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11 décembre 2002

El misterio argentino

par Claudio Katz *

 

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Un debate que apasionó a otras generaciones, ante la crisis, nuevamente sale a la luz. El economista y periodista Claudio Katz aporta elementos para repensar el país.

Primera parte

El colapso actual de la Argentina ha resucitado las clásicas discusiones sobre el estancamiento del país, en la nueva realidad de miseria y desempleo masivo. Ya es sabido que la crisis en curso no tiene precedentes desde la depresión del 30 y es comprable a la registrada durante guerras o cataclismos naturales. Pero un repaso de distintas interpretaciones indica que las causas de esta degradación son todavía misteriosas para muchos analistas. Predominan, en general, explicaciones idiosincráticas e institucionalistas, que sirven también de fundamento a muchas caracterizaciones económicas de la ortodoxia y la heterodoxia. Estos enfoques ignoran el origen capitalista de la crisis, su especificidad periférica y el efecto devastador que tuvieron las política neoliberales en un marco estructuralmente desventajoso para la acumulación.

Ciclotimia, depresión y diferenciación

Los partidarios de la tesis idiosincrática subrayan tres aspectos negativos del temperamento nacional : la ciclotimia, la depresión y el gusto por la diferenciación. El grupo de autores que resalta el primer defecto destaca que la desgracia de los argentinos se origina en giros abruptos de la "euforia colectiva al pesimismo generalizado" (A.Oppenheimer), del tono "exultante a la melancolía" (A.Ventura) y de la sensación de "grandeza a la autodenigración" (V.Muleiro). Algunos detectan la raíz de este vaivén en la "omnipotencia y la adicción al pensamiento mágico" (J.Abadi) y otros en la "negativa a ver la realidad" ( M.S.Quesada) o en la "anomia aguda" (J.Miguens)[II]. Pero la relación que encuentran entre esta oscilación anímica y la decadencia nacional no es muy convincente.

La ciclotimia ha sido señalada por algunos economistas como el origen de movimientos bursátiles imprevistos, desplomes financieros o inversiones riesgosas. Este fundamento psicológico no toma en cuenta las fuerzas determinantes de esos procesos, pero al menos ilustra el comportamiento inmediato de sus protagonistas. Cuándo se aplica este criterio al análisis de una crisis económicas de largo plazo, ese limitado esclarecimiento desaparece. Cómo la misma inestabilidad emocional que indujo extensos períodos de crecimiento también determinó un prolongado estancamiento es una incógnita irresuelta.

Pero el mayor problema de este patrón anímico radica en la indiferenciada evaluación de la subjetividad de una población. En vez de indagar como se comportan los dueños del poder se pretende dilucidar ’como actuamos todos los argentinos’. Y este interrogante no tiene una respuesta uniforme, porque quiénes manejan el país no se desenvuelven del mismo modo que la mayoría popular. Al identificar a ambos sectores bajo el paraguas de un "alma nacional" se asigna la misma relevancia a los pasos que adoptan Macri y Duhalde que a las reacciones de los desocupados, los obreros o los pequeños ahorristas.

Esta elemental distinción de grupos sociales es también ignorada por la tesis depresiva, que atribuye las desgracias nacionales a la falta de entusiasmo. La "nostalgia, el pensamiento negativo y la tristeza’ (M.Grondona) son señalados como resultantes de la ’sobrevaloración inicial" y de "creer que estábamos hechos para otra cosa" (E.Valiente Noailles). Se afirma que esta decepción ha creado un "duelo permanente en el país tanguero", acentuando "el sentimiento de pérdida que acompaña a la inmigración’"(A.Moffat) y alentando una nociva "propensión al psicoanálisis" (F.Gonzalez)
[III].

Pero de esta pintura de la argentinidad se podrían deducir conclusiones totalmente opuestas, porque la percepción de adversidades también induce al esfuerzo y a conductas perseverantes. Pero cabe suponer también todo lo contrario, porque en el reino del costumbrismo cualquier hipótesis vale. Este uso múltiple del pesimismo argentino no difiere mucho de las aplicaciones dadas al misticismo ruso, la disciplina alemana, la tenacidad británica o el ingenio francés. Estos rasgos han alimentado argumentos para explicar cualquier resultado, de cualquier proceso y en cualquier momento.

La tesis del desánimo argentino es, por ejemplo, actualmente utilizada por los funcionarios norteamericanos para justificar el fracaso de su mejor alumno neoliberal del Cono Sur. Proclaman que el pesimismo ha convertido a la Argentina en un "país inviable" (Washington Post) y en una "república bananera" (Wall Street Journal) que "merece sufrir" (funcionarios del FMI). La función política imperialista de estas caracterizaciones es tan obvia como la inclinación colonizada de las mentes que resaltan la ’insignificancia de nuestro país’ (C. Escudé) o la necesidad de "forzarlo a cumplir sus compromisos" (R.C.Conde) [IV].

El tercer rasgo idioscincrático descubierto por los buceadores del temperamento nacional es un gusto por la diferenciación, derivado de la "arrogancia", la "viveza criolla" y la "pereza" (M.Aguinis), en un país "que nunca se puso a trabajar" (A. Touraine). Esta ausencia de "cultura del trabajo" (R.Rabanal) es vista como un vicio heredado de la "tradición hispánica de improductivad" (F.Delich) y como un resultado de "la riqueza con poco esfuerzo" (T. Di Tella) que generó el "mito de la facilidad" (L.Gregorich) [V].

Pero esta vieja tesis liberal ha perdido vigencia. Tradicionalmente proyectaba a toda la población el ocio de los rentistas terratenientes, atribuyendo a la vagancia de todos los argentinos el desaprovechamiento de los recursos naturales. Este retrato no ofrece en la actualidad ni siquiera una imagen distorsionada de la realidad. ¿Qué sentido tiene hablar de la "pereza" del 44% de la población afectada por la desocupación abierta y encubierta ? Despotricar contra la "falta de cultura laboral" de los trabajadores, que padecen jornadas semanales de 55 horas sin cobrar dos de cada tres horas extras, es directamente ridículo. Más que un insulto es un síntoma de pérdida total del sentido de realidad.

Las divagaciones sobre la ciclotimia, la depresión y la pereza repiten el discurso de la "Argentina potencia", que la clase dominante difundía cuándo pretendía imitar el "destino manifiesto norteamericano". De ese delirio ya no quedan ni siquiera los recuerdos. Actualmente las indagaciones metafísicas solo intentan describir un fracaso.

Pero como ocurre en otros países, el interés por el carácter nacional han sido sustituido por reflexiones sobre la identidad [VI]. Las opiniones sobre la ’esencia’ de nuestro pueblo reemplazan los estudios sobre costumbres, culturas, valores y producciones artísticas. En lugar de indagar como el entorno geográfico, las condiciones históricas y las circunstancias políticas configuran las peculiaridades de una comunidad, se intenta develar los rasgos intrínsecos, perpetuos e inamovibles de la nacionalidad. Las observaciones sobre el tango, la nostalgia y la picardía sirven a este propósito, que entretiene a muchos lectores sin brindar ninguna pista seria para la investigación.

