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10 avril 2008

Cuba

par Carlos Gabetta

 

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Y Fidel vuelve a sorprender.
Sobre todo a quienes llevan años vaticinando que ...

Angola y Mozambique ; en Etiopía y Mogadiscio se instalaban gobiernos nacionalistas y populistas apoyados por la URSS ; el movimiento antiapartheid se universalizaba, y en Sudáfrica, desde la cárcel donde acabó pasando 27 años de su vida hasta liberar a su raza y a su país muchos años después, Nelson Mandela iluminaba al planeta de militantes, combatientes y soñadores.

En Estados Unidos, en Francia, Alemania e Italia y un poco en todo el mundo capitalista desarrollado, millones de jóvenes pregonaban el amor y la solidaridad, el ya legendario peace and love. Intelectuales y artistas se plegaban en masa a la ilusión y a la lucha. Jane Fonda visitaba Hanoi en plena guerra y centenares de miles de personas desfilaban en Washington y California contra la ocupación de Vietnam. Explotaban la liberación femenina, el amor libre, mayo del ’68 y su utopía libertaria, la idea de que los derechos humanos son también -y quizá ante todo- económicos y sociales. Se expandía un laicismo firme, pero respetuoso de la fe. Juan XXIII convocaba al Concilio Vaticano II, que decretó la "opción por los pobres" de y la Iglesia Católica. En todos los países, millares de curas y monjas dejaban las parroquias para convivir y luchar no ya con pobres y desamparados, sino con explotados.

No esta de más agregar a esta enumeración, incompleta y algo acrónica, las revueltas contra la URSS que estallaron en Hungría y Checoslovaquia y las denuncias contra el gulag soviético, ya que estaban animadas por el mismo espíritu de libertad. Estos hechos generaron enormes divisiones en la izquierda y el progresismo en general, pero no disminuyeron el ímpetu del movimiento global. La URSS tenía todavía un enorme prestigio -ganado a pulso con sus conquistas sociales y su participación decisiva en la derrota del nazismo- y esos sucesos aparecían como menores o menos urgentes en comparación con los crímenes del capitalismo y la oportunidad para acabar con ellos que se presentaba en muchos sitios del planeta. Como decía un amigo de entonces, "hoy, el que no se ’mete’ en algo, o es tonto, o no tiene corazón".

A las armas

En América Latina, un subcontinente que conocía años de notable crecimiento económico y la desigualdad y humillación habituales, ese aire era respirado con fervor. Las democracias populistas se frustraban por sus propias limitaciones o, en última instancia por los golpes de Estado, los asesinatos, la represión masiva y la supresión de libertades y conquistas sociales. El golpe de 1954 en Guatemala, contra el coronel Jacobo Arbenz, puso un arma en las manos del hasta entonces caritativo médico Ernesto Guevara y en las de millares de jóvenes, estudiantes y obreros, incluso sacerdotes, que decidieron que ese era el único camino. La tradición de Sandino, Martí y, más atrás, las montoneras, San Martín, Bolívar, Toussaint Louverture y la resistencia indígena les ponía tierra firme bajo los pies.

La Izquierda y el progresismo se dividían ante esa opción, pero los golpes de Estado en casi todos los países, como el de 1966 en Argentina contra el democrático, pacifico et eficaz nacional-reformista Arturo Illia y, sobre todo, el de 1973 contra el gobierno de Salvador Allende, prácticamente zanjaron la polémica. Al menos hasta años más tarde, después de la derrotas de las guerrillas y la implosión de la URSS. Las críticas a esa opción -y hay muchas posibles, a distancia histórica- suelen omitir que salvo excepciones, las guerrillas estuvieron lejos de ser movimientos aislados del resto de las luchas sociales y políticas. En Argentina, por ejemplo, se suele desdeñar que las dos organizaciones armadas más importantes, Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo, nacieron después de levantamientos populares masivos y violentos, como el "cordobazo" y el "rosariazo", seguidos de otros muchos.

