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24 octobre 2002

Dolarización ecuatoriana

 

Por Pablo Dávalos
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En la formación del pensamiento clásico de la economía, hubo
una preocupación sobre la formación de la tasa de beneficios de
una sociedad determinada como elemento determinante en la
creación y distribución de la riqueza. De las teorías
existentes, la propuesta de economista inglés del siglo XIX,
David Ricardo, indicaba que era frecuente que las tasas de
beneficio a nivel general sean más altas en los países más
pobres que en aquellos más ricos.

Independientemente del debate al respecto, esta propuesta de
Ricardo debe entenderse en el contexto de sociedades en las que
las oportunidades son menores, los costos de transacción son
más grandes, la información o es incompleta o es manipulada, y
existe una cierta inseguridad sobre los marcos jurídicos e
institucionales existentes. Tal parece ser el caso del Ecuador,
y en el que el análisis de Ricardo puede dar algunos elementos
sobre su situación.

En efecto, en el Ecuador contemporáneo los agentes económicos
(empresas, comercios, industrias, servicios, etc.), tienden a
maximizar su tasa de beneficio de tal manera que cada
transacción económica les permita un máximo de utilidad por
sobre cualquier promedio de los países más ricos. Es la lógica
del "ahora o nunca".

En la formación de sus expectativas, cuenta mucho para estos
agentes económicos, la incertidumbre con respecto al futuro y
el hecho de que la frágil situación económica, social y
política, pueden destruir o distorsionar profundamente aquellas
expectativas que se habían hecho en el futuro mediato. Es
necesario, entonces, defenderse ahora, ganando lo máximo,
aprovechando de todo lo que se pueda, incluso actuando al filo
mismo de la legalidad.

De ahí su tendencia a manipular su entorno de tal manera que
pueda ser utilizado como una externalidad positiva, es decir,
el aprovechamiento de todos aquellos elementos que están fuera
del cálculo económico de la empresa pero que pueden ayudar a
incrementar su tasa de beneficio.

Los constructores ecuatorianos, por ejemplo, no se preocupan
jamás de la seguridad social de sus obreros, ni tampoco
incurren en gastos de riesgos industriales. Tampoco existe,
dentro de muchos sectores empresariales del Ecuador, la
preocupación por los bajos costos del salario, porque se asumen
costos indirectos en la producción agrícola que subsidian al
sector urbano y que contribuyen a incrementar su tasa de
beneficio. Muchas empresas en el Ecuador no se preocupan por
desarrollar estrategias de capacitación o de investigación
tecnológica, etc., etc. Asimismo utilizan la información de
manera estratégica y privilegiada.

Muchos gremios empresariales en virtud de sus relaciones con el
poder pueden utilizar información reservada sobre una medida de
política económica, o ejercer lobby para la aprobación de una
determinada ley en su beneficio exclusivo.

En este contexto, los agentes económicos siempre hicieron un
cálculo de sus beneficios con tasas de dos y hasta tres cifras.
Era su manera de defenderse de la devaluación, al tiempo que
era su contribución a los procesos inflacionarios. Se defendían
también de la recesión, de las incertidumbres del futuro, de
los altos costos de transacción, en fin, en su mentalidad no
había opción a pensar de manera modesta y prudente al momento
de establecer su tasa de beneficio.

Este esquema de formación de expectativas de los agentes
económicos en relación a sus ganancias futuras, tuvo su
correlato en el sector bancario y financiero que en el momento
en el que se liberalizó y desreguló (1994), pudieron utilizar
las tasas de interés como un mecanismo de especulación y
enriquecimiento desmesurado en el corto tiempo.

Así, la economía real (aquella economía que crea los bienes y
servicios que una sociedad necesita), fue sobrepasada y se hizo
altamente dependiente de la economía financiera. En el proceso,
fue la moneda nacional, (el sucre ecuatoriano), el mecanismo
utilizado para proteger las altas tasas de beneficio y sobre la
moneda nacional recayó el peso de la especulación financiera.

Fueron todos esos elementos los que a la larga contribuyeron a
que se adopte el esquema de un tipo de cambio fijo a partir de
la eliminación de la moneda nacional y su cambio por el dólar
americano (inicios del año 2000).

Sin embargo, los procesos microeconómicos siguieron siendo los
mismos que existían antes de que se adopte la dolarización
oficial de la economía. En efecto, los agentes económicos
simplemente trasladaron sus comportamientos económicos, que
tenían una lógica y una coherencia con la moneda nacional,
hacia la nueva moneda.