Violación de la Ley y culpabilidad de los políticos

Un segundo grupo de autores atribuye nuestras desgracias a otra costumbre argentina : "la violación de la ley". Algunos opinan que el "culto al coraje y el desprecio por las normas" ha convertido al país en un ’simple lugar" (J.Vanossi). Otros atribuyen los "cambios de reglas de juego" a los caprichos de "cada gobierno de turno" (R.Cachanovsky). Muchos afirman que la Argentina es una "sociedad desorganizada" (P.O¨Neill), porque "nuevas reglas aparecen antes de amoldarnos a las ya existentes" (L.Diaz Frers), a través de un proceso de "inflación legislativa que envilece la ley" (H.Lynch) [VII].

¿Pero quién viola los principios establecidos ? ¿Todos los argentinos o la clase capitalista gobernante que permanentemente adapta el arsenal jurídico a sus intereses ? Si desde 1983 el estado de sitio fue declarado en 53 oportunidades, si el Congreso sancionó centenares de leyes de emergencia y si los presidentes han dictado innumerables decretos de necesidad y urgencia es porque la clase dominante actualiza con estos procedimientos sus mecanismos de dominación. Quiénes más cuestionan la ausencia de "seguridad jurídica" mayor protección suelen brindar a los grupos empresarios y financieros beneficiarios de este desorden. ¿O acaso el Parlamento no votó durante los fines de semana (con el auxilio de algunas tarjetas Banelco) todas las leyes que exige el FMI ?

Por otra parte, es completamente arbitrario identificar el cumplimiento de la ley con el éxito de las naciones. En el paraíso jurídico norteamericano, Bush atrapó la presidencia violando normas constitucionales y actualmente apaña los fraudes contables y las maniobras bursátiles que enriquecen a sus ministros. Los embajadores estadounidenses en todo el mundo se especializan en sobornar funcionarios para conseguir los contratos irregulares (como lo prueba el caso de IBM-Banco Nación). Además, la doctrina de "guerra preventiva" que actualmente aplica Bush arrasa con todos los principios del derecho internacional.

El cumplimiento de la ley tampoco es sinónimo de prosperidad en la periferia, ya que los países de mayor crecimiento reciente (China, Corea del Sur, Malasia) encabezan los rankings de corrupción estatal. En la mediciones de ’transparencia internacional’ no aparece ninguna correlación positiva entre honestidad gubernamental y tasa de inversión por una sencilla razón : el capitalismo se desenvuelve en torno a la ganancia y no a la pulcritud ética. La estabilidad de normas que requiere este sistema para neutralizar la destrucción competitiva es un principio siempre vulnerable, en función de las necesidades mayoritarias de los empresarios. Por eso el capitalismo funciona dictando leyes y desconociendo su vigencia.

En vez de reconocer esta realidad se ha puesto de moda transferir todas los defectos del sistema a la acción de los políticos. Se les atribuye una "adicción megalómana por el poder" (C.Floria) y un impulso a crear "cargos públicos fuertes, dentro de instituciones débiles" (F.Laborda). Se los describe como una "casta divorciada de la sociedad" (E.Valiente Noailles), causante de la "crisis de representatividad" (N.Botana) y de la desconexión predominante entre "la política y la sociedad" (R.Fraga) [VIII].

En el pasado, este operativo de culpabilización era el prolegómeno de un golpe militar. Pero después del genocidio de los 70 y de la aventura de Malvinas los gendarmes han quedado en reserva y las campañas derechistas solo apuntan a reforzar la digitación capitalista de la mayoría de los políticos.

La critica neoliberal a este grupo oculta, además, que el enriquecimiento de muchos legisladores y funcionarios constituye simplemente un premio a su fidelidad patronal. Lejos de actuar como un sector inmanejable de aprovechadores, los hombres del PJ y la UCR han servido con lealtad a sus padrinos de la banca y la industria. Si ahora reciben palos en lugar de medallas es porque representan el fusible del sistema. Saltan con el primer cortocircuito y son barridos si el apagón se generaliza. Este mecanismo para ungirlos, adularlos y luego desprestigiarlos y reemplazarlos es una forma de oxigenación del propio sistema. Los políticos no gobiernan para sí mismos, sino para las grandes corporaciones, que los aplauden cuándo florecen los negocios y los denigran cuándo llega la crisis.

Pero la presentación del desplome argentino como el producto de un sistema político fallido conduce además a ignorar la raíz económica de esta erosión institucional. Se olvida que la hiperinflación aniquiló a Alfonsín, que el Tequila inició la cuenta regresiva de Menen, que posteriormente la depresión socavó a la Alianza y que finalmente el corralito demolió a de la Rúa. Denostar a los políticos es una forma demagógica de oscurecer este condicionante del derrumbe y encubrir la responsabilidad directa de los capitalistas en la crisis.

Pero la ’fractura entre la política y la sociedad’ también ha sido potenciada por la rebelión popular. Esta irrupción puso en jaque a todos los mecanismos de dominación y socavó los restos del consenso popular que preservaban los políticos patronales. Las críticas de la derecha expresan la irritación que ha creado esta situación entre los dueños del poder. Por eso persisten las objeciones a los aparatos tradicionales de control de la población ante su manifiesta incapacidad para desactivar la "rebelión de las cacerolas" (V.Massot). Esta impotencia puede mensurarse en las detalladas estadísticas de las huelgas y los cortes de ruta que difunden los periodistas de la derecha (Centro Nueva Mayoria). Algunos se quejan contra las manifestaciones "confusas, agresivas y directas de la soberanía popular" (N.Botana) y otros dan rienda suelta a su odio de clase, identificando las malversaciones de los legisladores con la "corrupción de los piqueteros que exigen planes trabajar" (C.Escudé) [IX].

Sólo este tipo de "violaciones de la ley" -que amenazan los privilegios de los capitalistas- preocupan realmente a los custodios del opresivo orden vigente. Los restantes atropellos jurídicos son quejas de circunstancia, que pasaran al olvido si la clase dominante necesita cambiar de libreto.

Las raíces de la inestabilidad política

También los intelectuales del progresismo sitúan el origen de la crisis en el incumplimiento de la ley, pero atribuyen esta indisciplina a la fragilidad institucional. Algunos consideran que estas prácticas ’antitéticas de la sociedad civil’ (L.Birns, J.Gans) constituyen una ’enfermedad autoritaria’ (T.E.Martinez). Otros ubican su origen en el ’nacionalismo intolerante’ de las ’corporaciones que se imponen al bien común’ (J.L.Romero) o en el ’caudillismo que ha destruido la construcción nacional’ (B.Sarlo). Pero existe coincidencia en explicar el colapso argentino por ’el escepticismo respecto a la legalidad’ (G.O’Donnell) y ’el manoseo de las instituciones’ (F.Luna). Partiendo de esta caracterización ha sido muy frecuente fechar el inicio de la decadencia nacional en el golpe militar de 1930[[X].

