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4 avril 2011

Brevisima Historia de la ONU
Texto Completo

par Jorge Gómez Barata

 

« Primera parte »

Cuarenta años atrás, cuando daba mis primeros pasos en la docencia, un colega polaco que había conocido la II Guerra Mundial antes de yo nacer, me prestó un libro titulado « El Camino de la Paz », con el cual intentaba probar la afirmación de que el primer Secretario General de la ONU, el noruego Trygve Lie, era un marxista. En sus memorias que de eso trataba el libro, Lie cuenta algunos entresijos del proceso de fundación de la ONU.

Entonces la discusión académica terminó en tablas porque si bien pude probar que el aludido no era marxista, sino socialdemócrata, mi amigo demostró una especie de conexión entre Lie y Stalin, incluso afirmó que el político noruego llegó a aquel cargo a propuesta del jerarca soviético, cosa que entonces no pude corroborar, aunque lo cierto es que, al tomar posesión, de su cargo como el primer Secretario General de la ONU, agradeció a Stalin el papel desempeñado por las tropas soviéticas en la liberación de su país.

Años después el austriaco Kurt Waldeheim, otro Secretario General, haría lo mismo porque, curiosamente, Austria y Noruega fueron países liberados y no ocupados por las tropas soviéticas. Entonces Harry Truman, y Clement Attlee, sustitutos de Roosevelt y Churchill, respectivamente no objetaron a Trygve Lie, entre otras cosas porque no era marxista.

Años después até cabos cuando en una biografía de Trotski me enteré que durante el exilio de este en Noruega, Lie que era ministro de justicia, al parecer, más por temor que por simpatías a Stalin, hostigó a Trotski que había sido privado de la ciudadanía y expulsado de la Unión Soviética, prohibiéndole residir en Oslo y enclaustrándolo en un aislado fiordo que hizo al perseguido añorar la no menos remota isla de Prinkipo a donde lo había confinado Kemal Atarturk.

La verdadera cronología de la fundación de la ONU comenzó en 1918 cuando el presidente norteamericano Woodrow Wilson, aconsejado por una de las eminencias de la diplomacia del siglo XX, Hans J. Morgenthau, expuso sus ideas acerca de la sociedad y la convivencia política mundial y la seguridad internacional en 14 Puntos, que luego sirvieron de base a los tratados de Versalles y a los estatutos de la Sociedad de Naciones.

La Sociedad de Naciones fue resultado de una necesidad histórica trágicamente revelada por la Primera Guerra Mundial, la primera librada con tecnología mecánica altamente letal (ametralladoras, granadas, tanques, submarinos, aviones, gases tóxicos) hecho que explica que hubiera en ella más de 20 millones de bajas, de ellos casi 9 millones de muertos y 8 millones entre desaparecidos y prisioneros.

Los propios protagonistas de la guerra quedaron espantados ante su capacidad para destruir y matar, favoreciendo la convicción de que por su bien (entonces no se pensaba en la supervivencia de la especie) las potencias debían impedir otra carnicería facilitando las cosas a Woodrow Wilson, que se fue a Europa donde con el británico Lloyd George, el francés George Clemenceau, el italiano Giorgio Sonnino y otros, redactaron el Tratado de Versalles y las bases para la Sociedad de Naciones que disfrutó de consenso en Europa, pero no en los Estados Unidos.

Lo verdaderamente trascendente de la administración de Woodrow Wilson fue que, como en 1898 lo había hecho el presidente William McKinley, contraviniendo el legado de George Washington, se fue a la guerra contra España por Cuba. Para la mentalidad norteamericana de entonces, la Primera Guerra Mundial no era suya y en la cual murieron casi 130 000 militares estadounidenses, cosa que dejó anonadado al país y motivó que el Senado, para castigar a Wilson, no aprobara el Tratado de Versalles y vetara el ingreso de Estados Unidos en la Sociedad de Naciones.