La adopción de la dolarización no cambió para nada la
estructura económica existente. La inseguridad institucional y
jurídica persisten, los costos de transacción se hicieron aún
más altos con la dolarización, la nueva moneda hizo más denso y
menos transparente la información que todo agente económico
necesita. En fin, la nueva moneda en vez de contribuir a
solucionar aspectos de la microeconomía más bien terminaron por
agravarlos.

Una primera consecuencia de la adopción de la dolarización es
la ruptura o si se quiere la separación del sistema de precios
con respecto a la estructura económica existente. El sistema de
precios empezó un proceso de autonomización y se hizo
dependiente en forma casi exclusiva de aquellas expectativas
que a futuro los agentes económicos se hacían sobre su entorno.

Empezaron, entonces, a suscitarse procesos incoherentes y hasta
absurdos, como el hecho de que ciertos precios de la canasta de
alimentos eran mucho más altos en Ecuador que en los mismos
Estados Unidos, cuya moneda se había adoptado ; o el hecho de un
encarecimiento global de todos los bienes y servicios que se
transan en los sectores urbanos y que no guarda ninguna
relación con la estructura salarial y de ingresos existente en
el país.

Pero eran precios que se habían incrementado no porque los
costos de producción hayan sido más altos sino por ese proceso
de autonomización del sistema de precios : los precios no
reflejan ya el valor de las cosas, se sitúan más bien por
encima o por fuera de la estructura y condiciones reales de la
producción y de la distribución existentes en el Ecuador.

Pero para que este proceso pueda consolidarse es necesario que
exista un sector de consumidores que lo soporte y lo sustente
al mediano plazo. Ese sector está conformado por ciertas clases
medias que fueron golpeadas por la crisis bancaria y financiera
de 1999-2000, y que ante la incertidumbre existente, prefieren
transferir sus activos monetarios hacia altos niveles de
consumo y de sobreendeudamiento al corto plazo.

Una segunda consecuencia de la dolarización radica en la
creación de algo que podríamos llamar como un "efecto
espejismo" en la percepción que se tiene sobre el entorno, y el
hecho de que sobre ese "efecto espejismo" se construyan
expectativas, programaciones y planeaciones a futuro, sin
pensar por un momento en que por su propia naturaleza ese
"efecto espejismo" pueda romperse.

Lo denomino "efecto espejismo" porque genera percepciones que
no se corresponden a la realidad, que la alteran profundamente
y que permiten la adopción de medidas no en función de la
realidad sino en aquella sensación que se tiene sobre la
realidad.

En efecto, la primera impresión a nivel microeconómico, es la
sensación de una recuperación económica y financiera general de
la economía. Esta sensación se ve sustentada por las cifras que
muestran evidentes indicadores de crecimiento económico al
corto plazo. Sobre esa sensación se articulan una serie de
medidas a nivel microeconómico, como son el incremento del
consumo, (que en virtud de que no existe una producción
nacional que compense esas necesidades inmediatas de consumo,
se tenga que sustentarlas vía importaciones eso no entra en el
cálculo microeconómico), el sobre endeudamiento para el
consumo, etc.

Es evidente que existen indicadores, entre ellos el PIB, que
muestran una recuperación con años anteriores, sobre todo
aquellos de la reciente crisis bancaria-financiera, pero
también es cierto que esos indicadores son una especie de
termómetro del momento, que es necesario un análisis más
detallado de la realidad económica y ese análisis detallado nos
presenta una situación bastante preocupante : una política
salarial que se ha rezagado con respecto al consumo, altas
tasas de interés, altos costos de intermediación financiera,
altas tasas de inflación, altos niveles de desempleo, alto
número de empresas en quiebra, altos índices de pobreza y
exclusión social, etc.

Sobre este panorama existe un preocupante déficit en la balanza
comercial, una dificultad en conseguir financiamiento
internacional para el desarrollo interno, dificultades que se
han visto agravadas por la decisión del FMI de no firmar la
carta de intención con el país, y otros fenómenos.

En fin, un análisis de lo que está pasando en la macroeconomía
hacen temer la vigencia de la dolarización no ya al largo plazo
sino al mediano plazo. Empero de ello, la moneda es tan fuerte
y otorga tantas certezas a nivel microeconómico (quizá la
fundamental sea que se ha eliminado el riesgo del tipo de
cambio), que los actores y agentes económicos no se detienen a
pensar en la consecuencias sociales de sus actos. En cada
transacción que realizan y a la que incorporan la lógica del
"ahora o nunca", conspiran en contra de la vigencia de un
esquema monetario que les ha dado tantas certezas y ganancias
en el corto plazo.

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