Pero asimilar la solidez de las instituciones con la estabilidad del capitalismo equivale a suponer que el funcionamiento de este sistema gira en torno a la transparencia parlamentaria, la justicia independiente o la legitimidad presidencial. En realidad estas instancias se desenvuelven ’normalmente’ sólo cuando aseguran la expansión de los mercados y la rentabilidad. Desconocer este hecho conduce a olvidar que la democracia se ha desgarrado en la Argentina y en el mundo, cada vez que el capital enfrentó graves obstáculos para reproducir la acumulación.

El progresismo tiende a postular, además, una relación de causalidad simplista entre la fragilidad de las instituciones y el ’fracaso económico’, omitiendo los condicionamientos históricos y sociales de ambos procesos. Este desconocimiento se observa en cuatro aspectos claves del fracaso argentino : la inserción dependiente, la herencia rentista del latifundio, las limitaciones de la industrialización sustitutiva y la desafiante combatividad de la clase obrera. Estos rasgos han limitado la acumulación en forma mucho más significativa que los vaivenes institucionales.

La inserción dependiente era poco visible cuándo los inmigrantes europeos afluían masivamente hacia un país que parecía completamente diferente del resto de Latinoamérica. Pero cuándo esta región comenzó a perder peso frente a otras zonas periféricas, todos los efectos del intercambio desigual, el drenaje financiero y la dualización industrial -que nuestro país comparte con las naciones subdesarrolladas- salieron a flote. Esta vulnerabilidad estructural ha incidido mucho más en el desplome nacional que la sustitución de gobiernos civiles por militares y viceversa, porque ninguno de esos episodios modificó el status dependiente del país.

La estructura agro-rentista tampoco fue un obstáculo para el crecimiento, mientras la renta natural del campo satisfacía a las clases dominante y bombeaba excedente para la inversión. Pero este molde -que alimentó un hábito de ganancia fácil asimilado por todos los grupos empresarios- no pudo perdurar cuando la capitalización mundial del agro redujo la incidencia de la renta y potenció la sobreproducción de alimentos. La mirada institucionalista más vulgar -exclusivamente concentrada en evaluar cuántos regímenes constitucionales prevalecieron sobre los dictatoriales- no registra este obstáculo, que afectó por igual a ambos tipos de sistemas políticos.

El enfoque del progresismo tampoco esclarece porqué la industrialización sustitutiva generó un sector manufacturero tardío, fragmentario y de baja productividad, para abastecer a un mercado interno que era el más próspero de la periferia. Además, no explica las razones del sistemático fracaso de los ensayos de modernización industrial, que oscilaron entre la subvención proteccionista y la apertura destructiva y que predominaron tanto en los gobiernos civiles como en los militares.

Finalmente, la tesis constitucionalista ignora el desenlace de las confrontaciones sociales y el extraordinario papel de la clase obrera, porque razona con criterios de ciudadanía opuestos al análisis clasista. El parámetro cívico resulta inútil para comprender cuál fue el impacto creado por la acción de un proletariado, que era el más organizado y sindicalizado de América Latina. Al observar la sociedad como un conglomerado de sufragantes, los institucionalistas desconocen este rol de los trabajadores. Ignoran que la burguesía afrontó una inestabilidad política crónica, porque tardó décadas en demoler conquistas sociales sin parangón en la periferia.

La crisis del estado sintetiza el impacto de estos cuatro determinantes de la declinación capitalista. Pero esta ’ausencia de un aparato previsible, con capacidad burocrática para gestionar’ (R.Sidicaro) no es la causa, sino la consecuencia de ese desplome[XI]. Además, la mínima cohesión que requiere una estructura estatal para funcionar ha sido corroída en los últimos años por la acentuada transnacionalización de la alta burocracia administrativa, financiera y militar. Los compromisos de lealtad que este grupo tiene con los organismos multinacionales que los emplean y aseguran sus carreras, explica porqué han socavado con sucesivos ajustes todos los pilares de una gestión pública eficiente.

Los mitos institucionalistas

El progresismo ha sido la usina de todas las expectativas de reconstruir la economía a partir de la estabilidad constitucional. Primero Alfonsín prometió ’curar, educar y alimentar con la democracia’ y luego la Alianza auguró una lluvia de inversiones con la simple conversión de Argentina en un ’país serio’. Este mismo discurso reiteran ahora los partidos de la centroizquierda, que identifican la erradicación del ’estado mafioso’ y la suscripción de ’un nuevo contrato moral’ con la inmediata recuperación productiva. El mismo diagnóstico y las mismas recetas se reiteran sin evaluar las reacciones del paciente.

Pero este fracaso no es asumido como propio por los institucionalistas, que presentan sus desaciertos como errores colectivos de toda la sociedad. Se eximen de responsabilidades, exteriorizando los problemas y culpabilizando a todos los argentinos. Si hay pobreza es porque la ’sociedad lo tolera’, si hay corrupción es porque la ’sociedad la apaña’, si hay criminalidad es porque ’la sociedad lo acepta’ y si hay explotación es porque ’la sociedad se acostumbró’.

¿Pero que es la sociedad ? ¿Una instancia de grupos diversos regulada por gestores neutrales o un organismo escindido en clases e intereses sociales antagónicos ? Si se supera la ingenua caracterización de esa entidad resulta posible observar que la ’sociedad’ a secas es un mito. Lo que satisface a la ’Sociedad Rural’ no es lo que beneficia a la ’Sociedad de Cooperativistas’ y lo que demandan los empresarios choca con los reclamos de los trabajadores.

Esta oposición de intereses es más visible desde el inicio de la rebelión popular, que en los términos del propio institucionalismo, convirtió al ’ciudadano-afiliado del 83 y el ’ciudadano-consumidor’ de los 90 en un ’ciudadano societario de asambleas [XII]. Este cambio -que socavó muchas creencias constitucionalistas- ha provocado un gran desconcierto entre la intelectualidad del progresismo, que oscila entre el compromiso con la lucha popular, el desencanto y el cinismo.

Segunda parte

Lecturas ortodoxas

Existe un tercer tipo de interpretaciones de la crisis inspirada en el neoliberalismo y centrada en la economía, pero a su vez muy asociada a la tesis de la soberbia, la pereza y la indisciplina institucional. El ’apego argentino a las soluciones mágicas’ es un argumento idiosincrático muy utilizado por los economistas ortodoxos.

Este grupo, inicialmente habló de una recesión pasajera resultante del ’shock externo’. Atribuyó ese efecto a la ’devaluación del real’ (M.Bein), al ’temblor financiero de Rusia y el sudeste asiático’ (M.A.Broda), a la ’sequía internacional de capitales’ (G.Calvo) o al ’fenómeno reciente de la globalización’ (J:C.Moreno) [XIII].