A diferencia de la creencia de que la Sociedad de Naciones fracasó por no haber podido impedir la Segunda Guerra Mundial, algunos historiadores sostienen que aquella conflagración mundial no se pudo evitar, entre otras cosas porque, además del error de excluir a Alemania (que había aceptado los 14 puntos de Wilson), Estados Unidos no formaba parte de la organización, a lo cual se sumó la expulsión de la Unión Soviética en 1939.

Tales factores, incluyendo las leyes de Neutralidad que maniataban a Roosevelt ; dejaron la confrontación política con el fascismo europeo en las vacilantes manos del primer ministro británico Neville Chamberlain y del francés Eduard Daladier, ponentes de la “política de apaciguamiento” a cuyo amparo Mussolini conquistó Etiopia y Hitler se anexó a Austria y Checoslovaquia.

Debo confesar que quedé literalmente abrumado cuando el colega polaco me prestó un ejemplar de la Revista de La Habana fundada y dirigida por don Cosme de la Torriente, de julio de 1945 y me indicó algunos párrafos del discurso del presidente norteamericano Harry Truman cuando, el 26 de junio de 1945, durante la clausura de la Conferencia de San Francisco donde se redactó y aprobó la Carta de la ONU, afirmó :

« Si hubiéramos tenido esta Carta hace unos cuantos años y la voluntad de usarla, —enfatizó el presidente— millones de los que ahora están muertos vivirían aun. Si flaqueamos en el futuro en nuestra voluntad de usarla, millones de los que ahora viven morirán… »

Seis días después, el 2 de julio, al comparecer ante el Senado de los Estado Unidos para pedir la aprobación del documento ; temiendo que le ocurriera lo que a Wilson, Harry Truman fue categórico : “Estoy ante vosotros para pediros la ratificación de la Carta…El Senado no tiene que escoger entre esta Carta y otra cosa, sino entre la Carta y ninguna otra…”

Antes de este dramático momento, la fundación de la ONU paso por otros momentos que luego les cuento. Allá nos vemos.

« Segunda parte »

Tras el fracaso ante el Senado que desaprobó el ingreso de Estados Unidos en la Sociedad de Naciones y vetó el Tratado de Versalles, solía afirmarse que el presidente Woodrow Wilson había ganado la guerra y perdido la paz. Tal vez tengan razón quienes creen que el haber marginado a la principal potencia mundial de eventos como la invasión de Etiopía, el Pacto de Munich (1938), la anexión de Austria (Anschluss) de una parte y las invasiones a Finlandia y Polonia por la Unión Soviética de la otra, aventaron la guerra.

Debido al desarrollo de la técnica y el armamento, a la táctica nazi, la abrumadora superioridad económica y militar de Alemania ; así como la entraña criminal del fascismo, la II Guerra Mundial comenzó de modo avasallador y relampagueante ; ningún país europeo ni todos juntos podían equilibrar el poder económico y militar de Alemania que añadía a la fuerza militar el fanatismo, la xenofobia, el racismo y otros componentes ideológicos desconocidos desde la época de las Cruzadas.

Ante la opulencia de la invasión nazi que, como un efecto dominó barrió las democracias y monarquías europeas hasta ser contenida por la Unión Soviética cuyo poderío, determinación y vasta retaguardia convirtieron la agresión en Guerra Patria que sirvió de escudo para contener el desborde nazi, hasta que llegara la demorada reacción de Estados Unidos.

Empujadas por una fuerza temible que atacaba a la vez al liberalismo y al comunismo, la democracia y la fe cristiana ; Europa, Estados Unidos y la Unión Soviética y con ellos la humanidad, parecieron madurar y comprender que la fuerza y la guerra no eran el camino, ni la paz podía ser concebida como un tregua entre una y otra matanza. Nació así la coalición antifascista, verdadera base de un ideal de convivencia y seguridad internacional y comenzaron los trabajos para la creación de la ONU.

