus candidatos : los de siempre, y como sea, reciclados, o desprendidos del tronco original de los dos grandes partidos nacionales, el justicialismo y el radicalismo, etcétera, pero son los mismos o más o menos los mismos de siempre (financiados por las empresas de siempre y apoyados por los dispositivos jurídicos, militares, policiales y mediáticos de siempre).

Esta vez, sin embargo, habrá cambios : la miseria fomentada durante los últimos treinta años empujó a muchísimas personas a diversas formas de solidaridad pero también al delito (no por supuesto al delito público, ese que se ejerce desde despachos y comisarías) sino al delito de aquel que no tiene nada que perder y que muchas veces incluye la muerte. Esos millones, casi la mitad de la población activa del país, descree de ’la política’ y sus gerentes, y no piensan votar : la abstención será una novedad monstruosa, tan monstruosa como frágil será en esas condiciones la legitimidad del nuevo presidente.

Parece que en la Argentina ha llegado la hora de terminar con los ’chivos expiatorios’.

Argenpresse.info, del 10/12/2002

Retour en haut de la page

El Correo

|

Patte blanche

|

Plan du site

| |

création réalisation : visual-id