Pero las adversidades externas han sido la norma de la historia económica nacional y no un rasgo específico de la crisis actual. Por otra parte, más que absorber impactos foráneos la Argentina se ha convertido en propagadora de su crisis al resto de Latinoamérica. Por eso los economistas del ’establishment’ han debido reconocer que el desplome tiene también raíces internas y por eso, presentan a la convertibilidad como el gran chivo emisario. Siguiendo, además, la línea idiosincrática atribuyeron esta política al carácter ’fantasioso’, ’escapista’, ’ilusorio’ y pleno de ’espejismos’, que tipifica a los argentinos (J.G.Fraga, A.Velazco, V.Massuh) [XIV].

¿Pero quién instauró la convertibilidad ? ¿La mayoría de la población o el grupo neoliberal gobernante empeñado en brindar garantías de pago de la deuda externa ? Este ensayo fue sostenido por todos los grupos capitalistas hasta que el corset cambiario demostró que agravaba todos los desequilibrios de la economía. Pero la convertibilidad no ha sido la causa del desplome porque el tipo de cambio es solo un precio, que en la coyuntura oscila con la oferta y la demanda y en el largo plazo depende del nivel de productividad de cada país. El desfasaje cambiario no ha sido una peculiaridad argentina, sino que constituye un rasgo común de muchos países, que afrontan en distintos momentos, situaciones de sobre o subvaluación de sus monedas.

El argumento de la arrogancia y la pereza argentina es también utilizado por los neoliberales como explicación del déficit fiscal. Aquí los ortodoxos deberían asumir que padecen exageradamente estos defectos, porque durante su largo paso por la gestión pública quintuplicaron la deuda con subsidios a los empresarios (y al fraudulento negocio de la jubilación privada). El agujero financiero que soporta el país proviene de esa gigantesca deuda y no del gasto público corriente, que al cabo de numerosos recortes se encuentra prácticamente congelado desde 1993. La creencia de que ’el sector privado hizo el ajuste, pero se lo robó el sector público’ (R.Cachanovsky) se basa en ocultar que los sacrificios recayeron exclusivamente sobre los trabajadores de ambas esferas [XV]. Los empresarios -que se han turnado en el manejo de la gestión pública- utilizaron habitualmente los fondos del estado para rescatar a empresas o bancos en quiebra.

Otro argumento neoliberal remarca la ’rigidez de la apertura’ y la consiguiente ’insuficiencia de las reformas comerciales’ (N.Argañaraz), como si el país no hubiera soportado una avalancha de importaciones que fracturó el aparato productivo [XVI]. Si en lugar de la esperada modernización industrial se produjo una regresión reprimarizadora, es porque el neoliberalismo extremo arrasa con mayor violencia a las estructuras periféricas de mediano desarrollo.

Los ortodoxos más cínicos afirman que el modelo fracasó porque ’no hubo ajuste suficiente en el mercado de trabajo’ (J.L.Bour) y plantean que la ’legislación laboral debería reformarse’ ( M.Solanet) [XVII] ¿Pero hasta dónde pretenden empujar el genocidio social ? Cómo la pobreza creció un 40% desde octubre del 2001 y la indigencia se duplicó en los últimos seis meses, la legislación social ha quedado demolida y solo se expande el trabajo informal con salarios promedio de 297 pesos. ¿Cómo se compatibiliza esta degradación con la predilección argentina por la vagancia, el atajo y camino del menor esfuerzo ? ¿O acaso esta terrorífica involución ha sido otra de las opciones voluntariamente elegida por el conjunto de la sociedad ?

Expectativas heterodoxas

Existe una cuarta explicación de la crisis que combina argumentos institucionalistas con observaciones de la economía heterodoxa. Este enfoque atribuye la debacle argentina, por un lado a la convertibilidad que ’distorsionó los precios relativos’ (Haussman, Frenkel) y restó competitividad a la economía (Plan Fénix) y por otra parte, a la ’falta de un contrato social’ (L.Blaum) que contrarrestara la fragilidad institucional [XVII].

Pero la devaluación demandada para corregir la primera anomalía ha terminado agravando la segunda adversidad, porque el empobrecimiento que sucedió al fin de la convertibilidad también ha precipitado el colapso general de las instituciones actuales. Y este derrumbe no fue producto de la ’mala instrumentación’ de la devaluación, sino de una brutal transferencia de ingresos de los trabajadores hacia los capitalistas. Los heterodoxos apuntalaron este escenario de miseria con enfáticos diagnósticos del retraso cambiario, que omiten el dramático ’retraso salarial’ que provocaría la devaluación.

Pero lo más característico de los viejos keynesianos y estructuralistas es su total carencia de interpretaciones propias. En todos los planos predomina una adaptación completa al neoliberalismo. Esta subordinación es muy visible en el encandilamiento que producen las figuras ’aggiornadas’ del mainstream como J.Stiglitz [XVIII]. El ex asesor de Clinton y ex director del Banco Mundial se ha convertido en un prócer del Cono Sur, desde que comenzó a recorrer el mundo con objeciones al ajuste. Ha logrado que la frase ’lo dijo Stiglitz’ sea tomada con la misma reverencia que antes provocaban las opiniones del FMI.

Pero este deslumbramiento se basa en varias imposturas. La más insostenible es la contraposición entre las ’políticas sociales’ del Banco Mundial y las ’medidas recesivas del FMI’, porque ambos organismos actúan como agentes de los mismos bancos que estrangulan a la periferia. La Argentina abonó por ejemplo en lo que va del año 4000 millones de dólares a ambas instituciones y el BM no ha vacilado en quedarse con las divisas que necesitan los niños desnutridos.

El trasfondo de la disputa de Stiglitz con la gerencia actual del FMI no es la sensibilidad social, ni las propuestas de políticas más contemplativas hacia los deudores. Sólo está en juego una pugna entre los partidarios de rescatar con nuevos créditos a los acreedores y los promotores de una depuración parcial de los bancos y los fondos de inversión más expuestos. Ninguna de las dos alternativas implica atenuar el ajuste en el Tercer Mundo.

Esta cruda realidad es, sin embargo, ocultada por todos los heterodoxos que hablan de las ’equivocaciones de FMI’ en su trato ’irresponsable’ con Argentina (R.Lo Vuolo) [XIX] . ¿Pero dónde estuvo el error ? ¿En los préstamos, en los cobros, en los ajustes o en las refinanciaciones ? Los heterodoxos pretenden evadir la respuesta sobrevolando neutralmente este conflicto, como si fuera posible juzgar las políticas económicas sin tomar partido. Se olvidan que para realizar esta evaluación hay que definir cuáles son los intereses están en juego, porque las equivocaciones y los aciertos se miden en función de estos propósitos. Para los banqueros es errónea la orientación que les impide cobrar y para los deudores son desacertadas las medidas que acentúan su acorralamiento.