Asumidos como validos los 14 Puntos de Wilson y la Sociedad de Naciones, la cronología para la creación de la ONU suele comenzar con la Declaración del Palacio de St. James (San Jaime) derivada de una conferencia celebrada en Londres, en fecha tan temprana como junio de 1941, en la cual los gobiernos en el exilio de nueve países : Bélgica, Checoslovaquia, Grecia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Polonia, Yugoslavia y Francia (De Gaulle) que junto a representantes de : Gran Bretaña, Canadá, Australia, Nueva Zelandia y Sudáfrica, bajo los bombardeos nazis a la capital británica, aun cuando la victoria no sólo estaba lejano sino que no era aun una certeza, emitieron una declaración en la cual, con infinita fe en la victoria subrayaron :

« La única base cierta de una paz duradera radica en la cooperación voluntaria de todos los pueblos libres que, en un mundo sin la amenaza de la agresión, puedan disfrutar de seguridad económica y social [...] Nos proponemos trabajar, juntos y con los demás pueblos libres, en la guerra y en la paz, para lograr este fin »

Dos meses después, el 14 de agosto de 1941, el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt y el Primer Ministro británico Winston Churchill, a bordo de un buque de guerra, frente a las costas de Terranova, suscribieron la Carta del Atlántico, que luego sería conocida como « Declaración de la Naciones Unidas » y suscrita por 26 Estados que formaron el núcleo de la coalición antifascista liderada por Estados Unidos, la Unión Soviética y Gran Bretaña. Nunca se elogiará suficientemente aquel documento que sirvió de base a otro de excepcional significado histórico : la « Carta de la ONU ».

En 1943, trabajando ya en firme en las ideas básicas para dar forma orgánica a un sistema de seguridad colectiva, hubo una serie de conferencias y trabajos conjuntos en varias ciudades donde expertos estadounidenses, soviéticos, británicos, latinoamericanos, chinos y canadienses se reunían para intercambiar ideas que los líderes de entonces perfilaban mediante una abundante correspondencia. El más importante de aquellos encuentros fue el efectuado en Moscú en 1943 que precedió a la Cumbre de Teherán.

Desafiando condiciones de precaria seguridad, en octubre de 1943, Roosevelt, Stalin y Churchill y sus respectivos asesores políticos y militares se desplazaron hasta Teherán (entonces un nido de espías y saboteadores nazis) para personalmente, revisar los trabajos en marcha y adoptar acuerdos políticos que permitieran a los expertos continuar su labor.

La más deliciosa anécdota de aquel encuentro es que la seguridad de Stalin logró convencer al Servicio Secreto que la vida de Roosevelt corría peligro y que el único lugar seguro para el presidente estadounidense era la embajada soviética, donde por fin se alojó ; otras versiones creen que lo hizo para evitar desayunar todos los días con Churchill.

El caso fue que entonces hubo valentía, altura y limpieza política para deponer objeciones circunstanciales, entre ellas los prejuicios ideológicos que estorban a las concertaciones políticas en lugar de favorecerlas, para asumir las tareas históricas del momento.

En cualquier caso la Cumbre de los Tres Grandes en Teherán dio luz verde a dos momentos estelares : los trabajos para abrir el Segundo Frente en Europa y la Conferencia de Dumbarton Oaks, Washington donde, representantes de 45 países, una Torre de Babel, integrada por casi todas las naciones libres de entonces, que no estaban comprometidas con el fascismo, redactaron la Carta de la ONU.

Luego les cuento esa magnífica anécdota que fue un debate tremendo. Allá nos vemos.

Tercera parte

Una vez que en Teherán (Nov.-Dic. de 1943) se hizo firme la decisión de crear un sistema mundial de seguridad colectiva con base en una organización internacional, Estados Unidos, Unión Soviética y Gran Bretaña a las que se sumó China, pusieron manos a la obra. El ambiente de unidad y colaboración, unido a la convicción generalizada de que era preciso evitar las grandes matanzas, la ruina y los enormes costos que la guerra moderna implicaba, crearon una coyuntura propicia.