Y fue a lo largo de todo este período, desde los momentos de auge y esperanza hasta los de oscuridad y depresión posteriores a las derrotas militares y al final de la URSS, que la Revolución Cubana se mantuvo en pie, como un faro. Había sido la expresión real de los sueños antes ; era ahora la única referencia en un mar embravecido. En cuanto a lo primero, basta evocar la epopeya del Gramma : 82 visionarios en una cáscara de nuez atravesando el mar Caribe ; la emboscada y la masacre al desembarcar ; la reunión de 14 sobrevivientes cercados, heridos y casi sin armas y Fidel Castro que arenga a esa tropa de derrotados : "compañeros, estamos en Cuba : ¡la Revolución ha triunfado !".

Se pueden hacer muchas especulaciones sobre factores como la suerte y el azar en ese tipo de circunstancias. Subrayemos aquí el otro factor : la voluntad y el coraje, que en el caso cubano transformaron una exclamación lunática en verdad de la historia. En situaciones muchísimo menos dramáticas, incluso en el elemental combate de principios e ideas que es el sustento de la actividad política, la abrumadora mayoría de los políticos inclina la cabeza. En el caso cubano, la voluntad y el coraje fueron atributos de la conciencia y la razón políticas, vueltos a manifestarse después de la caída de la URSS, durante el llamado "periodo especial" ; Sólo que esa vez ya no fueron unos pocos los voluntariosos, sino una sociedad entera la que soportó el embate, guiada en esa guerra, como en las otras, por Fidel Castro y el Partido Comunista de Cuba (PCC). Los cubanos eran ya sanos, educados, orgullosos de sí mismos. Abandonados a su suerte, demostraron además que eran soberanos.

Ya tenían muchos conflictos con su Revolución y con su líder ; ya el proceso revolucionario exhibía las mismas grietas que habían acabado con la URSS (2) y ya tenía sus propios muertos en el armario y alguna vergüenza que ocultar. Pero al caer la URSS los cubanos se miraron a sí mismos antes de la Revolución ; miraron lo que pasaba en el mundo capitalista neoliberal ; recordaron todas las agresiones externas sufridas y decidieron seguir adelante.

Medio siglo de agresiones

El descontento del pueblo cubano respecto de una multitud de problemas y carencias es antiguo y actualmente alcanza peligrosas cotas de desapego porque el sistema, tal como está, sencillamente no da más de sí. Pero se suele olvidar que nunca se rebeló masivamente, a pesar de que muchos ciudadanos están armados. ¿Qué régimen latinoamericano, por represivo que fuese, hubiera pasado por los avatares de medio siglo de la Revolución cubana, sobre todo por el dramático "período especial", sin soportar revueltas masivas, una resistencia sistemática ? La respuesta está en el espejo de la Revolución : el final de las dictaduras militares latinoamericanas de derechas, a pesar de que, al contrario de Cuba, contaban con fuerte apoyo de muchos países democráticos y medios de comunicación internacionales, los mismos que se escandalizaban y escandalizan por la falta de libertades en la isla.

No hace falta recordar aquí en detalle el medio siglo de agresiones de parte de Estados Unidos ; la invasión, los asesinatos, los intentos de asesinato, el sabotaje, la asfixia económica. La cobardía de los países que aceptaron la exclusión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) y jamás cuestionaron a Estados Unidos por esos hechos, probados y comprobados en muchos casos. El seguidísimo europeo en este punto, que duró décadas.

Hay una tendencia a calificar de "patológica" la actitud de Estados Unidos con Cuba. En efecto, tiene excelente relaciones con Vietnam, que lo derrotó en una guerra, y con China ; por no hablar de todas las dictaduras, teocracias y democracias de fachada del planeta. El problema de Estados Unidos con el régimen cubano y con Fidel Castro en particular, es que nunca logró doblegarlos ; jamás obtuvo la mínima concesión de principios. Nunca logró que Fidel diese un paso en falso decisivo. Al contrario, el cubano siempre contraatacó ; siempre logró sorprenderlos. Que una isla liliputiense mantenga esa actitud a lo largo de medio siglo, resulta insoportable para cualquier imperio. Sobre todo si se encuentra a sólo 90 millas marinas de distancia.