Por eso el FMI no se ’equivocó’ al imponer ajustes que le permitieron a los financistas acumular cuantiosas fortunas a costa de los pueblos latinoamericanos. Elúnico equívoco lo propagan quiénes no saben distinguir lo que está en disputa en la crisis actual.

Neoliberalismo y dependencia

A diferencia de las cuatro explicaciones más corrientes, la tesis que enfatiza la responsabilidad del neoliberalismo en el colapso argentino, parte de una acertada caracterización. Cuál de los rasgos de esa orientación fue más nefasto puede ser motivo de discusión. Algunos analistas destacan la ’desindustrialización’ (J.Schvarter), otros la ’apertura indiscriminada’ (A.Ferrer), el ’estancamiento tecnológico’ (J.Sachs), la ’exclusión’ (M.Schorr), el ’sistema bancario inconsistente’ (E.Levy, S.Schmukler) o las ’privatizaciones mal hechas [XXI].

Pero es indudable que cualquiera de estas políticas contribuyó al deterioro del aparato productivo y que su aplicación conjunta tuvo un efecto demoledor. Sin embargo, la crítica al neoliberalismo resulta insuficiente porque esta orientación no ha sido una peculiaridad argentina, sino un rasgo predominante en casi todos los países durante la última década. Y sin embargo el desplome provocado por el neoliberalismo no ha sido uniforme, ni homogéneo. Por ejemplo, no se extendió a la usina norteamericana de esa política económica.

Algunos autores explican estas diferencias por el grado de ’aplicación real del modelo’ y señalan que bajo la superficie de un lenguaje uniforme se instrumentaron políticas divergentes. Pero esta distinción sólo rige muy parcialmente para ciertos sectores y países, ya que el curso general de los 90 estuvo signado por medidas de privatización, liberalización y flexibilidad laboral. Lo que sí ha diferido es el impacto de una misma política económica en los países centrales y periféricos. Por ejemplo, la apertura comercial que destruyó la frágil industria de las naciones dependientes potenció la capacidad exportadora de sus competidores desarrollados.

La mayores víctimas del neoliberalismo en las últimas décadas fueron las ’naciones emergentes’ (México, Brasil, Corea del Sur, Indonesia, Turquía, Rusia), que como Argentina soportaron crisis económicas generalizadas y tragedias sociales incomparablemente superiores a Estados Unidos, Europa Central o Japón. El derrumbe argentino forma parte de ese proceso, es decir del impacto generado por las políticas de apertura, desregulación y privatizaciones sobre los vulnerables países periféricos. La crisis no obedece exclusivamente al neoliberalismo. Es también un resultado de la polarización imperialista que caracteriza al capitalismo actual.

Deuda externa y burguesía nacional

Reconocer este efecto de la dependencia sobre la debacle argentina es vital para comprender la responsabilidad conjunta de los bancos acreedores y los grupos capitalistas locales. Algunos investigadores cargan las tintas sobre este último sector exculpando al primero. Interpretan que el origen de la crisis ha sido ’la fuga de capital al exterior’ perpetrada por los grandes empresarios y señalan que el pago de la deuda externa fue solamente funcional a ese propósito (E.Basualdo) [XXII].

Pero esta visión traza una distinción incorrecta entre los grupos locales culpabilizados de la catástrofe y los bancos o compañías extranjeras eximidas de esa responsabilidad. Cómo las corporaciones de origen nacional protagonizaron un agudo proceso de transnacionalización y estrecharon sus vínculos con los bancos, precisar esa diferenciación se torna muy difícil. ¿Cómo puede delimitarse tan nítidamente la salida de fondos que benefició a las firmas locales del drenaje provocado por el cumplimiento de la deuda ? ¿Por qué suponer que Perez Companc, Soldati o Techint se enriquecieron a costa del pueblo, sin compartir sus negocios con Citibank, BankBoston o J.P.Morgan ?

Las evidencias de esta asociación son tan numerosas como los registros de operaciones separadas y en ambos casos los bancos extranjeros lucraron por múltiples vías. Los canjes de la deuda y las privatizaciones constituyen apenas dos ejemplos de ese usufructo. A través del primer mecanismo se consumaron cambios de papeles desvalorizados por nuevos bonos del estado que permitieron a los bancos recomponer sus balances y sortear su peligrosa exposición con títulos argentinos. En el caso de las privatizaciones se desprendieron de bonos depreciados cotizados al 100 % de su valor nominal, durante la fraudulenta liquidación de las empresas públicas.

Pero suponer, además, que los grupos locales y no los bancos constituyen la fuerza dominante del estado argentino choca con la evidencia cotidiana de la supremacía que ejerce el FMI en el manejo del poder. Por otra parte, es obvio que en la cúpula de este organismo tienen más influencia los bancos norteamericanos que algún vocero de Macri o Fortabat. Y por eso las exigencias de ajuste del Fondo afectan a veces también a los intereses de estos grupos en el plano impositivo, arancelario o crediticio.

La exculpación de los acreedores conduce a ciertos economistas a proponer una renegociación de la deuda externa que transfiera su pago a los grupos empresarios locales, a través de impuestos o acuerdos de fiscalización del movimiento de capitales concertados con los organismos financieros internacionales (C.Lozano) [XXIII]. Pero estas iniciativas reiteran las ilusiones ya desmentidas varias veces de lograr un alivio de la deuda en tratativas con el FMI. ¿Es realista imaginar un acuerdo que traspasaría los costos del ajuste a los capitalistas ? ¿Es concebible un convenio con el Fondo, que en vez de reducir los salarios imponga puniciones a la fortuna de Techint, Macri o Perez Companc ? El costado más negativo de este tipo de fantasías es su convergencia con los mitos que difunden los bancos para blanquear a los acreedores, descargando las culpas del desastre sobre los ’ricos que esconden la plata en Miami’ (R.Dornbusch) [XXIV].

La tesis de la neutralidad de los bancos y de la responsabilidad exclusiva de los grupos locales en la crisis reconoce el proceso de transnacionalización registrado en este último sector. Incluso afirma que la ’extranjerización de las cúpulas’ y la ’extinción del empresariado vinculado al mercado interno’ ha conducido a la ’liquidación de la burguesía nacional’ (C.Lozano) [XXV]. El grado de consistencia exacto de este diagnóstico quedará definido en el curso aún irresuelto de la crisis. Lo que si puede ya afirmarse es que esta conclusión tiene varias implicancias políticas ignoradas por sus autores, que omiten definir si el proyecto alternativo que propugnan es o no capitalista.

Dada la ’desaparición de la burguesía nacional’, para promover ’otro modelo de capitalismo’ habrá que sustituir a esa clase en la erección de ese sistema, alentando la diferenciación social y preservando la pobreza con políticas antagónicas al ’shock redistributivo’ que alientan los partidarios de esa caracterización. La alternativa opuesta es batallar por el socialismo, pero este proyecto tampoco figura en sus planes. Al postular una ’democracia popular participativa’ solo definen el régimen político, pero no el status social del sistema que proponen. La disyuntiva entre resucitar a la burguesía nacional o bregar por el socialismo constituye un dilema particularmente candente, si la clase capitalista local se ha extinguido.