El aporte político más sustantivo para tal clima lo realizó Roosevelt que, en la Carta del Atlántico suscrita con Churchill « en algún lugar de alta mar » el 14 de agosto de 1941 (luego se supo que fue frente a Terranova a bordo del crucero USS Augusta) y en la cual, ambos estadistas coincidieron en los principios que deberían de regir las relaciones internacionales una vez alcanzada la victoria, según la letra del documentos resumidos en :

- Cero conquistas territoriales por medio de la guerra,

- Derecho de todos los pueblos a escoger su forma de gobierno y restablecer la soberanía de aquellos que la habían perdido,

- Acceso de todos los estados, (incluyendo los vencidos) al comercio y las materias primas mundiales,

- Colaboración económica para el progreso y la protección social,

- Fin del nazismo y lucha contra la pobreza

- Libertad de los mares,

- Renuncia al uso de la fuerza

- Desarme y freno a la carrera de armamentos.

Tales preceptos no sólo eran lo máximo a que entonces se podía aspirar, sino que, aunque no contenían un pronunciamiento expreso respecto al colonialismo, era un compromiso que tomaba distancia de los enfoques imperialistas y anticomunistas y en virtud del cual, a diferencia de lo ocurrido con la anterior conflagración mundial, la guerra dejaba de ser un negocio o un camino para nuevos repartos territoriales.

Semejante perfil, unido a la presencia de estadistas como Roosevelt, Churchill y Stalin, profundamente involucrados en la guerra y extraordinariamente poderosos, allanaron el camino para que las que entonces llamadas « potencias patrocinadoras », iniciaran los trabajos que naturalmente no podían ser en Europa.

Lejos del ruido de las armas, en una bella y bien conservada mansión, decimonónica, en medio de los hermosos jardines de una bucólica barriada de Washington, entre el 21 de agosto y el 7 de octubre de 1944, sesionó la Conferencia de Dumbarton Oaks, que no fue precisamente una balsa de aceite.

El núcleo del evento estaba formado por los representantes de Estados Unidos, Edward Stettinius, Andrei Gromiko por la Unión Soviética y por China (entonces nacionalista) H.H Kung. En la apertura usó de la palabra Cordell Hull, Secretario de Estado de los Estados Unidos (1933-1944) que por su papel en la creación de la ONU obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1945.

Las bases de los trabajos fueron : los Estatutos de la Sociedad de Naciones, los 14 Puntos de Wilson, la Carta del Atlántico, lo acordado en la Conferencia de El Cairo, dos días antes de la de Teherán entre Roosevelt, Churchill y Chiang Kai-shek ; los acuerdos adoptados en la capital persa y naturalmente las opiniones expresadas por líderes mundiales, diplomáticos, juristas y otros expertos convocados.

Si bien existían coincidencias de principios, hubo discrepancias que aludían no sólo a matices o a cuestiones de procedimiento sino a asuntos de fondo, entre otros : el nombre de la organización, la exclusión de los vencidos, las atribuciones de los órganos, en especial de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, la elección del Secretario General, las entidades regionales y otros. No obstante, las manzanas de la discordia fueron : el veto y el uso de la fuerza.

Naturalmente, las potencias « vencedoras » cosa que efectivamente eran (aunque se trata de una condición jurídicamente circunscripta a la contienda), apostaban por crear un marco jurídico que, a la vez permitiera el uso de la fuerza contra los países que hicieran peligrar la paz, las preservara a ellas mismas de que semejante recurso pudiera ser utilizado en su contra.

Las preguntas del momento fueron : ¿Cómo acordar el uso de la fuerza cuando hubiera una potencia involucrada ? y ¿Cómo proceder cuando la paz fuera perturbada por una de los países con derecho a veto ? Con razón muchos estados, especialmente los latinoamericanos sospechaban que el veto generaría impunidad. Pronto la vida les dio la razón.