También se discute si esta "política" estadounidense perjudicó al régimen comunista o, al contrario, le permitió cerrarse y consolidarse con la excusa de la agresión externa. No es necesario zanjar esa discusión ; es mejor dejársela a los historiadores. Pero no es cierto que Fidel Castro y el PCC jamás hayan considerado una apertura. Puedo dar testimonio de esto con un ejemplo. En 1990 cubrí para un semanario español las elecciones en Nicaragua convocadas por la Revolución Sandinista. Junto con un par de periodistas extranjeros simpatizantes de la Revolución Cubana y amigos de algunos de sus dirigentes, fui asediado por permanentes llamadas telefónicas y convocatorias de la embajada cubana en Managua. "Los cubanos" querían saber. Fidel Castro en persona seguía con la mayor atención la primera experiencia de una Revolución que se jugaba el tipo ante su sociedad en elecciones libres. El sandinísmo perdió entonces limpiamente. Pero no puede decirse que en buena ley. Los periodistas también fuimos testigos del aumento de la presión armada de la "contra" financiada por Estados Unidos ; de la ansiedad en miles de hogares, porque la guerra llevaba años y se había llevado muchas vidas jóvenes. La imposibilidad sandinista de ofrecer menos sacrificios y los millones de dólares venidos de quién sabe dónde y gastados por la oposición en promesas de paz -que ella sí podía cumplir, por supuesto- decretaron la derrota sandinista. Fidel archivó entonces el proyecto de apertura, haya sido cual fuese. Una mirada a la Nicaragua "democrática" de hoy basta para otorgarle toda la razón. Ha retrocedido un siglo.

Hora de cambios

Y Fidel vuelve a sorprender. Sobre todo a quienes llevan años vaticinando que moriría al frente de todos sus cargos, farfullando entubado en una sala de terapia intensiva, como Francisco Franco. El argumento ahora es que todo es ficción, que seguirá mandando desde las sombras. ¿Y qué se pretende, que semejante fuerza de la naturaleza, semejante líder, deje de participar y tener influencia ?

Fidel ha comenzado a perder poder, de eso no hay dudas, pero esto se debe sencillamente a que está muy enfermo, a que no tiene las mismas energías y, sobre todo, a que ha comprendido que la Revolución no puede eludir esta vez la necesidad de cambios profundos. Es la primera vez que otros están en mejores condiciones que las suyas para resolver las cosas. Y ha tenido la grandeza de dar un paso, si no atrás, al costado.

La Revolución Cubana se encuentra esta vez en el punto en que no hay excusas para posponer el cambio, porque éste es la primera y más urgente necesidad. Su alternativa es encontrar la vía -china, vietnamita ; cubana probablemente- que le permita superarse a sí misma, o enfrentar a término una fuerte oposición interna con enorme apoyo exterior. En este caso se presentaría la dramática opción entre reprimir arriesgando la guerra civil y la intervención extranjera, o entregarse de pies y manos, como la Rusia de Boris Yeltsin. Pero Cuba no es Rusia, y espeluzna imaginarla convertida en un campamento revolucionario abandonado y ocupado por los cubanos ricos de Miami.

No obstante, la propia historia de la Revolución Cubana autoriza la confianza. Los cubanos ya han comenzado a dar signos de que también esta vez estarán a la altura. En el balance, esa Revolución le ha dado al mundo mucho más de lo que el mundo tiene legítimo derecho a reclamarle.

En cuanto a Fidel, después de sacarnos el sombrero, entendamos que es un hombre ; simplemente un hombre puesto ante una de esas oportunidades que la Historia concede con cuentagotas. Sólo que ha devenido un Gran Hombre, un miembro del exiguo ramillete de los grandes del siglo XX, porque supo dar la talla durante 50 años.

Notas :

1. George Steiner, Errata, Siruela, Madrid, 1998.
2. Ver dossier "Hora de cambios en Cuba", Le Monde diplomatique edición Cono Sur, Buenos Aires, abril de 2007.

C.G.
© LMD ed. Cono Sur

Le Monde diplomatique El Dipló. Marzo 2008

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