El capitalismo en la picota

La inédita dimensión de la crisis argentina ha inducido a incluir en su análisis un aspecto que era omitido por los críticos habituales del neoliberalismo y la dependencia : el sistema capitalista. El cuestionamiento a este régimen ha resurgido como consecuencia de la violencia expropiatoria que ha experimentado la población. El margen para reivindicar la existencia de ’un solo mundo capitalista ..que significa ganar plata’ (A.Coto) o para glorificar la imaginaria ’igualdad de oportunidades’ (H. De Soto) de ese régimen, se ha reducido drásticamente [XXVI].

Recogiendo esta percepción los políticos de centroizquierda ya no insisten tanto en cuestionar la ’falta de capitalismo’, ni en demandar la ’erección de otro capitalismo’, sino que prefieren hacer campaña explicando que ’nosotros combatimos al capitalismo con la denuncia de las maffias’ (E.Carrió) [XXVII]. El hábito de referirse a este régimen de manera tangencial y eludiendo su identificación con la prosperidad y el progreso individual, vuelve a imponerse.

La mirada crítica se ha extendido también a los intelectuales del progresismo que han comenzado a descubrir que el modelo neoliberal es el ’modo de ser del capitalismo’ y que reconocen la imposibilidad de ’romper con la matriz de desigualdad’ sin batallar contra este sistema (J.P.Feinman) [XXVIII]. Subrayar que el capitalismo es la causa central de la crisis resulta esencial para comprender porqué la miseria y la depresión son consecuencia de un sistema, que inevitablemente genera cataclismos económicos y catástrofes sociales.

Pero este reconocimiento es una condición necesaria, aunque no suficiente para caracterizar el desplome argentino. Cuándo se presenta la crisis como una simple ’consecuencia del capitalismo’ la explicación del todo conspira contra la comprensión de algo. El capitalismo predomina en casi 200 naciones y es el origen último de situaciones muy diferentes en cada país. Afirmando que la ’debacle argentina es una expresión de la crisis mundial’ tampoco se aclara mucho, porque ese proceso común que afecta tanto a Dinamarca como a Ecuador ha tenido un efecto muy desigual en ambos países. Registrar estas diferencias es importante, porque la Argentina se parece mucho más a Ecuador que a Dinamarca.

Qué la crisis argentina sea capitalista no implica su identidad con cualquier descalabro, en cualquier país y en cualquier momento. El análisis de la debacle nacional exige observar sus peculiaridades distintivas. Y esta clarificación resulta indispensable para comprender que el capitalismo lejos de ser un sistema internacionalmente uniforme y homogéneo, se caracteriza por un desarrollo desigual y combinado que genera resultados nacionales muy diversos. Sólo indagando estas particularidades se puede comprender porque ciertas crisis económicas quiebran los eslabones débiles del sistema en un momento dado [XXIX].

Comparaciones

La catástrofe argentina es una crisis capitalista, típica de un país periférico y acentuada por la aplicación de políticas neoliberales, en un marco adverso para la acumulación. Combinar estos cuatro elementos de variada jerarquía es vital para dar cuenta de la profundidad del derrumbe. Otra forma de esclarecer este proceso es observando similitudes y diferencias con las situaciones de otros países.

El error más frecuente en estos contrastes es la presentación del ’caso argentino’ como un hecho único en el mundo. Quiénes suelen preguntar : ’por qué la debacle nos tocó a nosotros’, olvidan que las tres cuartas partes del planeta están habitadas por individuos que soportan un nivel de vida igual o inferior a la Argentina. Basta refrescar este dato para notar que nuestra tragedia es compartida por la mayoría de los habitantes de la tierra.

Pero como, además, es evidente que el lugar ocupado por cada país en la división internacional del trabajo no es una decisión facultativa, tampoco tiene sentido buscar exclusivamente las razones de nuestra caída en cierta conducta que ’nos diferenció de los exitosos’. A la mayoría de las naciones le ocurrió lo mismo, porque en el mercado mundial no hay mucho espacio para los ganadores y por eso la periferia tiende a sufrir los efectos de la polarización imperialista. Al desconocer estos condicionamientos muchos analistas dan rienda suelta a sus fantasías de colocar a nuestro país en el ’Primer Mundo’, una vez copiados los modelos de Austria, Suecia o Noruega (J.Nun, R.Terragno, B.Kliksberg) [XXX].

Pero es más fácil declarar este objetivo que explicar como alcanzarlo, porque el ensueño primermundista parece ignorar que Tucumán ya se parece a Biafra y que en Occidente, el pasaporte argentino es sinónimo de refugiado indeseable. La tendencia a olvidar que las condiciones de principio del siglo XX se han esfumado, les impide comprender porqué el país del ’crisol de razas’ ahora expulsa masivamente a su ’población sobrante’. Argentina ha quedado muy descolocada en el mercado mundial y por eso el PBI per capita ha caído por debajo de naciones pobres de Europa, que por quedar asociadas a un bloque dominante han podido sortear hasta ahora los cataclismos de las economías dependientes.

Nuestro país forma parte actualmente de un pelotón de naciones latinoamericanas que pierde gravitación internacional, como consecuencia del agobiante endeudamiento, el deterioro de los términos de intercambio y el desplazamiento de la industria hacia otras regiones de la periferia. Reordenamientos de este tipo se han registrado muchas veces en la historia del capitalismo y siempre obedecieron más a tendencias globales de la inversión, que a los esfuerzos de ’atractividad del capital’ realizados por cada clase dominante nacional. No es el ’comportamiento pacífico de las personas’ en Canadá (A.Clarkson), ni el ’carácter flexible de las instituciones’ en Australia (L.Diaz Frers) lo que ha ensanchado la brecha con estos países, sino la remodelación objetiva de la división internacional del trabajo [XXXI].

También los economistas que critican no haber seguido el ’camino del sudeste asiático’ (A.Ferrer) suelen desconocer estas determinaciones estructurales y nunca logran explicar como se podría haber logrado esa imitación [XXXII]. Es evidente que la afluencia de capitales hacia esa región no se restringe a un país, ni depende de una política económica, sino que forma parte de una relocalización de la inversión ’mano de obra intensiva’ por parte de las corporaciones más internacionalizadas. Como consecuencia del salto registrado en la mundialización, la atracción inversora que ejercían mercados internos protegidos como el argentino de los años 50 se ha desplazado actualmente hacia los enclaves de exportaciones industriales básicas. Por eso la expectativa de ’volver a la vieja Argentina floreciente’ es tan poco realista.