Además del significado práctico del veto, los juristas presentes lo objetaron porque doctrinariamente plantea una contradicción con el principio de « igualdad soberana de los estados » y una anomalía según la cual, un solo Estado podía paralizar a toda la organización ; incluso hubo lucidez para tratar de legislar para limitar el espacio para alianzas y componendas, estableciendo que en el Consejo de Seguridad no se permitiera la ausencia ni la abstención y, naturalmente se privara al país involucrado del derecho a votar a favor de sí mismo.

Aquellas preocupaciones se revelaron ciertas y explican por qué Inglaterra se abstuvo en la votación por la partición de Palestina (1948) pero no por qué la condena a Corea del Norte (1950) se votó sin la presencia de la URSS, por qué se permitió a Gran Bretaña y Francia vetar la Resolución propuesta por Estados Unidos cuando ellas fueron agresoras contra Egipto en 1956 y menos aun por qué, mediante el veto, la Unión Soviética paralizó a la ONU cuando se trató de considerar su intervención en Hungría ; asuntos que trataré más adelante.

Las potencias que aspiraban a consagrar jurídicamente la condición de policías del mundo no estaban dispuestas a renunciar a sus prerrogativas pero, debido al carácter democrático de la cita, tampoco podían imponerla. Ante la falta de acuerdo se acudió al veredicto de los Tres Grandes que acordaron volver a reunirse en Yalta. Fue como poner la Iglesia en manos de Lutero.

Cuarta parte

Cuentan que en Yalta tuvo lugar el siguiente diálogo :

- Roosevelt : La Carta de la ONU debe ser lo suficientemente perfecta como para impedir que alguna potencia pueda dominar al mundo.

- Stalin : Excepto Alemania, no conozco a ninguna otra potencia que quiera ella sola dominar al mundo ; es mejor cuidarse de los pequeños.

- Churchill : « Uncle Joe » tiene razón : unidos son peligrosos.

Entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, mientras las tropas soviéticas marchaban sobre Berlín ; las huestes de Eisenhower avanzaban desde Normandía y en el océano Pacifico, MacArthur ponía a Japón contra las cuerdas, los líderes del momento volvieron a reunirse, esta vez en territorio soviético. Sólo uno de ellos sabía que en Nuevo México Robert Oppenheimer preparaba la prueba de la bomba atómica. Era febrero de 1945, en Yalta, los Tres Grandes efectuaban un convite de ganadores.

Stalin llegó a Crimea desde Moscú en tren ; mientras Roosevelt que por primera vez viajó en avión, con escala en La Valeta, Chipre, lo hizo en un C-54 Skymaster, el primer Air Force One, « La Vaca Sagrada ». Churchill aceptó los argumentos de que, debido a la presencia alemana en Creta, el viaje en avión era más seguro. Ambos líderes fueron acompañados por unos 700 expertos que viajaron en otros 20 aparatos idénticos. Cuentan que Stalin bromeó : ¿Por qué mejor no me reúno con los asesores ?

Los invitados fueron recibidos por Viacheslav Molotov, Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores, (el mismo que en 1939 negoció el pacto Stalin-Ribbentrop). En el aeropuerto estaban también : Edward Stettinius, Secretario de Estado de Estados Unidos, y Averell Harriman, embajador norteamericano en Moscú. Exultante como anfitrión, Stalin, dispuso de tres palacios : Livadia para Roosevelt, Vorontsov para Churchill reservando para sí el más modesto de Yusúpov.

Debido al saqueo nazi hubo que allegar muebles desde otras ciudades para habilitar las instalaciones palaciegas, a Roosevelt le correspondió el menaje de casa extraído del hotel Metropol de Moscú. Una vez alojados, el líder soviético pasó a saludar ; primero a Churchill y luego a Roosevelt.