Frente a una gran variedad de comparaciones inconducentes, el contraste entre Argentina y Chile merece mayor atención, porque la performance económica de ambos países vecinos se ha bifurcado notablemente en las últimas dos décadas. La ortodoxia explica el crecimiento chileno por la ’apertura comercial’ (M.Teijero), por las ’reformas que alentaron la inversión’ (D.Artana) y el ’énfasis exportador’ (M.Grondona), mientras que los heterodoxos destacan que se ’hizo lo contrario a lo exigido por el FMI’ ( R.French-Davis)[XXXIII].

Pero antes de teorizar sobre las ventajas y desventajas universales del neoliberalismo, ambos grupos deberían tomar nota del carácter muy específico del crecimiento trasandino en el contexto de la regresión generalizada de Latinoamérica. Este peculiaridad obedece a múltiples razones económicas (bajo nivel de industrialización previo, complementariedad de exportaciones primarias con Estados Unidas, apertura hacia el Pacifico), políticas (derrota histórica de la Unidad Popular), militares (transición comandada por el pinochetismo), sociales (debilitamiento de las organizaciones obreras, polarización de ingresos luego de las privatizaciones) e ideológicas (afianzamiento del neoliberalismo entre las capas medias). Pero estos procesos también indican la fragilidad de un modelo, que no ha modificado la matriz dependiente de la economía.

Observar el derrumbe argentino en el espejo de otras naciones es un ejercicio útil para comprender las causas específicas de este desastre. Pero es un enfoque engañoso si se naturaliza la crisis como un hecho inevitable y se razona con el parámetro de quién sufre menos. Olvidar que el capitalismo es un sistema de opresión y sufrimiento en todo el mundo impide ver que funciona con tormentos cambiantes y tragedias que se desplazan geográficamente, golpeando indefectiblemente al conjunto de los trabajadores y oprimidos.

Dos escenarios y una alternativa

La crisis argentina no se ha limitado esta vez a una caída del producto, sino que arrastró a la quiebra a una enorme franja de la industria y los bancos y ha provocado una escandalosa pauperización de hambre, enfermedades y degradación cultural. En este tipo de desplomes se asientan tradicionalmente las reactivaciones que permiten la revalorización del capital sobre los escombros de los sobrevivientes. Sin embargo, el default financiero y la pérdida de posiciones internacionales tornan improbable esta recuperación en el corto plazo.

Si la crisis toca, fondo la reconstrucción capitalista afianzará la fractura social y la estabilización de la miseria como un dato estructural del país. En el quinto exportador mundial de alimentos se podría recrear un entorno de prosperidad, pero acotado a la reducida franja que participa de los frutos de esa actividad. Para el resto del país, la perspectiva es una ’economía de penuria’ y degradación perdurable.

Es posible también que la crisis continúe profundizándose sin detenerse en la estabilización de un renovado modelo de enclave exportador. En ese caso la chocante pregunta de ’si Argentina existe’ (A.Touraine) dejará de ser un interrogante metafísico para convertirse en un cuestionamiento real sobre la integridad territorial y la soberanía formal del país[XXXIV].

Precisar la caracterización de la crisis es importante para evaluar las probabilidades de estos escenarios y para definir también un programa popular alternativo. Esta plataforma debe tomar en cuenta el origen capitalista del descalabro, su especificidad periférica y el efecto devastador que tuvieron las políticas neoliberales, en las desventajosas condiciones que presentó la Argentina para la acumulación en las últimas décadas.

Estos caracterizaciones constituyen el fundamento conceptual para desarrollar un proyecto socialista adaptado a la realidad, las prioridades y los cursos posibles de una reconstrucción económica. En esta perspectiva están trabajando muchos intelectuales que participan activamente en la rebelión popular y apuntalan la batalla por una nueva sociedad de igualdad, justicia y cooperación. Avanzar en la elaboración de un sólido diagnóstico de la crisis es un aspecto central de esta construcción.

Notas :

[II] Oppenheimer Andrés. ’El desencanto de los argentinos’. La Nación, 2-7-02, Ventura Adrían. ’Qué paso con la Argentina’. La Nación. 17-10-02, Muleiro Vicente. Clarín 18-8-02, Abadi José ’De responsabilidades propias y ajenas’ Clarín revista. 13-8-00, Quesada María Saenz ’De responsabilidades propias y ajenas’, Clarín revista.13-8-00, Miguens Jose E. ’Un país sin rumbo’. La Nación, 8-2-01.

[III] Grondona Mariano. ’En la sima del pensamiento negativo’ La Nación, 18-8-02, Valiente Noailles Enrique ’El clamor de los argentinos’. La Nación, 18-9-02, Valiente Noailles Enrique. ’Ahora nadie espera nada’. La Nación, 16-10-02, A.Moffat y F.Gonzalez en Remeseira Claudio. ’La patria triste del psicoanálisis y el tango’. La Nación, 6 de agosto 2000.

[IV] Prensa internacional. Boston Globe , Le Monde . ’Asi lo ven’, Página 12, 14-1-02, Escudé Carlos. ’Una misión imposible’ ? La Nación. 28-01-02. Cortes Conde Roberto, citado en la ’Soberanía embargada’ Clarín, 28-07-02. También el keynesiano P.Krugman participa de la moda denigratoria con su mirada compasiva hacia un país ’pequeño, lejano y remoto que tiene pocas posibilidad de afectar’ la vida corriente de los norteamericanos. Krugman Paul. ’Llorando con la Argentina’. La Nación, 2-1-02.

[V] Aguinis Marcos. ’La paradoja argentina’. Clarín Revista.13-8-00, Touraine Alan. ’El regreso de la nación’. Clarín, 13-1-02, Rabanal Rodolfo. ’Anatomía del pesimismo argentino’. La Nación 13-1-00, Delich Francisco. ’No respectar las normas no es una picardía’. La Nación, 28-10-02, Di Tella Torcuato. ’De responsabilidades propias y ajenas’ Clarín revista 13-8-00, Gregorich Luis. ’El mito de la semilla y el futuro argentino’. La Nación 9-12-2000.

[VI] Ver : Anderson Perry. ’Fernand Braudel y la identidad nacional’. Campos de batalla, Anagrama, Barcelona, 1992.

[VII] Vanossi Jorge. ’El abuso de derecho está en la raíz de los problemas’, La Nación , 117-10-02, Cachanosky Roberto. ’La Argentina, enfrentada consigo misma’. La Nación, 18-11-02, Diaz Frers Luciana. ’Crear un entorno que premie la inversión’. La Nación,14-10-02, Lynch Horacio. ’La suma de muchos errores’. La Nación,15-10-02.

[VIII] Floria Carlos. ’La autoridad es la clave de la democracia’. La Nación, 13-10-02, Laborda Fernando. No se lograron consensos’. La Nación, 13-10-02, Valiente Noailles Enrique ’El clamor de los argentinos’. La Nación, 18-9-02, Botana Natalio. ’El hilo de seda de la legitimidad’. La Nación, 5-9-02, Fraga Rosendo. ’La dirección de la crisis’. Página 12, 27-01-02.