Debido al inminente fin de la guerra, era el momento para adoptar las decisiones principales. En total se efectuaron 3 reuniones plenarias en las cuales participaron 28 personas : 10 soviéticos, igual número de norteamericanos y ocho británicos. A la derecha de Stalin estaba Molotov, con Churchill se encontraba Eden y con Roosevelt Stettinius y Marshall. Durante la cena (se sirvió caviar blanco y pollo frito al estilo de Luisiana), Roosevelt bromeó comunicándole a Stalin que a sus espaladas Churchill lo llamaba el «  Uncle Joe » (tío Joe). Molotov aclaró que desde hacía dos años la KGB estaba enterada del chiste.

Como era habitual en estas citas, los Tres Grandes tomaban decisiones políticas y militares y sobre asuntos mundiales, sin encomendarse a ninguna otra instancia ni consultar a ningún organismo ; si alguna vez hubo un liderazgo mundial y el mundo fue gobernado como un campamento, fue entonces y por aquella triada. En conjunto, entre otras cosas decidieron :

Declarar liberados a todos los países de Europa (excepto Alemania), efectuar elecciones y constituir gobiernos. Desarmar, desmilitarizar y dividir a Alemania en cuatro zonas ; así como establecer las indemnizaciones que debería pagar Alemania. Restablecer la soberanía de Polonia y contribuir a la unión de Yugoslavia. La Unión Soviética se comprometió a declarar la guerra a Japón tres meses después de la rendición alemana y se pospusieron los detalles sobre temas relacionados con ajustes fronterizos y el castigo a los crímenes de guerra.

Los líderes de las tres potencias vencedoras fueron informados de las conclusiones de los trabajos en Dumbarton Oaks para la creación de lo que sería la organización de Naciones Unidas y de los obstáculos que se presentaban ante el desacuerdo de varios países, especialmente latinoamericanos liderados por Cuba, Colombia y Australia que consideraban excesivas las atribuciones del Consejo de Seguridad para usar la fuerza y objetaban el veto en poder de los miembros permanentes.

Stalin propuso que todas las repúblicas de la Unión Soviética ingresaran como « estados miembros » ; a lo que Roosevelt ripostó sugiriendo lo mismo para cada estado de la Unión Americana y, en broma, Churchill sugirió idéntico trato para Escocia y Gales. Finalmente se aceptó el ingreso de Ucrania y Bielorrusia.

En lo relativo al Consejo de Seguridad y al veto, Roosevelt, Stalin y Churchill no cedieron ni « tantito así ». Mantuvieron la propuesta de Dumbarton Oaks y desde allí convocaron a la Conferencia de San Francisco. Las invitaciones fueron cursadas el 5 de marzo de 1945 y su texto incluía las « sugerencias » sobre el Consejo de Seguridad y la forma para adoptar las decisiones y que, dicho sea de paso no mencionaba la palabra « veto » :

« …Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre todas las demás cuestiones serán tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros, incluso los votos afirmativos de todos los miembros permanentes… »

Concluida la cita se emitió un comunicado en el cual se daba cuenta de que : « Hemos resuelto el establecimiento de una organización internacional para mantener la paz y la seguridad…Los fundamentos se pusieron en Dumbarton Oaks, sin embargo no se ha llegado allí a un acuerdo en la cuestión del procedimiento de votación. La presente Conferencia ha podido resolver esa dificultad… »

A su vez el presidente Roosevelt al comparecer ante el Congreso el primero de marzo declaró : « …Las decisiones finales van a ser tomadas conjuntamente y, por lo tanto, serán a menudo el resultado de un compromiso…Pero estoy seguro que bajo los acuerdos alcanzados en Yalta habrá una Europa más estable políticamente que en cualquier tiempo pasado… »

La suerte estaba echada, excepto que entonces sólo ellos lo sabían. La criatura por nacer sería un organismo teratogénico (que genera malformaciones). La ONU crecería pero crecería deforme. Libia no es la única víctima del veto, tampoco la última, apenas la más reciente. Luego les cuento. Allá nos vemos.

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Argenpress. Buenos Aires,

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