[IX] Massot Vicente. ’La rebelión de las cacerolas’. La Nación, 29-12-01, Botana Natalio. ’Que se vayan : Y después’. La Nación, 7-2-02, Escudé Carlos. ’Nuestra condena, la corrupción’, La Nación, 16-10-02.

[X] Martinez Tomas Eloy. ’Recrear la Argentina’. La Nación, 22-12-01, L.Birns, J.Gans citados por Diament Mario. ’Como un choque de trenes’ La Nación, 24-12-01, Romero Luis Alberto. ’Refundaciones’ : Clarín, 3-6-01, Romero Luis Alberto. ’Que le paso a la Argentina’.La Nación,16-10-02, Sarlo Beatriz. ’La disolución de la Argentina y sus remedios ’ Página 12, 23-12- 01, O’Donnell Guillermo ’Entrevista’. Página 12, 11-6-01, Luna Felix. ’Mas que errores fueron horrores’, La Nación, 13-10-02.

[XI] Sidicaro Ricardo. ’Integraciones y desintegraciones’ Página 12, 20-1-02.

[XII] Landi Oscar. ’Ciudadano societario de asambleas’. Clarín, 24-03-02.

[XII] Bein Miguel. ’La economía tiene razones propias para no arrancar’. La Nación 22-5-01, Broda Miguel A. ’La pesadilla parece llegar a su fin’. La Nación 16-7-00, Moreno Julio Cesar. ’El huracán globalizado’, 31-1-02. Ver informe de Campanario Sebastián. ’Economistas perplejos por el caso argentino’. Clarín, 11-8-02.

[XIV] Gonzalez Fraga Javier. ’Recesión o estancamiento’ La Nación 4-3-01, Velazco Andrés. ’El fin de las grandes ilusiones’. La Nación, 27-12-01, Massuh Héctor. ’El país de las recetas efímeras’. La Nación, 15-11-02.

[XV] Cachanosky Roberto. ’Crecer no es solo una cuestión de buena voluntad’. La Nación 16-3-01. Cachanovsky Roberto. ’Achicar el sector público para volver a crecer’, La Nación, 8-6-01.

[XVI] Argañaraz Nadine. ’Hicieron falta gran solidez y consistencia’. La Nación, 14-10-02.

[XVII] Bour Jose L. ’Asusta a la inversión’. Página 12, 5-8-00. Solanet Manuel. ’Una situación que no admite demoras’. La Nación, 18-11-02.

[XVIII] Blaum Luis. Citado por Eduardo de Miguel . ’Dinero y diván’. Clarín, 17-11-02, Ver : Campanario Sebastián. ’Economistas perplejos por el caso argentino’. Clarín ,11-8-02, Vanoli Alejandro. ’Defensa del Plan Fénix’. Página 12, 26-5-02 También : Fitoussi Jean Paul. ’O devalúan, o matan a la población’ Página 12, 14-6-01.

[XIX] Stglitz Joseph. Entrevistas. Clarín, 30-6-01, La Gaceta Económica, 30-6-01, Página 12, 1-7-02.

[XX]Lo Vuolo, Rubén. ’Fallas del gendarme’. Página 12, 30-6-02.

[XXI] Schvarter Jorge. ’Economía argentina : situación y perspectivas’. La gaceta económica 24-6-01, Ferrer Aldo. ’Los mitos neoliberales versus la capacidad económica estatal’. Clarín, 11-12-01, Sachs Jeffrey. ’Faltan estrategias de innovación’. La Nación 29-5-01, Schorr Martín. ’Ataquen al salario’ Página 12, 6-5-01.

[XXII]Basualdo Eduardo. ’Acerca de la naturaleza de la deuda externa’ Libro Página 12, abril 2000.

[XXIII] Lozano Claudio. Citado por Santiago Rodríguez ’Los tres reconocimientos’ Página 12, 3-11-02.

[XXIV] Dornbusch Rudiger. ’Para salir se necesita una década’ La Nación, 6-2-02.

[XXV] Lozano Claudio. Cuaderno de la CTA : Shock distributivo, autonomía nacional y democratización, CTA- Página 12, noviembre 2002.

[XXVI] de Soto Hernán. ’El capitalismo es la única vía para lograr igualdad de oportunidades’ La Nación, 26-8-02, Coto Alfredo. ’Ahora somos el país agroindustrial más barato del mundo’. Página 12, 3-6-02.

[XXVII] Carrió Elisa. Informen al Parlamento. Página 12, 21-7-01, ’Entrevista’ Revista Tres Puntos, 15-5-02.

[XXVIII] Feinmann Juan Pablo. ’Modelo y sistema’ Página 12, 24-9-02.

[XXIX] Estas peculiaridades se diluyen cuando sólo se afirma que ’asistimos a una manifestación concentrada de una crisis de alcance mundial’ y se pronostica que también ’Estados Unidos se argentiniza’. Rieznik Pablo. ’Bancarrota económica, disolución social y rebelión popular’. Razón y Revolución n 9, otoño de 2002.
En este caso el comodín de la ’crisis mundial’ conduce a caracterizaciones que terminan flotando en universos tan amplios como incomprobables. El concepto de crisis pierde sentido concreto y es convertido en el fundamento de previsiones invariablemente catastrofistas. Dado el récord de fallidos que acumulan muchos economistas y marxistas convendría ser más cauto en estas previsiones y más específicos en el diagnóstico, a menos que se aumente la apuesta y se precise temporalmente cuándo se producirá la ’argentinización’ de tal o cual país : ¿mañana, dentro de un año, en la próxima década ?.

[XXX] Nun José. Página 12, 29-7-01, Terragno Rodolfo. ’El tilo y la convertibilidad’. Clarín 11.4.01, Kliksberg Bernardo. Entrevista, Página 12, 24-11-02.

[XXXI] Clarkson Adrienne. ’El país correcto’. Clarín, 6-5-01, Diaz Frers L. ’Instituciones flexibles ’, La Nación, 27-8-00.

[XXXII] Ferrer Aldo. ’Atrapados en la globalización’. Clarín, 11-7-01.

[XXXIII] Teijero Mario. ’Argentina y Chile : lecciones de una economía sensata’. La Nación, 10-12-01, Artana Daniel. ’Hay que buscar un crecimiento a largo plazo’. Clarín, 24-11-02, Grondona, Mariano. ’Lecciones de Chile’. La Nación, 19-12-01, French Davis Ricardo, ’Chile ganó por no seguir a la ortodoxia’ ’Entrevista’, Clarín, 7-7-02.

[XXXIV] Touraine Alain. ’Existe la Argentina ?’ Clarín, 3-6-01. Luzzani Telma, Baron Ana. ’El fantasma del protectorado’, Clarín, 2-6-02.

Primera parte : Argenpresse
Segunda parte : Argenpresse

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